Nombre: Un hombre serio
Categorías: Comedia dramática
Director: Ethan y Joel Coen
País: Estados Unidos
Año: 2009

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Pedro Felipe * * * ½

Un hombre serio (2009)

La verdad, es mentira

En Un hombre serio asistimos a algunos días en la vida de Larry Gopnik, un profesor universitario de mediana edad, casado, padre de dos hijos, y miembro activo de la comunidad judía. Su rasgo más visible es actuar tal y como se espera que lo haga, con total seriedad. Sus graves dificultades comienzan cuando necesita tener claridad respecto a qué debe hacer, pues a todas luces ha errado el camino, ya que su vida se cae en pedazos. La trama se desarrolla de modo lineal y una calma chicha acompaña tanto a la cinta como al espectador. Se trata pues de una semblanza con elementos crípticos, que se prestan a varias interpretaciones, recordando momentos y atmósferas de Barton Fink o de El hombre que nunca estuvo allí.
 
La introducción sucede en un shtetl o aldea judía de Europa oriental, donde una pareja recibe la visita de un anciano que puede o no estar habitado por un dybbuk, es decir un espíritu errante. La escena se desarrolla en yiddish y permite prever una gran cantidad de referencias culturales y religiosas. Al respecto, es difícil en un principio identificar dónde se encuentra la relación con la historia principal, en la cual sólo parece permanecer el contexto judío. En efecto, esta se desarrolla en un entorno muy diferente, que sucede durante el verano del amor de 1967, en la ciudad de St. Louis Park del estado de Minneapolis, cerca de la frontera con Canadá.
 
Esta ciudad del el Medio Oeste estadounidense, asimismo lugar de nacimiento de los directores Ethan y Joel, se presenta con casas de una planta, zonas verdes generosas, y coches enormes como cohetes. Estamos en la médula del estilo de vida norteamericano, que no será presentado bajo una luz halagadora. En efecto, una faceta de Un hombre serio se sitúa en la tradición contracultural iniciada por obras como El guardián en el centeno, en algún lugar entre la generación beat y la legión de familias disfuncionales de los sitcom actuales. Al respecto, la cinta cumple sin duda su objetivo cómico, con momentos perfectos, como la parábola del mensaje escrito en la parte interior de los dientes de un goy, es decir un gentil.
 
La trama consiste en el rosario de las desgracias de Larry. Su esposa lo abandona y desaloja, un alumno lo amenaza y soborna, sus colegas lo reprueban y juzgan, sus hijos lo ignoran y roban, los rabinos lo desorientan y rechazan. Su hermano es por su parte un lastre inútil cuya principal característica es dedicar eternidades a drenar un misterioso quiste. Desde el punto de vista de sus desdichas, se puede afirmar que Larry es un santo Job contemporáneo, cuyas características declinan los hermanos Coen con renovada acidez. Tómese justamente la sarna del santo y el quiste de su hermano, quien a su vez parece una pústula del mismo Larry.
 
El universo abarcado es relativamente amplio, pues además de Larry, su familia y otros círculos personales y laborales, en las interacciones de la trama conoceremos tres rabinos, dos abogados y un estudiante coreano. Sólo el último no es judío, y representa de manera marcada la situación de los gentiles, que son en general foráneos, yendo sus relaciones del suave control de la policía, a las amenazas veladas de su vecino cazador.
 
Ciertas dificultades de la cinta pueden atribuirse a sus alusiones a elementos específicos de la historia y la cultura judías, que a los espectadores ignorantes del tema podría dejar sin las necesarias referencias. Para unir las partes puede en ese sentido ser de ayuda saber que los habitantes de los shtetl eran piadosos y con creencias de corte ortodoxo, y que estas entidades urbanas desaparecieron al ser sus habitantes víctimas de la Segunda Guerra Mundial, o al emigrar otros de sus miembros a Israel y al interior de los Estados Unidos.  Del mismo modo, puede servir como información de contexto tener presente que justamente en junio de 1967 se desarrolló la Guerra de los Seis Días, un hecho capital del siglo XX, que marca un punto de inflexión en la historia judía. Tener rudimentos de hebreo, en fin, puede por su parte ser útil para entender el significado de palabras usualmente empleadas en la cinta como Mazel Tov,  get, agunah, HaShem, goy, tzaddik, Lamed Vovnik, Olam Haba, shiva, tsuris, chuppah, o naches, que pueden unas veces deducirse por su contexto, y otras no.
 
Sin embargo, es importante tener presente que este aspecto no es más que una de las dimensiones que funcionan como parámetros de la obra. Exagerando el principio de indeterminación de Heisenberg, por primera vez evocado  por el abogado de El hombre que nunca estuvo allí, del mundo de Larry se puede afirmar --como él mismo lo expresa en uno de sus sueños-- que "no es posible ni siquiera saber lo que está sucediendo". Así pues, ¿es víctima el personaje de una maldición, o más bien de la credulidad y el fanatismo que reinaba y sigue reinando? Tal vez, tal vez no; aunque las preguntas cobren precisión al aumentar nuestros conocimientos, en el mundo de los sibilinos Coen las respuestas no tienden a su vez a ganar claridad.
 
Al respecto, una buena manera de poner las cosas en su lugar es indicando que el credo y la cultura del personaje central es tan relevante como el contexto social y musical de la segunda mitad de los años sesenta, donde la canción Somebody to Love del grupo Jefferson Airlplane constituye la expresión más notable, pues suena con frecuencia en la banda sonora o como efectivo elemento dramático, recitándose sus primeros versos en un momento crucial de la historia: "When the truth is found to be lies / And all the joys within you dies...". En ese sentido, ¿se deben tomar esas frases a partir de su fuerza poética, como versículos de la Biblia? ¿O se deben abordar más bien como una expresión de la agitación generacional que se vivió a finales de los años 1960? ¿O ambas? ¿O ninguna...? Tal vez.
 
La mejor afirmación de esta película se hace desde el punto de vista coral, situándose en la frontera entre la semblanza grupal y la película de época. Al respecto, se podría plantear como respuesta a la pregunta del párrafo anterior que el personaje de Danny, uno de los hijos de Larry, constituye el antagonista de la cinta, con su capacidad de lograr salir de un atolladero que parece un eco del de su padre, llegando hasta el santo de los santos, el rabino que le es negado al otro. Sin embargo, la misma característica puede aplicarse al personaje de Sy Abelman, interpretado de manera soberbia por Fred Melamed.

Lo que sucede es que al crear una constante y justificada expectativa, Un hombre serio deja a sus personajes secundarios desarrollarse como pocas cintas lo permiten.    
 
El universo sin norte en el que han sumido los hermanos Coen a su protagonista no parece tener una clave oculta que dé sentido a la obra. Tampoco parece depender ni apreciar los sinsentidos. Un hombre serio es un fruto raro, al cual puede convenirle un tiempo de añejamiento. Sin embargo, pese a las características apenas descritas, es probable que la cinta llegue a funcionar como una piedra de Rosetta cuando se haya desarrollado la obra de los hermanos Coen en su conjunto.

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