4 estrellas

Munich (2005)

por Andres Borda Gonzalez

Todo el mundo se ha sentido con derecho a opinar y criticar la última película de Steven Spielberg: en el portal de la revista Eskpe Felipe Moreno dice (puesto en pocas palabras) que Munich es una buena película, pero que en sus peores momentos puede llegar a parecerse a un capítulo de Los magníficos; Julio Nieto Bernal, también en eltiempo.com, se queja de su ambigüedad, y expresa su deseo de haber encontrado en esta película a un Spielberg más incorrecto políticamente; y muchos otros espectadores, que ya se han acostumbrado a censurar a su director por la sencilla razón de ser Spielberg, desearían que los palestinos tuvieran entre los suyos un director lo suficientemente talentoso para contar su propia versión sobre los hechos que rodearon el atentado en las olimpiadas del ‘72. Sin estar de acuerdo con las razones anteriormente citadas sobre por qué Munich pudo haber sido mejor, creo que Spielberg consiguió una cosa curiosa y admirable aquí: hacer una película política que no juzga a sus protagonistas, y que antes que nada está a favor de la paz. Y ante una producción que consigue conmovernos frente a un conflicto que parece no tener final, prefiero adherirme a la opinión de la conmovida periodista de Tv y novelas, Luz Martínez, cuando dice que Munich es una película triste.

Su trama, como señala el crítico norteamericano James Berardinelli, es la de un thriller: Avner (interpretado por Eric Bana) es un israelí que tras los atentados en las olimpiadas es asignado como el líder de un grupo que tiene la misión de asesinar a los responsables de éste. El argumento se parece un poco al de otras películas del mismo género como La novia siempre se viste de negro de Truffaut, o Kill Bill de Tarantino, en donde seguimos a un personaje que busca venganza. Más adelante descubrimos, sin embargo, que el tema central de Munich es evidentemente más grande y complejo que el de una película de género. Las muchas y diversas opiniones que ésta ha generado son una prueba de ello: realmente tiene valor, mucho valor, que una película consiga centrar la atención del mundo en un conflicto frente al que, por culpa de los noticieros y los periódicos, nos hemos vuelto insensibles, y que nos invite, tal vez, a cuestionar nuestra posición frente a ciclos de violencia de los que todos somos víctimas. Pues antes que ser una película de acción, o de aventuras, o de drama, Munich es un noble intento por sensibilizar a un grupo de espectadores que ha dejado de conmoverse frente al dolor ajeno.

Esta película cuenta con la misma estética de los trabajos anteriores de su director (Janusz Kaminski sigue ayudándolo como director de fotografía, y lo mismo lo hace Michael Kahn en la edición), pero es evidente que Spielberg cambió aquí algo en su forma habitual de abordar sus historias. Los espectadores que entren al teatro desprevenidos van a salir sin poder creer que el mismo personaje que dirigió La guerra de los mundos haya sido capaz de concebir una obra tan honesta y profunda, en el buen sentido de la palabra. Es necesario, eso sí, que no se olvide que esta no es una película más en un multiplex con cinco otras funciones exhibiéndose, de la que podemos olvidarnos quince minutos después de haberse terminado; hay que entrar preparados, creo yo, como lo hacemos antes de leer una novela o un cuento que, pensamos, puede afectarnos profundamente. Si se ve con atención y juicio, es difícil no salir un poco perturbado después de la función.

 

Munich

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Andres Borda Gonzalez * * * *

Juan Carlos Gonzalez Arroyave * * * ½

Mauricio Reina * * *

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