Nombre: El escritor fantasma
Categorías: Drama, Misterio, Basado en una novela, Crimen, Thriller
Director: Roman Polanski
País: Francia
Año: 2010

Otras reseñas para esta película

Gabriela Amar * * * ½
Pedro Felipe * * * ½

El escritor fantasma (2010)

Cazafantasmas

Un escritor fantasma es aquel que escribe y lleva hasta la publicación libros que otros firman, en buena medida porque estos tienen la última palabra, siendo por lo general su tema biografías o historias de familia o empresa. Es en últimas un secretario privado de alto nivel. En español es más frecuente llamarlos negros literarios, lo que confirma su trabajo anónimo y mal reconocido,  situado en la penumbra de las obras. De hecho, sus firmas no aparecen en los créditos, siendo que deberían figurar en calidad de traductores de una lengua ininteligible a un idioma pasable.

En este caso quien contrata los servicios de uno es el ex Primer Ministro del Reino Unido que decidió la participación de su país es la Segunda Guerra del Golfo, organizó la guerra contra el terror, mostró durante su gobierno un atlantismo superior al de los Estados Unidos, el cual se llama (en la cinta) Adam Lang, y es encarnado por el ex James Bond irlandés, Pierce Brosnan. El protagonista es por su parte interpretado por Ewan McGregor, quien logra dar forma a un escritor fantasma en cierta medida ideal, ya que cuenta con poca personalidad pero con mucha capacidad de análisis. 

Pese a ser claro que a este joven profesional le halaga la idea de trabajar con un personaje del nivel de un ex jefe de Estado, rápidamente percibe que --además de las denuncias por haber permitido actos de tortura durante su gobierno-- hay algo profundamente alterado en los intereses explícitos de su empleador. Tampoco ayuda a resolver la situación ser el segundo negro literario del proyecto, tras el deceso de su predecesor al frente de las tareas de escritura de su biografía, en un accidente no del todo claro.

Un elemento relevante de esta cinta es lograr una obra recomendable con base en una trama difícil sobre los poderosos y sus exegetas, que había recientemente dado malos resultados en La intérprete. A mi juicio, esto se debe a que Polanski y su equipo apelaron a la táctica de considerar desde tal ángulo las propias flaquezas, que estas se convirtieron en fortalezas. De la persona del personaje central, que es indefinido por naturaleza, no sabemos prácticamente nada, como por ejemplo su nombre, qué piensa sobre lo que sucede a su alrededor, o si tiene opinión alguna. A esa característica responden unos decorados de gran sencillez (pero no simpleza), una fotografía y una puesta en escena de sobriedad engañosa, elementos que en su conjunto subrayan una trama lacónica, registrada a su vez con una cámara distante y decidida a no alterar la calma narrativa con ningún frenesí narrativo o visual.

Además de esquivar o paliar estas dificultades iniciales, El escritor fantasma tiene virtudes positivas, comenzando por las buenas actuaciones de Olivia Williams, esposa de Lang, y en particular la del protagonista de la cinta, a quien McGregor da la necesaria indeterminación, haciéndolo tan receptivo como es necesario para que el espectador pueda interpretar el universo de la cinta a través de su ojos, pero a la vez tan impreciso como se requiere para obviar de oficio algunas preguntas innecesarias. Como un buen personaje de H. P. Lovecraft, el escritor fantasma se limita a registrar con precisión lo que sucede a su alrededor, lo mismo que a moverse con vértigo por los acantilados junto a los cuales su creador lo hace circular.

Del mismo modo, otra característica notable de la narración es la gran cantidad de veces que aparecen sentados sus personajes, solos o acompañados, por lo general en planos medios. En efecto, bien sea almorzando en las altas sillas de la barra de un restaurante, en los sofás de la sala de juntas de un editor, los peldaños de unas escaleras, viendo la televisión, conduciendo un coche, o analizando unas fotos, la cinta ladra sentada, consciente de sus fortalezas.

En ese sentido, El escritor fantasma cuenta con una cuidada fotografía rica en ocres, sepias, grises y carmines, claros y oscuros, que componen un agradable cuadro general de otoño tardío. La selección como escenario de Martha's Vineyard, que es tal vez la más inglesa de las islas de Nueva Inglaterra, refuerza por su parte el carácter apartado y algo tamizado del espacio de la narración. Resulta por consiguiente notable que la conclusión de la película se realice con sus personajes de pie, en medio de las luces de la noche en una gran ciudad.

En últimas, es latente el cerco del invierno y sus contextos. No es secundario que en el afiche de la película haya hojas blancas cayendo dóciles, cubriendo el suelo como copos de nieve.

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