Nombre: Oslo, 31 de agosto
Categorías: Drama, Basado en hechos reales, Basado en una novela, Remake
Director: Joachim Trier
País: Noruega
Año: 2011

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Andrés Solórzano * * * *

Oslo, 31 de agosto (2011)

El caso no es único: la novela y su respectiva adaptación al cine son inmejorables. Ahora, que una segunda adaptación cinematográfica sea también inmejorable, además de inusual, es una proeza. No hizo falta reiterar el tema central o ciertos temas laterales o apenas actualizarlos situando al personaje en una época reciente o en otro planeta como es frecuente con Quijotes, Jesucristos y demás. Oslo, 31 de agosto, de Joachim Trier, condensa un libro de por sí ya bastante corto y posee el espíritu y la lucidez de la película.

Pierre Drieu la Rochelle publica Le feu follet en 1931; Drieu novela los últimos días de su amigo Jacques Rigaut, un poeta y heroinómano en desintoxicación que decide suicidarse, pero le toma un buen tiempo llevarlo a cabo entre visitas de cortesía y lecturas. Rigaut dejó unos versos y parece que dormía con un revólver debajo de la almohada. A grandes rasgos esa es la historia de Le feu follet, cinta realizada por Louis Malle en 1963; una verdadera película de cinemateca con un Maurice Ronet que también parecía inalcanzable. Cuando la vi en la Cinemateca de Bogotá la pasaban como Fuego fatuo.

Desde luego que las similitudes abundan. Al igual que las diferencias. No es sólo la historia de un tipo caído en desgracia, envejeciendo, buscando la oportunidad o el valor para suicidarse. Pero ahí están esos viajes en taxi por París y Oslo, el vergonzoso buen ejemplo de un amigo que recompuso su vida y no parece del todo feliz, las sutiles mentiras de ambos personajes, las deudas y mujeres de otro tiempo y otras latitudes, pianos y fotografías, el café atiborrado de gente y el murmullo de mesas, también el deseo irrefrenable de probar una copa que alguien ha dejado por la mitad y el desconsuelo de haber arruinado todo. Incluso la ilusión está presente. Pero en aquel momento con visos de apoteosis, más vulnerables y desamparados que nunca, incapaces de hacer parte de algo, ambos renuncian o declinan y parece que le tomaran un gran cariño a la vida.

En el libro se encuentran reflexiones del estilo: «La droga había cambiado el color de su vida, y cuando parecía ida, el color persistía» o «Había sido tocado por la muerte, la droga era la muerte, él no podía volver de la muerte a la vida». Pues Louis Malle transforma esto en voces o simples gestos mientras Alain observa y se repugna. En lo nuevo apenas hay silencio. También recuerdos de Oslo, calles soleadas y bicicletas. Es el último día del verano. Ese día desocupan las piscinas. Anders lo sabe. Y cuando mira su dosis de heroína está mirando el revólver de Alain. O de Rigaut. Drieu, en cambio, se suicidó con barbitúricos y gas de cocina. En una nota le pide a su empleada que por favor esta vez no lo despierte. 

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