Nombre: Hacia rutas salvajes
Categorías: Aventura, Basado en hechos reales
Director: Sean Penn
Año: 2007

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Pedro Felipe * * ½

Hacia rutas salvajes (2007)

Hacia rutas salvajes cuenta la historia de Christopher McCandless, un joven que tras romper con sus padres opta por una vida desprovista de posesiones materiales y en continuo desplazamiento. De hecho, una buena parte la trama se desarrolla como un road movie iniciático, durante el cual el protagonista pone en práctica su filosofía existencial, y el director Sean Penn ofrece una radiografía de la sociedad estadounidense actual. La cinta cuenta un hecho fáctico, por lo que en esta reseña no se prestará atención a preservar elementos de la intriga. (A quienes no quieran saber cómo termina la película les sugiero posponer su lectura).

McCandless, que en su aventura adoptó el nombre de Alexander Supertramp, es una figura cuya muerte en la tundra de Alaska suscitó reacciones diametralmente opuestas. Mientras sus detractores hablan de simple suicidio, sus adeptos encuentran en ella elementos inspiradores. Por su parte, la versión del director Sean Penn se basa en el libro In to the Wild, de Jon Krakauser, quien a todas luces admira el periplo del joven Supertramp. El resultado es una semblanza en varios momentos conmovedora, que deja la agradable sensación de que el personaje se merecía el cariño que le profesaban. De hecho, la historia que Penn desarrolla es sencilla e impactante, contando con belleza y gracia las etapas en el camino de un viajero intenso e incansable, dispuesto a tomar solo lo necesario para continuar.

A su vez, Hacia rutas salvajes plantea bien sea a través de los diálogos de sus personajes o bien de los énfasis en la aventura del protagonista, toda una serie de cuestiones morales de gran importancia, las cuales giran alrededor de los derechos que tenemos sobre nuestro entorno: ¿somos sus propietarios?, ¿este nos fue simplemente encomendado?, ¿debe esa respuesta ser individual? e incluso ¿cómo compensar el daño hecho?

Al respecto, es relevante que en Hacia rutas salvajes nada refleje las amenazas de la naturaleza, lo cual plantea una situación compleja, pues en cuanto obra de ficción la cinta no tiene por qué "mostrar la otra cara de la moneda". De hecho, McCandless-Supertramp estaba en todo su derecho de instalarse en medio de la tundra a esperar el invierno, e incluso a poner su existencia en manos del azar. Como Timothy Treadwell, el protagonista de Grizzly Man, tenía también derecho a meterse en la boca del lobo, exponiéndose a condiciones extremas sin la más mínima preparación. Recordando el hermoso verso de Lorca, cada cual tiene derecho a pacer la nieve de los cementerios cuando se le venga en gana

Lo que no es razonable, así sea con el ánimo de expresar nuestro afecto por alguien, es convertir una situación marcada por la ingenuidad y la temeridad, en la celebración de la imprudencia y de la ignorancia. Puede ser hermoso ver a un insensato caminar por el borde de un edificio, y su desafío a la muerte puede mover fibras poéticas. Pero pretender que hay una redención en su caída y que su su martirio iluminará a quienes lo extrañarán tras su deceso, es favorecer el aspecto nocivo de la historia.

En conclusión, una cinta con buenas actuaciones y bellamente filmada, recibe un golpe fatal por aconsejarnos ir hasta el fondo de nuestra irresponsabilidad, una recomendación cuyo director no estaría dispuesto a seguir.

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