Nombre: Harry Potter y las reliquias de la muerte: parte 1
Categorías: Drama, Acción, Animación, Fantasía, Misterio, Basado en una novela, Familiar
Director: David Yates
País: Reino Unido
Año: 2010

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Samuel Castro * * *

Harry Potter y las reliquias de la muerte: parte 1 (2010)

Se nos creció este muchacho

¿Cuántas sagas de 7 libros conocen que hayan sido llevadas con éxito al cine? ¿Y cuántas veces, hemos podido observar a un grupo de actores principales que crecen con sus personajes durante más de una década? Por eso, cada vez que se estrena un nuevo título de Harry Potter, la crítica sobre la cinta debe convertirse en una comparación histórica más que en un análisis cinematográfico normal y no se pueden evitar preguntas como qué tan buena es con respecto a las demás o qué tanto han mejorado Daniel Radcliffe, Emma Watson y Rupert Grint desde su última encarnación como Harry, Hermione y Ron. El problema es que cada vez le pedimos más a la saga porque tanto sus protagonistas como sus espectadores nos hemos convertido en seres menos inocentes. El problema, pero también el reto.

De ahí que sea tan satisfactorio ver la primera de las dos películas que compondrán Harry Potter and the deathly hallows. Porque sin tener ese asombro irrepetible de Harry Potter and the sorcerer’s stone, ni la personalidad única de Harry Potter and the prisoner of Azkaban (película que demostró que incluso en producciones por encargo un gran director, como es Alfonso Cuarón, puede dejar su marca propia) esta nueva entrega del aprendiz de mago tiene más virtudes que defectos y es mucho mejor adaptación del texto original que los largometrajes que lo intentaron con los libros cinco y seis de la serie.

Por un lado, es la muestra de que a veces se obtienen buenos resultados con objetivos malvados. Con la intención de no matar a la gallina de los huevos de oro hasta no retorcerle el pescuezo todo lo que se pudiera, las directivas de Warner decidieron que el séptimo libro se filmaría en dos partes (doble recaudación, doble premiere de media noche con fans amaneciendo en la calle). ¿Si su intención era, como dijeron públicamente, “respetar a los fans y darle al séptimo libro la importancia que se merece”, por qué no se les ocurrió hacer algo así antes, con las novelas que eran tan extensas como el capítulo final? Como sea, la decisión permitió que ese frenesí narrativo y recortador de escenas importantes de los libros que tanto mal había hecho en la quinta y sexta entrega, aquí se redujera al mínimo, lo que permite ver, tal y como ocurre en las novelas, la evolución del carácter de los personajes. En el texto original, por ejemplo, los adolescentes pierden mucho tiempo en la búsqueda de los horrocruxes y en el camino enfrentan días de espera en los que el desánimo y la angustia van mellando su ánimo. Aquí también. Con la ayuda de la extraordinaria fotografía de Eduardo Serra, que se esfuerza en hacernos sentir el frío de las cosas y la maldad de los seguidores de Voldemort que se toma el ambiente, observamos a los tres muchachos convertirse, por fin, en adultos capaces de reflexionar sobre sus sentimientos y sobre la misión que han asumido.

Por fortuna, ante los nuevos desafíos actorales de la historia los jóvenes protagonistas salen airosos. Si en las primeras películas era Emma Watson quien se destacaba como mejor intérprete, las cargas se han nivelado y casi nos da orgullo ver que Rupert Grint es menos propenso a las muecas tontas y que Daniel Radcliffe abandonó la insipidez emocional que se le había vuelto una costumbre. Es como si al tomar conciencia de que van a abandonar papeles que han sido una carga y una bendición al mismo tiempo durante casi la mitad de sus vidas, hubieran decidido hacerlo demostrando que son verdaderos actores. Con sus interpretaciones mejoradas, sumadas a la usual solvencia del resto del reparto adulto (¡cuántas cuentas han pagado los actores británicos con esta historia!) y a la sensación de que David Yates se ha asentado como director y está aprendiendo cuándo es necesaria la pirotecnia de los efectos especiales y cuándo hay que darle tiempo al drama (como en las conversaciones de los muchachos en la tienda de campaña) tenemos por fin la combinación entre espectáculo e historia que se necesita para estar a la altura de lo conseguido por J.K Rowling en la saga literaria.

Cuando comienza la película, la adultez ha llegado a las vidas de Harry, Hermione y Ron con la dureza que tiene en la vida real. No hay esta vez escuela de magos en la cual refugiarse, pues tienen una misión más importante que cumplir. Por eso Harry Potter and the deathly hallows es ya, mucho más que diversión infantil (lo que puede explicar cierta indefinición en el tono de algunos pasajes). Cuando los mortífagos irrumpen en la fiesta de matrimonio a la que asistían los jóvenes, no hay vuelta atrás, sólo el camino solitario que los lleva a las distintas reliquias en que Voldemort ha guardado pedazos de su alma. El público ya no se divierte como en las primeras películas, pero no porque le disguste lo que ve sino porque está entregado a la historia y está menos interesado en “el mundo mágico”.

Habrá, como siempre en las cintas de Harry, persecuciones (resueltas esta vez con mayor solvencia narrativa aunque sin abandonar todavía la innecesaria rapidez en la edición) y batallas. Personajes secundarios que aparecen para complicarles la vida a nuestros protagonistas (a veces insulsamente desperdiciados). Momentos de tensión en los cuales la música de Alexandre Desplat (un refuerzo de lujo para cerrar con broche de oro una saga que ficho en su comienzo al siempre genial John Williams) funciona como un mecanismo de relojería. E incluso una pieza de orfebrería inolvidable: la preciosísima animación con la que nos cuentan “El cuento de los tres hermanos”. Todos estos detalles, que han convertido a Harry en una de las sagas cinematográficas más exitosas y populares de todos los tiempos funcionan aquí casi a la perfección. Pero lo mejor de todo es que al final, cuando la historia llega a ese momento de incertidumbre que con buen tino el guionista decidió utilizar para partir la historia, sentimos que vimos una película que valió la pena y no que estuvimos en un parque de diversiones, como pasó en los últimos años.

No es Harry Potter and the deathly hallows la mejor de la saga. Carece a veces de imaginación y audacia. Pero es la prueba de que un blockbuster también puede ser un relato bien contado. Y de que la magia del cine sigue sintiéndose incluso cuando la infancia es sólo un recuerdo.

Comentarios

27/12/2010:

Gracias por esta súper reseña Samuel :)

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