Nombre: La rueda del tiempo
Categorías: Documental
Director: Werner Herzog, J.J. Abrams
Reparto:
Año: 2003

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Pedro Felipe * * *

La rueda del tiempo (2003)

La rueda del tiempo es un documental que acompaña el rito budista tibetano de iniciación Kalachakra, dedicado al carácter cíclico del universo y a la conexión entre sus diferentes niveles y facetas. La primera parte se desarrolla en el templo Mahabodhi, en India, situado en el estado nororiental de Bihar, cerca del piedemonte del Himalaya. El complejo se encuentra a menos de 120 metros sobre el nivel del mar, a orillas del río Falgu, un afluente del Ganges que durante el monzón se vuelve torrencial, pero en el verano desaparece. En su centro espiritual se encuentra el Árbol de Bodhi, donde hace veinticinco siglos Siddharta recibió la iluminación que lo convirtió en Buda. Todos los años, como elemento cardinal de la iniciación, se elabora con arena fina de colores una mandala de unos cuatro metros cuadrados, que servirá como mapa y visualización del universo.

Tras un acercamiento del centro geométrico del dibujo --en donde hay minúsculos montones de arena-- la atención del documental se centra en el monumental monte Kailash, en el Tíbet. Allí, decenas de miles de feligreses recorren los 52 km de la base de su enorme y cónico glaciar, a una altura promedio de cinco mil quinientos metros. Lo hacen mal preparados y en un contexto en general extremo, pero cada cual nutre expectativas personales asimismo altas. En efecto, según la tradición, un giro completo en las condiciones y el momento adecuados puede borrar karmas que de otro modo serían insoportables tormentos en otras reencarnaciones. Nos encontramos por supuesto en una atmósfera idónea para el surgimiento de la "herzoguidad".

Con voz pausada, el director relata que anualmente se registran en la prueba algunos fallecimientos de peregrinos de las tierras bajas de India, poco acostumbrados a la rareza del oxígeno, incluso más escaso para quienes buscan completar el recorrido en menos de un día, o para los que lo realizan ejecutando postraciones. En esas condiciones, lejos de cualquier orientalismo, la mirada estricta y curiosa del autor capta el espíritu de este templo religioso natural, recordando su multitud de creyentes la célebre columna de conquistadores de Aguirre, la cólera de Dios, que descendía las laderas de Machu Picchu. En vez de mostrarse interesado en subir un barco por la pendiente de una montaña --como en Fitzcarraldo--, el autor parece ahora decidido a acompañar a una multitud que empuja su pena por parajes inhumanos.

Tal vez el aspecto más relevante de La rueda del tiempo sea lograr comunicar con rigor y comprensión un rito que cada lustro moviliza a millones de creyentes, brindando un documento que será sin duda una referencia para los interesados en las prácticas budistas, tanto por razones religiosas como académicas. La mayor dificultad planteada --por lo menos para quienes se acerquen a la cinta movidos por el trabajo de Herzog-- será por su parte no descubrir la huella del autor en algunos pasajes por cierto desalmados, en particular de la tercera y última parte, que se desarrolla en la ciudad austríaca de Graz. La sección final de la cinta sería de hecho indistinguible de un documental estándar de no ser por la pertinente reflexión sobre la centralidad budista de la nada, que sucede una vez han partido los monjes y vaciado el centro de convenciones donde se ha repetido el ritual del Mahabodhi, cuando el narrador se centra en un guardaespaldas que cuida diligente el recinto ya casi vacío.

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