Nombre: RED
Categorías: Acción, Comedia, Romance, Crimen, Thriller, Basada en una novela gráfica
Director: Robert Schwentke
País: Estados Unidos
Año: 2010

Otras reseñas para esta película

Samuel Castro * * ½

RED (2010)

Juguemos a los espías

¿En qué momento dejó de ser importante para los críticos que una película sea entretenida? ¿De cuándo acá hay que aceptar que el único cine “bueno” es aquel que es trascendental? Ese tipo de concepciones y de generalizaciones tajantes y erradas (como que “si una película es comercial no vale la pena”) son las que han hecho que a tantas personas les dé pereza tener algún tipo de relación con “la crítica”. Transformers 2 no es mala porque sus protagonistas sean robots. Es mala porque el argumento (y no sólo el que tiene que ver con los extraterrestres mecánicos) no tiene ni pies ni cabeza, porque los personajes están mal delineados, porque se toman en serio cuando no deberían, porque Michael Bay cree que en cada escena de la cinta debe haber efectos especiales y los diálogos deben ser monosilábicos para que los adolescentes con deficiencia de atención los entiendan.

Pero cuando uno tiene una trama de espías medianamente coherente (ojo, tan poco es cosa de otro mundo), una dirección correcta que sabe acelerar o frenar el ritmo cuando la escena lo requiere y, especialmente en este caso, un elenco sobresaliente, se consigue algo como Red, una amena y divertida película que combina acción y comedia, para llenar la tarde de un domingo y comer crispetas. ¿Tiene eso algo de malo? No, para nada. Al contrario, esta película muestra que para entretener no se puede presentar cualquier cosa, como creen los ejecutivos de muchos estudios millonarios.

Es posible que Red hubiera sido una película muy floja si su reparto no fuera el desfile de grandes actores con ganas de pasar bueno que es. Pero cuando uno ve a Bruce Willis encarnando a Frank Moses, un agente de la CIA retirado que trata de pasar desapercibido mientras intenta superar el aburrimiento, uno le cree. Llámenlo si quieren, presencia escénica. Willis no sabrá cómo hacer un drama victoriano, pero tiene el buen tino de entender casi siempre cuáles papeles le sientan bien. Y éste es perfecto. Porque su rostro cansado, su excelente estado físico y su simpatía natural hacen posible que creamos todo lo demás: que él sólo destroza a un equipo de élite que intenta matarlo en su propia casa; que Sarah Ross, la chica que le manda los cheques de jubilación y a la que él trata de conquistar por teléfono desde hace varios meses, acepte acompañarlo en la huída; que ciudad tras ciudad vaya encontrando a sus antiguos compañeros de luchas (y también a sus antiguos enemigos) que se unen a él intentando averiguar quién y por qué quiere acabar con ellos.

Aparecerán entonces, para unirse a Willis y a Mary-Louise Parker (la excelente protagonista de la serie Weeds) Morgan Freeman como un anciano agente al que le queda poco tiempo de vida (y ya es un cambio agradable que una película con Freeman no sea narrada por él), John Malkovich como un paranoico agente que cree que el gobierno norteamericano espía todos sus movimientos a través de satélites (pocos como él para darle rostro a los desquiciados), Helen Mirren (con su elegancia y belleza de siempre) como una francotiradora experta que no se resigna al retiro aunque su casa parezca la mansión de Martha Stewart y Brian Cox, el ruso de la KGB que ahora es capaz de tomarse un trago con aquellos a quienes persiguió, en los juegos de espías de la Guerra Fría que él mismo recuerda como “un asunto de caballeros”. Mientras otras películas pretenden hacernos creer que algunos modelos con cerebro de chorlito y bronceado permanente son actores, en Red (que es la sigla que identifica a los agentes Retired Extremely Dangerous) dejan que verdaderos intérpretes gocen con papeles que no los exigen demasiado pero a los que imprimen una credibilidad casi deliciosa. Y si el malo del paseo es un tipo como Richard Dreyfuss y a sus 93 años Ernest Borgnine acepta aparecer como el empleado de archivo de la CIA que le ayuda a Moses a entender qué cuenta del pasado les están cobrando, lo que tenemos en Red es un banquete, una cita simpatiquísima de amigos que se encuentran para contar chistes que se saben de memoria. Es como si los retirados extremadamente peligrosos fueran ellos, actores veteranos en el mundo de hoy.

Con ese reparto, cualquier conversación (porque las hay, la comedia no es sólo caídas y chistes de pedos y vómitos, como creen los productores de Little Fockers por ejemplo) es causa de sonrisas. Una trama secundaria tan simple como el viejo romance entre Ivan el espía ruso y Victoria, la tiradora inglesa, en manos de Cox y Mirren se convierte en un divertimento que nos engancha y nos emociona. Eso es lo que hacen los buenos actores, los que se miden por su interpretación y no por las horas que le dedican a la peluquería.

Hay reparos, por supuestos. Tal vez por ser una trama copiada de una novela gráfica el director Robert Schwentke pensó que tomando ciertos recursos del cómic (por ejemplo, pasar abruptamente de un plano general a un primerísimo plano, cosa que queda bien cuando tu narración se hace con rectángulos en una página) iba a sumarle energía a la película. Por desgracia, ocurre todo lo contrario. La escena de los asesinos que atentan contra Moses y que él golpea, mostrados como siluetas flotando por el aire sobre un fondo de colores, genera más risa que asombro. No todos son Tarantino ni Zack Snyder para alimentarse de las imágenes populares y convertirlas en propuestas estéticas. Le va mejor a Schwentke cuando se contagia de la despreocupación de sus actores y decide simplemente divertir al público, como en la toma en que Moses se baja de un carro en movimiento sin que se le mueva una ceja.

Aunque la trama pierde interés a la mitad de la cinta  y debemos aguantar ciertas incoherencias en su desarrollo que podían resolverse con algo más de atención en el guión, el ritmo que no baja y el sentido del humor, permiten que Red nos deje en la silla hasta el final. No porque queramos saber en qué va a acabar todo (lo intuimos desde el minuto 30, esto es cine que no exige mucho de nuestro cerebro) sino porque la fiesta está buena y queremos seguir en ella.

La vida real tiene muchas dificultades como para que los críticos despreciemos tanto el cine evasión, el que nos permite ver una historia en la que no hay planteamientos complejos, ni cuestionamientos a nuestra vida. El que hace que las personas sean felices por 2 horas. Lo importante es que no todo el cine sea de ese estilo (lo que cada vez más pasa en la cartelera colombiana) y que quienes decidan tomar ese camino, tipos como Spielberg o Peter Jackson o como los actores veteranos de Red, sepan de qué manera hacerlo bien.

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