Nombre: El origen
Categorías: Drama, Acción, Ciencia Ficción, Misterio
Director: Christopher Nolan
País: Estados Unidos
Año: 2010

Otras reseñas para esta película

Samuel Castro * * * ½
Pedro Felipe * * * ½

El origen (2010)

El origen es un thriller psicológico de acción con elementos de cine negro. Se basa en el sueño lúcido, las matrioskas y la fuerza de la culpa. Aunque su narración es casi lineal, debido al uso del tiempo y a su carácter fragmentado, en determinados pasajes su trama sigue múltiples líneas. Es también una película meritoria y sería sorprendente que no se lleve un Oscar importante.
 
En su acepción amplia, el sueño lúcido se define como aquel en el que quien sueña es consciente de hacerlo. En la definición restringida, el sujeto debe además percibir, razonar y actuar con una naturalidad similar a la de la vigilia. Por su parte, algunas de las facultades que se pueden adquirir mediante entrenamiento son controlar el curso del sueño, interpretar lo soñado dentro del sueño, y recordarlo una vez despierto. En El origen, a lo anterior se suma la posibilidad de interactuar varias personas en el mismo sueño, soñar los mismos escenarios reprogramándolos, crear arquitecturas complejas e imposibles con nuestra ingeniería, soñar que se sueña que se sueña que se sueña, así como interactuar y manipular elementos específicos y cruciales de las personalidades de los soñantes. Por ejemplo, se puede alterar e incluso invertir convicciones meridianas con la baja finalidad de favorecer intereses de terceros.
 
La trama se desencadena porque el grupo de piratas mentales liderado por el sagaz pero inestable Cobb (Leonardo di Caprio), en vez de robar ideas a ricos industriales --que es la actividad que constituye su fuente regular de ingresos-- debe colocar una sencilla convicción, que será sin embargo determinante y devastadora para su portador. La víctima es un joven rockefeller y la cápsula nocional que le suministrarán consiste en desear fragmentar el imperio empresarial de su padre, que ha heredado poco tiempo atrás.
 
Ahora bien, si espera que la historia haga énfasis en el carácter simbólico de los sueños y en su dinámica contradictoria y a la vez incoherente, el espectador se verá sin duda desilusionado por la dinámica de esta cinta. Las más severas críticas la interpretan como una versión enrevesada de la serie que siguió a Ocean's Eleven, en la cual los guionistas mostrarían que ya no saben dónde dar el gran golpe. Sin embargo, aunque es natural hacerse expectativas sobre toda película, no tiene sentido reprocharle al director Christopher Nolan que sus sueños no sean como los de Buñuel o los de Kurosawa. Al respecto cabría recordar la anécdota del marino que, al conocer la nave de un colega, le comenta desilusionado "Creí que su barco era más grande", a lo cual el otro contesta "Pues no, mi barco siempre ha sido del mismo tamaño que tiene".
 
En la misma línea, la complejidad de esta cinta no puede asimilarse a un capricho; sus logros cinematográficos se deben en buena medida a saber coordinar --sin desnaturalizar-- diferentes niveles narrativos, que se jerarquizan y caracterizan en función de su ubicación en una estructura geométrica. Al respecto, más que un homenaje, las alusiones al universo de M. C. Escher son una declaración de principios.
 
Sí pueden, sin embargo, resultar desconcertantes toda una serie de citaciones complejas en medio de tantos tiroteos y persecuciones, los unos excesivos y las otras farragosas. El efecto Babel, que consiste en pasar a las antípodas tan sólo porque se cuenta con los medios para hacerlo, ha contribuido al temor de que cierta prosopopeya en la producción haya impedido el surgimiento de una película aguda y duradera. Sólo con el tiempo se podrá confirmar la validez del segundo adjetivo. Sobre la eventual agudeza de la cinta trataremos a continuación.
 
La impaciencia que a veces puede producir El origen se debe en buena medida a una historia principal con poco poder de convocatoria. En efecto, ¿qué nos va en que se logre hacer daño a un simpático y joven magnate que atraviesa tal vez por el peor momento de su vida? Entre el maquiavélico Saito (Ken Watanabe) que contrata la misión y el angelical Fischer (Cilian Murphy) que la padece, el segundo es de lejos más recomendable que el primero, que se ve que miente como respira.
 
La película es sin duda una cinta de acción, pero una cuyo interés se encuentra en representar un laberinto que a cada instante puede colapsar, con un minotauro llamado Mal (Marion Cotillard), cuyo nombre revela sin ambages lo que representa, y en torno al cual se sitúa la fuerza onírica y cinematográfica de la obra en su conjunto. Se trata de la difunta esposa del protagonista, cuya expresión subconsciente revela las proporciones del nivel de tensión psicológica que afronta aquel, quien de manera explícita en esa interacción no está más que afrontándose a sí mismo personificado por el recuerdo de aquella. No hay pues una historia de amor sino un fantasma enfrentado mediante una proyección de autor. En este marco, el personaje interpretado por Marion Cotillard es crucial en el engranaje, pues representa la culpa de Cobb, que es tal vez el más fuerte y devastador sentimiento que pueda conocer la consciencia. Es asimismo real hasta en el más profundo de los sueños, que por su presencia se torma entonces en pesadilla. En ocasiones, en efecto, la culpabilidad puede llegar a ser un aspecto renegado del ámbito personal, contando por ende con acceso a información privilegiada pero gozando también del blindaje de la autoconservación con el que se protege todo ser vivo; no por caer en la psicosis se tiende también al suicidio.
 
Al respecto es notable la relación de la cinta de Nolan con Mulholland Drive; considerando que las proyecciones de la consciencia dentro de los sueños son el motor subterráneo de ambas cintas, vale la pena preguntarse hasta qué punto se puede llevar la comparación, y si es posible hacer analogías. De hecho, la rubia Betty (Naomi Watts) describe en la cinta de Lynch su entorno como un 'dream place', sintetizando con la propiedad de un diccionario el lugar donde también se encuentran Cobb y sus secuases.
 
Por su parte, es explícita la invitación en El origen a considerar su universo como el efecto de un sueño. De los cinco niveles que se nos presentan --la vigilia, el triple sueño y el limbo-- el primero viene a ocupar menos del 10% del tiempo de la cinta, y su único gran aporte a la trama es la muerte del padre del millonario Fischer; todo el resto sucede o se cuenta en el contexto de una realidad onírica. Ahora bien, ¿podría suponerse asimismo que la declarada vigilia de la estructura de la trama no sea más que otro sueño de la larga cadena? En ese sentido, la persistencia del trompo de Cobb --que es su detector personal de sueños-- significaría que el autor contempló la posibilidad de que quisiéramos recorrer el acertijo con esa respuesta en mente. Como la difunta esposa del protagonista, el resto de los personajes sería en este contexto una gran masa de representaciones de un sólo Cobb, que tal vez ni así se llame.
 
¿O estará insistiendo con dicho énfasis el director Nolan en la relación entre el cine y los sueños? De hecho, las escenas cuyo principio no se puede recordar, que le sirven a su protagonista para probar a la entonces aprendiz Ariadna que están en un sueño, son moneda corriente en la narración cinematográfica. En dos palabras, son la materia prima del montaje de una cinta, que según los entendidos es una de las más apasionantes etapas de la elaboración de una obra. En el sentido literal y en el simbólico, El origen puede requerir más espacio que el suministrado por el número de sus escenas o sus dos horas largas de duración. ¿No resulta así, por ejemplo, curiosamente coherente que el personaje de Ariadna no sea más que Cobb de joven, a quien por un lado el soñante original idealiza, pero por otro --a través de Mal-- recela con violencia y desea incluso asesinar? ¿No es asimismo claro que lo que ella esconde en la casita de muñecas del limbo (el trompo), es un detalle aun más inconfesable de la vida del propio Cobb, que se expresa en una culpa que por no poder ser evocada se considera olvidada?
 
Si se agrega a lo anterior que son buenas las dos actuaciones que deben serlo (las de Di Caprio y de Cotillard), se podría concluir que además de ser la película del año, El origen es una cinta intachable. Aunque no serlo está lejos de ser un pecado, esta obra de Nolan tiene sin embargo algunas dificultades que desconciertan cuando uno regresa a ella para hacer preguntas. En ese sentido, ¿se puede o no salir del limbo? En una parte de la cinta se da a entender que quien allí cae se queda para siempre, pero en otros pasajes sus habitantes logran extraerse muriendo, que es una manera de despertar de cualquier sueño banal. Por su parte, tampoco resulta claro por qué se requirió de un viaje transoceánico para sembrar la idea en Fischer si --como se nos explica-- entre más profundo es un sueño más despacio pasa el tiempo. Con unas cuantas horas de letargo habría bastado para tener días en el segundo y semanas en el tercer niveles de sueño. Por último, ¿cómo es que sólo resulta herido uno de los siete durmientes de una camioneta acribillada y con impactos de bala cada pocos centímetros?
 
Pese a esos extraños desaciertos, o justamente para buscar una eventual explicación a ellos, es esperable que se estudie con juicio esta cinta junto a otras obras de "sospecha sobre lo real", en una lista encabezada por las ya clásicas Matrix y Total Recall.

Comentarios

Para comentar usted debe estar estar registrado, ingresar ó registrarse.