Nombre: Melancholia
Categorías: Drama, Ciencia Ficción
Director: Lars von Trier
Año: 2011

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Pedro Felipe * * *

Melancholia (2011)

2011: Una odisea de Lars

La Tierra y otro planeta mucho mayor llamado Melancholia entran en colisión, marcando el fin del mundo, que se nos muestra desde el principio de la cinta. Como en Titanic, explica Von Trier, conocer el destino fatal de sus protagonistas debería permitir al espectador dejar de estar pendiente del desenlace, para concentrarse en el 'cómo' se llega a este.

Lo cierto es que el 'odiamadísimo' director danés vuelve a apostar todo al doble cero negro con una cinta apocalíptica de ciencia ficción. Con excepción del preámbulo, que abarca y da estructura a la trama, la historia está dividida en dos partes, "Justine" y "Claire", que son a su vez los nombres de dos hermanas disímiles. La primera, interpretada por Kirsten Dunst, asiste a su propia boda desconectada no solo del evento sino incluso de su entorno inmediato, en particular de sus padres y de su jefe. Pese a las diferencias en la producción, es probable que la temática de este pasaje recuerde la de La celebración de Vinterberg.

La segunda, Claire, interpretada por Charlotte Gainsbourg, es una madre, hermana y esposa que sin ser la antítesis de Justine, para los fines dramáticos de la cinta es sin duda su antagonista. Mientras aquella es incapaz no solo de triunfar o avanzar en su vida profesional o afectiva sino incluso de creer en su relevancia, Claire lleva lo mejor que puede su matrimonio y maternidad, haciendo lo posible por funcionar durante la boda frustrada como un hilo conductor entre los miembros de la familia. Sin embargo, aunque su optimismo se limita a ser pragmática y cordial, en el universo de Von Trier su 'ingenuidad' se paga caro. Justine, por el contrario, que es más bien dada a las depresiones y a los estados resultantes de las carencias melancólicas, se encuentra en su elemento al desatarse el billar cósmico.

La disfuncionalidad de las sociedades humanas, que en Contra viento y marea o en Bailarina en la oscuridad aplastaba sin contemplaciones a sus quijotescas heroínas, tiene en Melancholia un tratamiento similar al de Dogville y sobre todo al de Anticristo. Lo que se identifica como fuerzas primigenias regresa a sus dominios, temporalmente ocupados por lo masculino, que se expresa en la tecnología y la confianza en el progreso científico. De hecho, como en tantas otras cintas del autor, los hombres son simples figuras temáticas, de rigidez balzaciana, que en este caso no ayudan más que a afinar algunas facetas de las protagonistas.

En efecto, por sus afinidades temáticas y formales, es probable que Melancholia y Anticristo se vean incluidas en el mismo capítulo de la obra del autor, del mismo modo que es predescible que Dogville y Maderlay estén en otro caracterizado por la austeridad. Al respecto, aunque no ha terminado su trilogía de los Estados Unidos, el director danés parece a leguas de las escenografías brechtianas de su periodo anterior, decantándose en las cintas recientes por una estética abiertamente manierista, que no se priva de vistosos efectos digitales, pero tampoco de múltiples referencias a la historia del arte. En términos técnicos y visuales, la síntesis es desconcertante, conciliando con maestría a Kubrick con Böcklin, o a John Everett Millais con Bill Viola.

Pero a pesar de sus aciertos, que difícilmente le generarán detractores a ultranza, Melancholia no parece destinada a suscitar grandes pasiones entre el público general, el cual llegará más que nada sintiendo curiosidad por saber 'qué habrá hecho esta vez Lars'. Pero tampoco entre sus seguidores más cercanos parece destinada a ocupar un lugar central, que tendrán un referente apabullante en Anticristo, donde con medios equivalentes se abordan cuestiones similares logrando un relato mucho más efectivo.

Con seguridad habrá quien estudie con juicio esta cinta, tal y como se ha analizado el resto de la obra del autor. Por ahora y por encima de tantas escenas arrobadoras y de heroínas arrebatadoras, vale la pena llamar la atención sobre el maestro de ceremonias de la primera parte (Udo Kier) y su gesto característico: una mano abierta con la que pretende ocultar de su vista a la prometida indiferente. Como quien busca tapar el sol.

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