Nombre: Red social
Categorías: Drama, Biográfica, Histórica, Basada en un libro de no ficción
Director: David Fincher
País: Estados Unidos
Año: 2010

Otras reseñas para esta película

Samuel Castro * * * *
Jorge Mario Sánchez * * * ½

Red social (2010)

No es usual encontrar una película –sobre todo si ésta proviene de Hollywood– tan saturada de detalles significativos como The social network, dirigida por David Fincher (Seven, Fight club, Zodiac) y escrita por Aaron Sorkin (A few good men). Aquí cada palabra dicha, cada gesto, cada acto de sus personajes tiene repercusiones profundas en quienes los rodean y en el devenir de los acontecimientos, y esto es especialmente cierto para su protagonista, Mark Zuckerberg, un tipo increíblemente perceptivo, capaz de entender en un segundo las implicaciones de un sándwich o de una pregunta intrascendente sobre los “final clubs”. Porque en la película Zuckerberg, arrastrado por una ambición desmedida que no necesariamente tiene que ver con la plata, está siempre a la defensiva, y ante una mínima señal de ataque por parte de su interlocutor va a buscar la revancha al precio que sea.

Se ha hablado mucho del prólogo de la película, y es cierto que estos primeros cinco minutos son geniales. De este diálogo banal, incluso jarto, entre un tipo inmaduro pero muy inteligente y su novia, sin duda mucho más sensata que él, se desprende todo lo que va a ocurrir después, que incluye, cómo no, la creación de uno de los fenómenos sociales más importantes de la historia. Este prólogo, además, nos muestra por completo el carácter de su protagonista, sus ambiciones, deseos, miedos, manías y, sobre todo, sus reacciones desmedidas ante cualquier pinchazo a su ego. Y cabe destacar que la película gira justamente alrededor de Facebook, la red social que nos ha demostrado que el ego es el motor del mundo contemporáneo, y que nuestras máscaras, por estereotipadas o absurdas que sean, son más poderosas que nuestra “vida real” (por cierto, hay que ver la otra gran película sobre Facebook, la abrumadora Catfish). Pareciera que una de las cosas que más nos mueven a actuar, a tomar decisiones radicales, es el hecho de que alguien pisotee nuestro ego, y esto es subrayado en casi toda la película, sobre todo en la escena de la competencia de remos y lo que ocurre después.

Es admirable la forma como David Fincher y sus montadores Kirk Baxter y Angus Wall llevan a buen puerto un guión tan complejo como el de Aaron Sorkin, donde los diálogos, inteligentes y cargados siempre de segundas intenciones, no dan tiempo para respirar. El buen manejo del ritmo por parte del director logra que la película, que en teoría debería ser pesada y difícil (por la densidad de los diálogos, por el manejo fragmentado del tiempo, por la importancia de los detalles y del subtexto en general), resulte un entretenimiento mayor. La música, esa electrónica opresiva con tintes industriales compuesta por Atticus Ross y Trent Reznor de Nine Inch Nails, influye muchísimo en la consecución de ese ritmo, en la tensión que nunca decae. Más de un espectador se ha sorprendido al descubrir, cuando acaba la película (con ese final abrupto y abierto), que ya han pasado dos horas, y muchos desearían que les siguieran contando la historia de esos personajes tan desagradables como ajustados a nuestros tiempos.

Al final el misterio sobre Zuckerberg (interpretado con acierto por Jesse Eisenberg, a quien le espera un gran futuro en Hollywood) resulta incluso mayor que al inicio del filme, y queda en manos del espectador interpretar sus acciones y, en últimas, intuir la “moraleja” de un relato que no impone juicios de valor sobre un hombre genial y una sociedad obsesionados con la mirada (y la aprobación) del otro. En el conflicto final entre Zuckerberg, Sean Parker y Eduardo Saverin, durante la fiesta en la que celebran el millón de usuarios de Facebook, en el posible acto de contrición y venganza por parte de Zuckerberg, puede estar la respuesta.

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