Nombre: Incendies
Categorías: Drama, Política, Guerra, Histórica, Crimen, Horror, De época, Basada en una obra de teatro, Thriller
Director: Denis Villeneuve
País: Canada
Año: 2010

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Samuel Castro * * * ½

Incendies (2010)

Puro teatro

Los horrores de la guerra deberían aterrarnos, asquearnos, conmovernos siempre. Pero uno de los principales problemas de las imágenes es que su constante repetición, anestesia. Vemos en los informativos televisivos las noticias terribles sobre tomas guerrilleras, conflictos en Afganistán y batallas tribales en África como quien oye llover. Tanta sangre vista nos ha endurecido el alma, hasta el punto de que olvidamos los dramas humanos que cada una de esas informaciones representa.

La gran cualidad de Incendies (que para los espectadores sensibles podría ser, también, paradójicamente, su principal defecto) es que Denis Villeneuve, su director y el encargado de adaptar a la pantalla grande la obra de teatro de Wajdi Mouawad en la que está basada la película, no ahorra ningún esfuerzo para que sintamos el horror. Si lo que se requiere es que veamos morir a un niño en la calle, bajo las balas de un francotirador paranoico, nos lo va a mostrar. Si piensa que un bus incendiado con algunos pasajeros dentro le va a servir para que nos removamos en las sillas y recordemos lo que significó la guerra civil en el Líbano, lo va a hacer sin que le tiemble la mano.

La historia comienza con un enigma de thriller. Dos hermanos mellizos asisten a la oficina en la que su madre trabajó los últimos 20 años en Canadá, luego de huir del conflicto libanés (aunque nunca nos mencionen al país, lo que refuerza la sensación de que estamos ante una narración que pretende ser más simbólica que realista) hasta justo antes de morir. El antiguo patrón de Nawal, su madre, les entrega dos cartas que ella les ha dejado como última voluntad. En una, le confiesa a su hija Jeanne que el padre que ellos pensaban muerto hace años, está vivo y ella debe encontrarlo. En la otra, dirigida a Simon, les revela que tienen un hermano del que no tenían noticia, y les pide que lo busquen para entregarle esa otra carta. A partir de ese momento, acompañaremos a Jeanne en su búsqueda, que la excelente edición de la cinta intercala con las tomas que nos cuentan el pasado de Nawal, en el que fue tanto víctima como victimaria.

El drama se desarrollará paso a paso, con un ritmo por momentos cansino, que nos obliga a no dejar escapar ningún detalle. Descubriremos, por desgracia, qué cosa hizo que Nawal nunca volviera a cantar. Recordaremos que la guerra entre hermanos hace que el drama de Romeo y Julieta se repita una y otra vez en cualquier parte del mundo. Vislumbraremos todo lo que va a costar acabar con las venganzas pendientes en nuestro propio conflicto. Y al final, aterrados ante el secreto que encierra su guion, comprenderemos por qué esta cinta fue nominada en la categoría de mejor film extranjero en los Oscar de 2011. Puede que no quede mucho de los monólogos que componían la obra de teatro original, pero el poder simbólico de toda buena obra de teatro permanece intacto: los hijos de la violencia, a pesar de nuestra indiferencia, tarde o temprano deberemos enfrentarla si queremos acabar con ella.

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