Nombre: Red social
Categorías: Drama, Biográfica, Histórica, Basada en un libro de no ficción
Director: David Fincher
País: Estados Unidos
Año: 2010

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Samuel Castro * * * *

Red social (2010)

Buenas ideas, malas personas

“Probablemente vas a tener mucho éxito con las computadoras. Pero a través de la vida vas a pensar que no le gustas a las chicas porque eres un nerd. Y yo quiero que sepas desde el fondo de mi corazón, que esa creencia será falsa. Realmente no les vas a gustar porque eres un completo imbécil”.

Aquellos directores que todavía creen que las películas significan alguna cosa, que el cine transmite ideas a quienes lo ven, saben que la primera escena de un film es trascendental porque cuando está bien construida logra simbolizar el sentido completo de la historia. David Fincher, un perfeccionista consagrado ya como autor, un director capaz de reflexionar sobre la condición humana dentro del cine de género (Se7en es un poema lúgubre acerca de por qué la maldad sí triunfa en un mundo donde hay que perder toda esperanza al entrar) junto a Aaron Sorkin, su guionista, escogió este parlamento, en el que una muchacha enojada con la obsesión de su novio por ingresar a toda costa a la élite de la Universidad de Harvard lo insulta para terminar con su relación, como el cierre de la primera secuencia en The social network y el detonador narrativo de lo que vendrá después.

Un diálogo largo (ya es una rareza tener diálogos de esta longitud en una película norteamericana con ambiciones comerciales). Una acusación. Una profecía. Porque a partir de ese momento, lo que veremos es, ni más ni menos, que la confirmación de lo que puede hacer un completo imbécil, que es un genio de la programación, cuando tiene a la venganza y al rencor como motivaciones. Mark Zuckerberg saldrá del bar, creará una aplicación que le permitirá a los estudiantes comparar rostros de sus compañeras y votar por quién es la más bonita, lo que le valdrá el rápido reconocimiento entre sus pares; aceptará la invitación a programar una red social exclusiva para estudiantes de Harvard, que un trío de estudiantes oligarcas ha ideado para luego dejarlos tirados; y finalmente creará, con el apoyo económico de su amigo Eduardo Saverin, una página de internet que hoy, siete años después, cuenta con 500 millones de usuarios: Facebook.

Si alguien podía escribir un diálogo como ese, que a través de palabras casuales, que parecen espontáneas, nos revela algo más profundo, era Aaron Sorkin, el mismo guionista que en A few good men hizo a Jack Nicholson gritarle a Tom Cruise que no podíamos manejar la verdad y que convirtió las vicisitudes diarias del presidente de los Estados Unidos y del gobierno norteamericano en un drama televisivo que enseñaba a entender el mundo real en The west wing. Sorkin, que parece escribir sus guiones con bisturí en lugar de lápiz, logra con sus personajes soberbiamente brillantes (todos los que hablan lo son, no sólo los protagonistas) demostrar una vez más que no importa si lo que nos cuentan las películas que pretenden recrear un episodio de la “historia” dicen la verdad o no (a lo mejor es cierto que no podemos manejarla), lo importante es que se sienta verdadero. Y lo logra en toda la cinta, aunque estemos en medio de una reunión de abogados o en el patio de la Universidad presenciando una novatada. Gracias a las palabras que escoge, una conversación genera las mismas emociones en el público que un duelo o una persecución en un thriller corriente. Son sus parlamentos, combinados con una edición de ritmos justos, la que permite que en vez de aburrirnos, los pleitos legales que causan las demandas que enfrenta Zuckerberg (hechas por los oligarcas que dejó botados y por su mismo socio Eduardo Saverin) tengan algunos de los momentos dramáticos más intensos de la cinta.

Pero los buenos diálogos necesitan intérpretes que les impriman carácter y credibilidad. Por fortuna, el reparto de The social network es una de sus mayores fortalezas, con actores que además de parecerse físicamente a sus modelos reales definen el carácter de sus personajes en un par de escenas. Tanto Jesse Eisenberg en la piel de Zuckerberg, como Andrew Garfield y Justin Timberlake son seguros candidatos en las categorías actorales de la próxima temporada de premios norteamericana. Como lo ha hecho desde Fight club, la directora de casting de Fincher, Laray Mayfield se luce en la escogencia de un reparto inesperado, del que pocos habrían adivinado interpretaciones de alto nivel. Nos asombra Eisenberg con la combinación de ingenuidad sincera, desprecio por la gente “común” (los que no son tan inteligentes como él) y seguridad en sí mismo que le da a su personaje protagónico. Nos impresionan la evolución emocional de Eduardo Saverin y la complejidad (tanto de dificultad como de complejos) de un tipo como Sean Parker (aquel que fundó Napster y que también hizo parte de la historia de Facebook). Nos desconcierta saber que gente tan brillante pueda ser tan cruel, tan inocente y tan estúpida.

Porque finalmente de lo que trata The social network no es, como creen algunos, acerca de la dinámica de las redes sociales. Esta no es una película que un adolescente puede ver con la misma desatención con que navega en su perfil o con la que escribe un trino, ni la que le va a develar a los departamentos de mercadeo cómo hacer campañas publicitarias exitosas. Como todos sabemos qué es Facebook, asistimos a la sala para que nos muestren la historia detrás de las cortinas  con el voyeurismo usual de nuestros tiempos (el mismo que nos hace mirar realities y comprar revistas de chismes sobre “famosos”) y nos expliquen cómo se ganan miles de millones de dólares antes de cumplir 30 años. Pero la cinta triunfa porque su relato se centra en preguntas que le importan al ser humano hoy y hace mil años, a Mark Zuckerberg y a Ulises: ¿qué precio estamos dispuestos a pagar por el éxito?, ¿sacrificaríamos incluso a nuestros amigos por satisfacer nuestras ambiciones?, ¿traicionando a quienes nos respetan nos clavamos nosotros mismos el puñal?

Aquellos espectadores que todavía creemos que las películas significan alguna cosa, que el cine transmite, de formas inesperadas, el pulso de los tiempos en que se hace, sabemos que The social network es una película que describe el mundo que nos tocó en suerte, pero que a la manera de Shakespeare, le hablará a los hombres de cualquier época. Les dirá, para nuestra desgracia, que este comienzo de siglo está definido por la figura de un hombre que al no saber cómo vivir una vida de verdad, decidió inventarse una hecha de bytes, que se mira por una pantalla. Y que muchos, millones, prefirieron sumar amigos, a conseguirlos.

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