Nombre: Five Broken Cameras
Categorías: Documental, Guerra
Director: Emad Burnat
País: Palestina
Año: 2011

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Andrés Solórzano * * * *

Five Broken Cameras (2011)

A Emad Burnat le fueron necesarias cinco cámaras, sin contar varias reparaciones caseras, para filmar su documental. Pero esto él no lo sabía. Palestino, desempleado, padre de cuatro hijos, Burnat adquiere su primera cámara al nacer su hijo Gibreel en 2005. Como suele ocurrir en los pueblos, en poco tiempo pasó de grabar números de malabaristas a convertirse en un atento cronista del más reciente enfrentamiento entre israelíes y palestinos: la apresurada urbanización hebrea en territorios sin fronteras ni estatus definidos por el momento. O para decirlo en otras palabras, palabras mucho más claras, de territorios ocupados por Israel desde 1967 según Naciones Unidas. 

Y lo que registra Emad Burnat no es otra cosa que la intimidad de su familia, la cotidianidad del poblado de Bil’in en Cisjordania. Por ejemplo captura las primeras palabras de su hijo pequeño (que son «casquillos» y «corramos que ahí vienen»). Sus amigos se transforman rápidamente en personajes de los cuales se espera gritos de alegría o cólera. Ríen el día soleado en que fueron pavimentadas unas calles empinadas, mientras los arrestan con sus banderas en alto. O lloran en el entierro de un niño muerto durante una protesta, incluso de regreso del presidio.

Podría decirse que en Bil’in nacen las marchas pacificas, marchas que en algunas ocasiones dejan muertos por bala y heridos y pedreas monumentales bañadas con gases lacrimógenos. Muy cerca del pueblo serpentea un alambrado de guerra, el triste predecesor del actual muro de Israel. Y sus habitantes protestan cada viernes.

Por cierto, las Fuerzas de Defensa de Israel, ese es su nombre oficial, han desarrollado un curioso dispositivo que dispara una cantidad considerable de granadas lacrimógenas en pocos segundos, a la manera de un tambor gigante que gira en la dirección deseada; el espectáculo es digno de ser observado porque los proyectiles dejan estelas blancas y el cielo por lo general es azul.

Para el Estado israelí dicho muro es una medida de protección. Para los habitantes de Bil’in es un atropello ceder sus tierras; además de verse obligados a negociar para que les franqueen el paso en busca de olivas. Emad Burnat no es un héroe. Tan sólo supo que detrás de la cámara estaba protegido y de alguna manera creía proteger a los suyos. Y durante más de cuatro años lo hace sin otro motivo. Pero en realidad estaba actuando contra la violencia. Luego surge la necesidad de testimoniar. Sin retórica ni militantismo. Habla entonces de su proyecto con el director israelí Guy Davidi. Al principio éste se muestra escéptico, puesto que lo mediático y político le ha quitado relevancia al aspecto social del conflicto, pero reconsidera su posición al visionar las primeras imágenes.

Es importante señalar que Emad Burnat fue atendido en un hospital de Tel-Aviv después de sufrir un accidente mientras conducía un tractor en las colinas fracturadas de Bil’in. Y no es una metáfora más; cada tanto levantan un nuevo asentamiento, corren las verjas y restringen el transito, trazan carreteras nuevas, remueven la tierra con buldózeres, incendian los olivares. Es que la cosa es más complicada de lo que parece. Si Emad Burnat hubiera fallecido a la vera del camino, a muy pocas personas al otro lado del muro les hubiese importado su suerte. Pero una ambulancia llegó al lugar y salvaron su vida. Y le permitieron seguir yendo al hospital. Eso si, los gastos médicos tendría que pagarlos de su bolsillo. También es una historia de cicatrices.

Una sentencia de la justicia israelí ordenó detener los asentamientos judíos por graves irregularidades en la posesión de dichas tierras por parte de conglomerados inmobiliarios registrados en Canadá y Panamá. Igualmente pidió modificar el trazado del alambrado de Bil’in. Sin embargo, y nadie puede considerarlo extraño, transcurrieron varios años entre litigios y decisiones adversas, por no decir claramente contradictorias, antes de ser acatada la primera orden judicial; para ese momento el muro de cemento ya estaba siendo levantado unos metros más allá.

Tal vez Emad Burnat sí sea un héroe para sus familiares y amigos; por el arresto de varios meses y el posterior aislamiento lejos Bil’in; por hacerle entender al pequeño Gribeel que matar a un soldado con el cuchillito de juguete que el niño manipulaba en ese momento no servía de nada; por el certero disparo del francotirador apostado en un tejado al otro lado del muro. Pero quizá no lo sea tanto de los fanáticos ni los políticos. ¿Acaso cabría recordar el relato bíblico de David y Goliat? No, parece demasiado tarde para realizar analogías históricas o buscar moralejas.

Five Broken Cameras obtuvo el premio Louis-Marcorelles en la trigésimo cuarta edición del festival Cinéma du réel 2012 (muestra internacional de documentales apoyada por el Centro Pompidou de París).

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