Nombre: El topo
Categorías: Política, Guerra, Basado en una novela, Histórica, Crimen, De época
Director: Tomas Alfredson
País: Reino Unido
Año: 2011

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Samuel Castro * * * ½

El topo (2011)

La guerra fría, puertas adentro

Una mosca se ha colado en el carro. El conductor y el copiloto, alterados por el vuelo impetuoso del insecto, intentan matarla a manotazos, infructuosamente. El pasajero de atrás, sin despeinarse, moviendo apenas las manos, abre la ventanilla sólo lo justo para que la mosca escape.

El hombre de los gestos mínimos es George Smiley, personaje icónico de las novelas de espías de John Le Carré y la antítesis de James Bond, el otro gran nombre que se nos viene a la memoria cuando pensamos en espías al servicio de su majestad. Si Bond utiliza artilugios fantásticos en aventuras llenas de explosiones y fugas, Smiley se sienta a mirar las paredes de su casa, y deducir de aquello que ha visto y escuchado, la verdad. Si James Bond es un promiscuo agente secreto, que en cada misión conquista una o dos mujeres, el único lugar donde Smiley se siente inseguro, es en su propia casa, ante las infidelidades de su mujer. Por eso para los aficionados al cine de espías tipo James Bond, o peor aún, tipo Jason Bourne, El topo es más una tortura que un entretenimiento: ¿dónde están los saltos mortales entre edificios, dónde las peleas cuerpo a cuerpo y las colegas atractivas, dónde el glamour?

No encontraremos nada de esto en la Londres café y gris de comienzos de los setenta que se presenta como el principal escenario de esta historia. Para ver El topo se necesita disposición y paciencia, pues es en los detalles de ambientación, en los sutiles movimientos de cámara que permiten desplazarnos por corredores mal iluminados y puertas entreabiertas, en la delicada banda sonora de Alberto Iglesias y en las tremendas interpretaciones de un reparto que reúne a algunos de los mejores actores británicos en ejercicio (John Hurt, Colin Firth, Mark Strong, sólo para mencionar algunos), donde se encuentra la belleza de esta cinta, el primer trabajo en inglés del director sueco Tomas Alfredson, aquel que hace un par de años asombró al mundo entero con esa joya de las películas de vampiros llamada Déjame entrar.

Esta vez, con la misma mano maestra, aunque con un guion menos brillante, Alfredson se dedica a mostrarnos lo que ocurre en el cerebro de Smiley cuando el ministerio de defensa inglés le encarga descubrir al topo, un agente doble infiltrado por los rusos en la cúpula del Servicio Secreto. El proceso implicará, por supuesto, tensión y suspenso, pero de una clase mucho más cerebral que física. Sin embargo, ya quisieran las películas de acción escandalosa, tener a un protagonista como Gary Oldman, quien se muestra en El topo como un intérprete brillante, en pleno uso de sus facultades. Observar su recreación de Smiley es asombrarse ante la inteligencia y la astucia que consigue transmitir sin levantar la voz, con apenas un ajuste de sus gafas o un mínimo cambio en su rostro.

Ver El topo es entender que ciertas películas, como las venganzas, se pueden disfrutar por su frialdad. Y que en un mundo podrido y ruin como el de los espías, siempre se necesitará de alguien que se encargue de las moscas.

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