Nombre: 24 horas de fiesta
Categorías: Documental, Basado en hechos reales, Musical
Director: Frank Cottrell Boyce, Steve Coogan, Frank Cottrell Boyce, Liz Gallacher
Reparto:
Guión:
País: Reino Unido
Año: 2002

Otras reseñas para esta película

Pedro Felipe * * *

24 horas de fiesta (2002)

Así son las cosas en la pista de la vida

24 horas de fiesta trata sobre el ascenso, la cumbre y el lento ocaso de Mánchester, ciudad que (además de procesar el algodón del Imperio británico durante el siglo XIX) fue entre los años 1970 y 1990 la meca del rock, el punk y el rave. Aunque su eje omnipresente es el presentador/productor/pregonero Tony Wilson, interpretado por Steve Coogan, el personaje tiene el buen gusto de matizar su presencia afirmando que "él no es un protagonista de su historia".
 
La trama adopta el sano principio según el cual las cosas sucedieron como sus protagonistas las recuerdan, dejando asimismo un buen margen de maniobra para que el guionista y el director organicen como mejor les parece la semblanza histórica y musical de la ciudad. El resultado es una obra sincera y sabrosa, con un buen ritmo y algunos momentos brillantes, que cumple con su propósito de presentar una radiografía de la movida mancuniana a lo largo de tres décadas.
 
Un célebre pasaje de la Consolación de la filosofía de Severino Boecio, que trata sobre las inevitables y cíclicas vueltas de la fortuna, tiene por su parte la función de estructurar la narración, que es en forma de arco. En efecto, la famosa frase es recitada por un mendigo en un túnel en pleno centro emocional de la cinta, lo mismo que por el ya muy endeudado protagonista, cuando hacia al final debe presentar el programa de concurso "La rueda de la fortuna". Por último, en la introducción de la película, cuando el joven Wilson se refiere a Ícaro durante su accidentado y gracioso vuelo en ala delta, también se evoca la caída que sucede a la subida, que son proporcionales. 
 
Siguiendo esa estructura narrativa, 24 horas de fiesta no explica las causas de los hechos narrados, limitándose a describir sin grandes pretensiones documentales una historia con personajes simpáticos, pretensiosos, histriónicos, pueriles, expresivos, hipócritas, sensibles, geniales, etc..Una precisa ambientación histórica termina de consolidar la notable producción de la obra, que pese a tomarse varias libertades narrativas en ningún momento descuida su cinematografía.
 
Hay sin embargo una razón por la que esta película puede no suscitar pasiones, y es debido a su rigor temático, lo cual tiene algo de contradictorio pues esa característica es esencial en su encanto. Sin embargo, creo que podrá resultarle esotérica a aquel que, como a mí, ni Mánchester ni la producción musical ni la movida de final de siglo le interese de modo particular. Pese a sus inapelables virtudes, 24 horas de fiesta no es necesariamente cautivadora para un espectador no iniciado.

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