Nombre: John Carter
Categorías: Acción, Ciencia Ficción, Aventura, Infantil, Romance, Basado en una novela, Cómics, Familiar, De época
Director: Andrew Stanton
País: Estados Unidos
Año: 2012

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Samuel Castro * ½

John Carter (2012)

Grande no es grandioso

Debemos pensar en John Carter, la primera película con actores reales que dirige Andrew Stanton, el mismo director de Buscando a Nemo y WALL-E, como en una de esas atracciones mecánicas lustrosas y aún bellas, de antiguos parques de diversiones, que sólo asombran a los niños más pequeños, los que no han recibido su primera consola electrónica por Navidad.

Que John Carter presenta bellas imágenes, no se puede negar. Hay en la producción de la cinta, en la apariencia y el vestuario de los seres que pueblan ese Marte de fantasía donde se desarrollan los acontecimientos, un cuidado estético muy propio de las grandes producciones de Disney, que hace creíble el universo de la película.

Igual que el personaje principal, los espectadores somos introducidos en un mundo mágico, donde dos ciudades se disputan el control del planeta, mientras que otras tribus que también alcanzamos a conocer (algunas con cuatro brazos, piel verde y cuernos) hacen apuestas sobre cuál bando ganará. Por venir de la Tierra, un lugar con una fuerza de gravedad mayor, y siempre creyendo en las reglas de juego que nos proponen las novelas de Edgar Rice Burroughs en las que está basada la trama, John Carter posee fuerza sobrehumana y la capacidad de dar grandes saltos, que lo convertirán en el guerrero que puede determinar con su acción el curso del conflicto.

A pesar de todo el presupuesto invertido en este título, que se nota por ejemplo en el fantástico trabajo de diseño digital para crear a los seres que no son humanoides, o del encanto en pantalla de su protagonista femenina (Lynn Collins), muchas cosas fallan en John Carter que le impiden ser el gran título de aventuras que pretendía. En primer lugar, que su protagonista (Taylor Kitsch) no parece sentirse cómodo con el papel de héroe de acción hasta más allá de la mitad de la película. En segundo lugar, que a diferencia de lo hecho por el cine con otros títulos de literatura fantástica (como El señor de los anillos para no ir muy lejos) pareciera que ninguno de los guionistas quiso actualizar la historia, no al mundo de hoy, sino al espectador de nuestros días: si el más simple de los videojuegos infantiles está lleno de tramas y subtramas que generan una narración compleja y atractiva, ¿por qué quedar satisfechos con un relato simplón, en el que las cosas pasan porque sí, donde jamás tratan de explicarnos las razones de la actuación de los personajes? Eso podría funcionar para los lectores de comienzos del siglo XX, pero no para los niños hiperconectados del siglo XXI.

En algún momento de la película intentan contarnos algo de la historia personal de John Carter. Y aunque la secuencia es impecable, aparece muy tarde, cuando ya no nos importa el héroe, cuando nos hemos resignado a verlo en shorts de cuero, saltando de aquí para allá, lidiando como puede con esa trama que nunca se hace las preguntas correctas y que trata de ocultar sus falencias a punta de monstruos cada vez más grandes. Pero grande no es lo mismo que grandioso.

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