Nombre: Siempre el mismo día
Categorías: Drama, Romance, Basado en una novela
Director: Lone Scherfig
País: Estados Unidos
Año: 2011

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Samuel Castro * * ½

Siempre el mismo día (2011)

Frases que no se dicen

Vamos al cine a enamorarnos. No sólo de aquellos que se sientan junto a nosotros, cuya mano a lo mejor tomemos, aprovechando la oscuridad. También vamos a enamorarnos, especialmente cuando asistimos a una película romántica, de los personajes en la pantalla, de esos hombres perfectos y esas mujeres ideales, que encarnan por un par de horas todo lo que podríamos desear. Por eso la comedia romántica y el drama amoroso son géneros tan difíciles de hacer. Porque son como una primera cita: cada detalle tiene que ser perfecto para que la magia no se desvanezca.

El comienzo de Siempre el mismo día es auspicioso: la impactante arquitectura de Edimburgo como escenario, dos protagonistas físicamente atractivos y una historia que nos recuerda un instante de la vida muy especial: cuando terminamos la universidad y pareciera que lo mejor está por venir. Emma y Dexter han pasado la noche bebiendo y riendo con otros amigos, y ahora, en la madrugada del 15 de julio de 1988, deciden meterse juntos a una cama. De ese encuentro nacerá una relación de amor y amistad que los espectadores podremos apreciar, viendo lo que pasa en esa misma fecha, cada año que pasa.

La fecha no es casual. El 15 de julio los ingleses celebran el día de San Suituno de Winchester y la creencia popular en Inglaterra dice que el mismo clima que haga en esa jornada, se prolongará por los siguientes 40 días. En este caso, lo que les pasa a los personajes durante el 15 de julio es un resumen del clima de sus vidas: mientras él se dedica a la televisión y a desperdiciar su juventud, Emma, con muchos menos recursos económicos, se esfuerza por salir adelante como escritora. Sus encuentros y desencuentros nos recuerdan los vaivenes de cualquier amistad profunda: vacaciones maravillosas que no se repiten jamás, conversaciones que no duran lo que deberían porque estamos ocupados tratando de ser alguien. Sin embargo, lo que podría ser un relato nostálgico y encantador, se convierte en una serie de episodios inconexos, a los que les sobran tramas secundarias (como aquella de la madre de Dexter) y les faltan esas frases memorables que toda buena película romántica debe tener.

Con un guion que se queda sin gasolina a mitad del camino, una química romántica que no aparece cuando la necesitamos y un Jim Sturgess incapaz de darle consistencia al Dexter que compone, debemos consolarnos con unos pocos momentos bellos (un beso intenso dado en París, una conversación en una piscina con la luz reflejándose en el agua) y con la presencia mágica de Anne Hathaway, cada vez mejor como actriz, que nos regala con su Emma de Siempre el mismo día a un personaje que va creciendo y embelleciéndose hasta convertirse en la mujer perfecta. El problema es que ni Dexter ni la película se la merecen y entonces los espectadores, enamorados, tenemos que aceptar que el resto del montaje en esta primera cita no funcionó. Que deberemos esperar otra ocasión en que esa frase justa, que aquí nadie dijo, nos permita sentir que la conquistamos.

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