Nombre: El apartamento
Categorías: Comedia
Director: Billy Wilder
Año: 1960

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Alejandro Martin Maldonado * * * *

El apartamento (1960)

Apartamento de soltero

El viernes antepasado vinieron por primera vez a mi apartamento Verónica y Catalina. La primera no había venido nunca y yo estaba feliz de mostrarle mi nueva casa. La segunda ya vino una vez que intentamos comenzar un "taller" de pintura, pero que sólo tuvo sesión inaugural (esperemos que con el espíritu de este nuevo año el plan no sea dejado en el cajón de los proyectos olvidados). El caso es que el "apartamento de soltero" era el tema de conversación. Menos mal el día anterior había pasado Luz por aquí y lo había dejado impecable, así que yo podía pasar por muy buen amo de casa. Además entre los cometidos de nuevo año estaba darle vida al apartamento, ya he pintado un par de paredes, puesto un par de nuevos afiches y armado un poco las "instalaciones" que están en "obra".

Yo y mi apartamento. Viviendo a pocos metros del apartamento de mis papás y yendo a lavar allá la ropa no doy muestra de mayor independencia y puedo ser motivo de burlas. Yo mismo me río de mi. Y cuando lo logro, es lo mejor. Por lo pronto, no ha servido el "apartamento de soltero" para lo que los clichés suelen designarlo. Ha sido más bien un lugar de reflexión solitaria, incluso a ratos de aburrimiento. Pero he ido aprendiendo a cogerle el gusto y mucho cariño. Y, poco a poco, voy haciéndome a él. Sin duda la compra del aparato de dvd me ha mejorado mucho la vida. El viernes justamente vinimos a ver una película: El apartamento.

Nueva York, el Central Park, un gran edificio de oficinas. El protagonista, como si fuera de una novela de Kafka, perdido en el mar de escritorios, encargado de seguir miles de estadísticas*. Pero hay algo que hace que entre ese montón de puntos indistinguibles nuestro sujeto sea notado y haya merecido ser protagonista de esta película. Tiene un apartamento ubicado en un lugar inmejorable, lástima que no pueda pagarlo. Por eso, se ha visto obligado a prestárselo a sus jefes para que lleven a sus aventuras antes de volver a casa. Pero la cosa se le está saliendo de las manos.

Él, solitario, enamorado, taciturno; ellos, snobs, mujeriegos, ruidosos. Lo tienen contra la pared, son sus jefes, pueden aplastarlo como una mosca, pueden ascenderlo hasta el cielo de la oficina.

El tema de las estadísticas. ¿Qué es cada uno hoy? Unas moscas, unas hormigas, unos puntos, nadie. Cada uno ni quita ni pone nada. [¿No les recuerda esto del argumento de Orson Welles arriba del Prater en El tercer hombre?] Sin embargo la masa se hace sumándolos a todos.

Y cada uno no puede dejar de sentirse tan importante. No en vano debe ocuparse de ese cuerpo, de ese enjambre de pensamientos que no lo abandonan. Pero, ¿qué quiere decir ser alguien? ¿Porqué sentimos esa obligación? y ésta, ¿qué implica?

Tenemos en El apartamento una de las más hermosas comedias románticas, una que en alguna manera define el género. Ella, la protagonista, que como todas las mujeres, siempre se tiene que enamorar del hombre equivocado. Él, que como todos los hombres, se enamora de aquella que no puede quererlo (¿será porque se trata del hombre correcto?).

Es una película de aprendizaje, de  la búsqueda de aquello que puede llegar a realizarnos como alguien. Y esto es un problema que en la metafísica de las comedias románticas se resuelve de una manera paradójica muy particular: la soledad implica la imperiosa necesidad de la mujer amada, pero la mujer amada sólo será conquistada en la medida que pueda ser superada esa necesidad.

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