Nombre: Adiós a Lenin
Categorías: Drama, Romance, Comedia dramática, Basado en una novela, Histórica, Familiar
Director: Wolfgang Becker
País: Alemania
Año: 2003

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Alejandro Martin Maldonado * * * ½

Adiós a Lenin (2003)

¿Hacia qué lado se cayó el muro?

Todavía hablamos de Alemania del Este. En algún momento le dije a mi papá que la película que íbamos a ver era una película de la Alemania Oriental. ¿Se dio la reunificación? ¿Son un país? Y el nuevo país, ¿es el resultado de la fagocitación por parte de la Alemania Occidental de una nación obsoleta? ¿Qué puso Alemania Oriental? ¿O simplemente se lanzó a consumir y se dejó devorar?

Yo tengo una relación muy particular con Alemania. Estudié el Colegio Alemán de Cali. Soñábamos con las maletas y los estilógrafos Scout. Nos esmerábamos en los concursos en clase de aleman para ganar unas gomitas Gummybärchen, o unas calcomanías con motivos alemanes. Cantábamos el himno alemán con el inevitable desafine en el momento en que subía mucho más allá de dónde nuestras voces llegaban. En los mundiales, por lo general en contra de nuestros amigos y familiares, apoyábamos Alemania en lugar de Brasil. Y, bueno, eramos torturados en la clase de alemán obligados a aprendernos esa lista infinita de verbos irregulares, todos los artículos, los casos...

El caso es que en alguna medida Alemania era nuestro país también y vivimos la fiesta de la reunificación. Celebramos todos la caída del muro como si fuera algo que nosotros también, en Cali, a tantos kilometros de distancia estuvieramos esperando por años. La reunifiación tuvo en nosotros también una de las consecuencias que tuvo para todos los occidentales: el recorte de presupuesto. Los últimos grandes regalos fueron el piso del gimnasio y unas deliciosas mesas de ping-pong. Pero en alguna medida se acabaron los lujos y los profesores alemanes que vinieron fueron muchos menos. Llegaban tiempos nuevos.

En la película puedo ver por primera vez la caída del muro desde el otro lado. Hay algo simbólico en la sensación de que el muro se cayó hacia Occidente. Las ordas de alemanes del este tumbaron el muro para ver que había "más acá". Se "vinieron" a comprar, a tomar Coca-Cola, a comer en Mc Donalds. ¿Quién se fue al otro lado? De eso no nos dicen mucho. Si bien por todos mis amigos que visitan ahora Berlin he escuchado que se vive mejor en el lado Este. Que allá está sucediendo ahora lo más interesante.

En Good Bye Lenin hay una pequeña revancha. Se las arreglan para sugerirnos la posibilidad de otra reunificación, de una caída del muro en la que son los habitantes del Oeste los que huyen al Este agobiados por el sinsentido del mundo capitalista. Se nos sugiere que la imposición de Alemania Occidental no significa necesariamente un triunfo, que la caída de la Europa Oriental no significa necesariamente la renuncia de todo lo que ella significaba. ¿Cómo ser testigos de la imposición del mundo capitalista sin renunciar a ver todo lo podrido que hay allí?

La película se arma a partir de las solidaridades entre los personajes. Son los vínculos los que le permiten a cada uno seguir vivo. Y son esos vínculos los que los obligan a mentir y a decir la verdad. Sobre este juego de simulaciones y de asumir lo que está sucediendo es que se arma una hermosa tragicomedia. Reímos muchas veces, pero también somos conmovidos otras tantas.

Cuando estuve en Alemania en el 92 pude visitar el Este. Pasar de un lado al otro era realmente pasar una frontera entre dos países. En el tren se sentía inmediatamente por el hecho de que los rieles eran distintos y tocaba ir mucho más lenta y ruidosamente en el oriente. Las estaciones parecían de película, de otro tiempo. Estuve en Dresden, me quedé en uno de esos bloques grises de edificios, comí el mismo potaje que ellos llevaban años comiendo. Pude ver como las ruinas de la guerra seguían allí, no como en el oeste donde todas las catedrales habían sido cuidadosamente reconstruidas.

Pero los tiempos habían cambiado. La famila donde había llegado de intercambio me había mandado con una bolsa llena de ropa occidental, especialmente de bluejeans. La familia de Dresden que me recibió se rió del paquete. Antes era un tesoro. Hoy ya no. Ahora no era sino una señal de que los tiempos habían cambiado y de que iba ser difícil de que tanto unos como otros entendieran qué era lo que había cambiado.

 

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