Nombre: Al sur de la frontera
Categorías: Documental
Director: Oliver Stone
País: Estados Unidos
Año: 2009

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Pedro Felipe * *

Al sur de la frontera (2009)

Stoned Immaculate

De las dos fronteras de Estados Unidos sólo es relevante la meridional. Aunque cada día se desarrollen y refuercen los lazos culturales y sociales con el mundo latino, en muchos imaginarios "las Américas que no son America" siguen albergando a "el otro": allí se habla otro idioma, se tiene otra cultura, se siguen otros credos, se tiene otro nivel económico, vive otra gente, entre otros...  A esos estadounidenses, que además  reciben de sus medios informaciones tendenciosas, el realizador Oliver Stone destina su documental Al sur de la frontera.

La versión de este director busca pues ser una alternativa a la oficial, para lo cual pretende dar voz a los protagonistas directos de la política latinoamericana de izquierda, que serían los presidentes y líderes de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil y Cuba. Con tal fin no busca documentar una serie de eventos para contrastarlos con espíritu objetivo, sino de participar en el debate como lo hace Roger Moore, es decir elaborando un documento abiertamente comprometido y con visos personales. Si no se tiene en cuenta que Al sur de la frontera es una cinta militante, será imposible sacar de ella cualquier provecho.

El principal mérito del documental consiste en realizar una semblanza de la política latinoamericana de izquierda de la última década, recordando detalles que un análisis apresurado habría podido olvidar. La más interesante de las observaciones es anotar que la leyenda negra de Hugo Chávez se formó durante la administración W. Bush, que convenció a la opinión pública de su país de invadir Irak con base en la mentira de las armas de destrucción masiva, infame desde el principio. En el mismo contexto, se recuerdan e hilan la situación económica durante los gobiernos de Carlos Andrés Pérez y de Rafael Caldera, el fallido golpe de Chávez en 1992, su victoria en las elecciones directas de 1999, el golpe contra su gobierno en abril de 2002, pero también la reacción y acompañamiento de los medios de comunicación, que efectivamente se prestaron a las peores prácticas de desprestigio y de manipulación. No es por supuesto banal que una de las obras del director sea Asesinos por naturaleza.

La segunda parte del documental se dedica a visitar a otros líderes latinoamericanos, insistiendo en que no hay una izquierda buena ―Lula― y una mala, como tanto se ha pretendido, sino una primavera política que se expresa con énfasis locales. Así, nos encontramos a Stone hablando con Morales sobre el significado de la hoja de coca, y jugando un poco de fútbol tras haber mambeado; en una estancia con los Kirchner recorriendo la historia reciente de Argentina, así como la suspensión de los pagos al FMI a principios de la década; con el obispo Lugo en la hacienda de Stroessner hablando sobre la represión militar y la teología de la revolución; y en fin con Correa y Raúl Castro analizando las relaciones continentales con los Estados Unidos, un tema que a su vez recorre el documental en su conjunto. Por su parte, al entonces Presidente de Brasil se le entrevista junto a Chávez en una carpa, evacuando en menos de dos minutos su interesante exposición del manejo macroeconómico que ha dado a su federación brasilera, que es por cierto lo más parecido al sueño bolivariano de integración (luso)americana.

Stone ha afirmado que no tiene por qué mostrar el lado oscuro de sus entrevistados, permitiéndose por el contrario expresar su afecto por las figuras con las que conversa, lo cual puede incomodar a sus detractores, pero no es inmoral ni artística ni políticamente. También es lícita su decisión de entrevistar a un solo tipo de actor social, como lo son los dirigentes de los países en los que el autor ha identificado un cambio político relevante. Eso se llama promoción, y es válido siempre y cuando sea el autor quien decida adoptar la postura expresada. Sucede en los documentales sobre políticos, pasados y actuales, pero también en los que versan sobre animales o alejados parajes, que inevitablemente nos invitan a cuidar la Tierra o a explorar las estrellas.

Sin embargo, Al sur de la frontera tiene también elementos de contrapropaganda en el sentido en que, al desmontar los argumentos empleados en las manipulaciones para desprestigiar a la izquierda latinoamericana, la cinta se abstiene trascender el nivel empleado por ciertos contradictores. Por su parte, el alcance de las respuestas de los dirigentes entrevistados no va más allá que el de las declaraciones de los futbolistas extenuados tras un partido ("Se entregó todo, se lucha con sacrificio, se jugará en equipo"), e irónicamente recuerdan en su contenido a las de Irene Sáez, derrotada por Chávez en las elecciones de 1998, que enumeraba con pasión palabras sonoras (tecnología, dinamismo, motivación, credibilidad, etc..) pero no decía cómo se combinaban. Tampoco ayuda al respecto una banda sonora que no sólo orienta lo que debemos sentir sino que muchas veces parece insistir en lo que debemos pensar.

La cinta tiene razón al insistir sobre la legitimidad de los gobiernos entrevistados, que han sido elegidos de manera democrática. Pero también tienen razón quienes llaman "el documental de Chávez" a Al sur de la frontera, pues en la evaluación el director saca de la ecuación hechos centrales del proceso. Es apenas natural que se recuerde el golpe de 1992, pero por las mismas razones es desconcertante que no se examinen momentos clave de la última década, como la creación de la figura de Jefe de Gobierno del Distrito Capital, que se puede describir como un golpe de Estado municipal. El dato no es anecdótico, pues impide que se consolide la falacia según la cual "Si X es presidente de un régimen democrático, entonces X es un demócrata".

En el mismo contexto, es llamativo que se ignore alegremente el proceso de Ortega en Nicaragua, así como el de Michelle Bachelet en Chile. No es difícl pensar que las causas pueden ser que el primero es un gobierno intratable, que sólo rimaría con justicia social en Corea del Norte, o que el segundo ha registrado en el país austral logros extraordinarios respetando el juego democrático (y no sólo la ley, que se puede cambiar). De paso, la capacidad comunicacional de la ex Presidenta de Chile habría subrayado aun más las palabras sexistas y algo racistas de su colega argentina, que por cierto no entendió la oportunidad que Stone le brindaba con su visita.

Al sur de la frontera es ineficaz como documental, pues sólo está en condiciones de convocar y de comunicar con los espectadores favorables al chavismo. Por el contrario, sus detractores fuertes ―entre los que se encuentran por supuesto los televidentes de Fox News y otros― se sentirán insultados por las zonas de sombra. Por su parte, los moderados no encontrarán respuestas a cuestiones importantes ni preguntas agudas e inteligentes.

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