Nombre: Yo serví al rey de Inglaterra
Categorías: Guerra, Comedia dramática, Basado en una novela, De época
Director: Jirí Menzel
País: Republica Checa
Año: 2006

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Pedro Felipe * * * ½

Yo serví al rey de Inglaterra (2006)

Confesiones de un servidor de Eduardo VIII

Yo serví al rey de Inglaterra cuenta la vida de Jan Dítě, un mesero hábil y exitoso, de pequeña estatura, que sabe querer a las mujeres, ascender en el trabajo y llenar de dinero sus bolsillos. Su mayor placer consiste en lanzar al aire un puñado de monedas, en diferentes situaciones y con distintas compañías, comprobando siempre que su sonido al caer funciona como un experimento de Pávlov para humanos. Es un tipo simpático al que sin embargo nos costará querer.

Por ciertos guiños de la trama, la gracia de su carácter y la actuación de Iván Varnev, el protagonista recuerda algunos íconos del cine mudo, como los interpretados por Keaton y Chaplin, evocando la revancha de los personajes periféricos y menospreciados. Dítě es en efecto un talentoso aprendiz, pues se mueve como patinador ente las mesas y las habitaciones, acepta ser discreto e incluso entiende con astucia qué es "ver sin ver". Algunas carambolas de su historia le son pues favorables no por un guión forzado, sino gracias a su desenvoltura e inteligencia circunstancial, también llamada perspicacia, que puede ser capital para resolver duelos. Por su parte, en ciertos pasajes concentrados sobre todo al final de la obra, serán justamente esas virtudes las que lo dirigirán en una dirección contraria, situándolo en las antípodas del barbero de El gran dictador.

De cualquier modo, Dítě sabe que no es víctima ni amo de las circunstancias. Ya viejo (encarnado por Oldrich Kaiser), nos narra su testimonio evocando su vida sin prisa y con voz en off, comenzando por su juventud, que coincide con la década de los años locos y con el principio del cine. Aunque la exuberancia y la alegría de la primera mitad puedan hacer pensar en el género picaresco, Yo serví al rey de Inglaterra es sin duda una película moral y económica en su narración, preparando desde sus premisas la falacia que adopta su protagonista. El relato comienza de hecho cuando este ronda los sesenta años y apenas acaba de purgar una condena de casi tres lustros; la trama consistirá en una serie de largos flashbacks, que corresponden a episodios de su biografía adulta, cubriendo el lapso que va del período de entreguerras hasta poco después del Golpe de Praga, a finales de los años 1940.

Por su parte, el guión se basa en la novela homónima de Bohumil Hrabal, autor de Trenes rigurosamente vigilados, por cuya adaptación el director Jiří Menzel ya había recibido el Óscar a la mejor película extranjera en 1967. Aunque conviene juzgar las versiones cinematográficas por sus méritos específicos, cuando el resultado es tan favorable como Yo serví al rey de Inglaterra no sobra tratar de entender algunos de los mecanismo empleados. En ese sentido, logrando una puesta en escena exuberante pero precisa y empleando un sentido de la coreografía de gran coherencia musical y visual, Menzel recrea el humor, la aguda mirada y la empatía del escritor checo. Entre los ejemplos más sobresalientes de su destreza se encuentran las figuras deformadas vistas a través de los vasos de cerveza, recordando los óleos del pintor George Grosz; la riqueza visual de la narración empleada, usualmente en planos abiertos, que logra la tridimensionalidad dando vida a cada palmo de imagen; el maquillaje y la habilidad dramática que muestran el paso a la adultez de Dítě, marcado a su vez por cada traje, gesto y disposición corporal de su intérprete; o en fin la armonía musical y la organización de los decorados, con los que se componen escenas de gran impacto estético.

Como conclusión se puede aventurar que "servir al rey de Inglaterra" es la máxima cumbre de una profesión atenta a las formas, la atención personalizada y la perspicacia. Aunque la frase la pronuncia Skřivánek --un personaje secundario proverbialmente interpretado por Martin Huba-- buscar el santo de los santos del lujo y el derroche será una declaración de principios de Dítě. La moraleja consistiría en llamar la atención sobre el oro, que brilla siempre, sin importar si se encuentra en un aluvión, o en el diente de un enfermo a nuestra merced.

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