Nombre: El infierno
Director: McG, Luis Estrada, Damián Alcázar, McG
Reparto:
Guión:
Año: 2010

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Pedro Felipe * *

El infierno (2010)

El infierno expone sin paliativos la peor de las realidades mexicanas. Cuenta el regreso del Benny García a su pueblo natal, San Miguel Narcángel, del que emigró dos décadas atrás a los Estados Unidos. Aunque allí le fue mal, pronto es claro que a su tierra le ha ido peor. De hecho, han sido captadas por el narcotráfico todas sus instancias y personas, reinando en cada esfera la corrupción, el poder mafioso, y la violencia más descarnada. Su hermano "El Diablo", su mejor amigo de infancia "El Cochiloco", e incluso su sobrino y tocayo Benjamín, han sido o son empleados o perseguidos (o ambas cosas y al mismo tiempo) por el cartel de Los Reyes, encabezado por don Rogaciano, quien también es el benefactor de San Miguel.

La trama propiamente dicha comienza cuando el Benny, tras desempeñarse como mecánico de un decadente taller sin clientes, pasa a trabajar para Rogaciano, asumiendo el consecuente alias de "El Benny". Sin duda las penurias que ha pasado ayudan a inclinar la balanza de sus principios, pero los hechos dan a entender que la razón de su implicación en la mafia es el amor de Lupe, una guapa y altiva prostituta cuyo hijo se ha robado la troca (camioneta, de truck) del gobernador. Para liberarlo, las autoridades requieren que se les lleve cincuenta mil pesos (es decir cuatro mil dólares) en un lapso ridículo de dos horas, que el protagonista está dispuesto a conseguir como sea.

Como en los viejos tiempos, el encargado de resolver la cuestión será "El Cochiloco", quien ahora presenta un aspecto patibulario y posee una billetera infinita. Antes, sin embargo, advierte a su recién llegado carnal que el precio será adherir a la organización de Rogaciano, a quien estará obligado a ser fiel hasta la muerte. El resultado inmediato será que "El Benny" y "El Cochiloco" se la pasen juntos, platicando de todo y de nada, como los viejos conocidos que eran. Con excepción, por supuesto, de los momentos en que por sus obligaciones contractuales deben ejecutar truculentas misiones.

La cinta tiene a su favor que la historia contemporánea de México sea una de las claves para entender el hemisferio americano durante el próximo cuarto de siglo. Por haber pasado y seguir pasando nuestro país por situaciones similares, la temática de El infierno debería de por sí constituir una invitación a ver la cinta. La participación de Damián Alcázar, quien interpretó a Campo Elías en Satanás, debería por su parte llevar a pensar que un tema tan pertinente está en buenas manos.

Pero sucede lo contrario. Tanto el guión como la puesta en escena presentan graves descuidos, que antes de pasar la mitad de la historia ya hacen pensar en una película de acción y aventuras ambientada en hechos de actualidad. En efecto, en un ambiente de paranoia y de sospecha extremas, donde cualquier descuido se paga con la vida, los personajes de El infierno parecen ser los últimos en darse cuenta de que el asesino es justamente quien tiene es sus manos la metralleta humeante. A nadie en realidad parece importarle morir, ni siquiera en medio de escandalosas torturas.

En la triste escena de la emboscada, como notable ejemplo, quienes asechan se disponen estratégicamente ¡para ser masacrados por sus hipotéticas víctimas! De hecho, estas tienen tiempo de salir del auto, desenfundar sendos fusiles y cazar a los cazadores con una sola ráfaga. Y un poco antes en la historia, ¿no es impensable que los sicarios den un arma bien cargada a su víctima para que se vengue de quien lo traicionó, para luego sí llevarlo como borrego a que lo descuarticen? El mundo del crimen puede ser odioso y complejo, lo mismo que los criminales banales y primarios. Pero no tontos.

El personaje del Benny es por su parte una amalgama de anécdotas poco conexas, un tipo ingenuo y simpático como sólo pueden serlo los héroes de la época de oro. Es un sicario imposible, impresionable y generoso, cuyas decisiones desconciertan por su instantaneidad alegre, lo cual resulta particularmente difícil de explicar en una película que resulta larga. La gran pregunta es ¿por qué el camaleónico Alcázar, en vez de darle algo de vuelo a un guión torpe, termina subrayando sus deficiencias?
 
A mi juicio, de la obra son muy rescatables los oaxaqueños degolladores perfectamente integrados a su medio (espeluznante), las escenas del principio cuando Benny redescubre el pueblo de su infancia convertido en un arrabal desolado, y tal vez la interpretación de El Diablito, que entre tantos excesos tiende a quedar oculta.

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