Nombre: El laberinto del fauno
Categorías: Drama, Aventura, Fantasía
Director: Guillermo del Toro
Año: 2006

Otras reseñas para esta película

Martín Franco * * * *
Javier Moreno * * * *
Mauricio Reina * * * ½

El laberinto del fauno (2006)

La salida

Con Sergio, cuando niños, teníamos un parque "secreto" al que íbamos por las tardes a aprovechar una suntuosa e intrincada pista de bicicross que nadie -nadie- utilizaba Dios sabe por qué. O bueno, tal vez sí haya una razón. Había un señor sentado en un banco al lado de la pista, junto a la última curva. Era un señor no muy viejo, de barba, gorra y corbata, que dibujaba cosas en un cuadernito; cosas que parecen, desde acá tan lejos, ejercicios de geometría proyectiva.

El señor pasaba sus tardes junto a la pista mirándonos correr y de vez en cuando revisando su cuaderno como si se le ocurriera una idea y quisiera registrarla. Una idea que era usualmente representada por alguna linea curva, o acaso una recta o un círculo, que trazaba a lapiz con extremo cuidado y luego apreciaba con convencimiento, como si estuviera más cerca de ese algo que buscaba sobre la hoja. ¿Un punto perdido tal vez? ¿Una puerta? ¿Una señal?

Un día un niño se acercó al señor y le habló. No me acuerdo qué le dijo. El viejo lo miró, buscó algo dentro de su bolsillo e intentó entregárselo. Una conversación se inició, pero fue interrumpida bruscamente por una mujer que llamó al niño a gritos y luego, cuando lo tuvo a la mano, agarró del brazo con fuerza al tiempo que le decía algo sobre no hablar con desconocidos y mucho menos con ese señor. El niño se dejó arrastrar sin chistar. No lo dejaron salir de la casa en varias semanas. Treinta y cinco años después se suicidará y a mí me parece que será por eso que pasó en el parque, pero no hay manera de saberlo.

O bueno, sí la hay. Después de todo, el niño era yo.

***

"You see, she had absolutely nowhere else to go."

--V.N.

Leer para escapar. Leer para refugiarse. Yo no sé si lo hice pero a veces, en mis memorias falsas, me imagino haciéndolo; leyendo encerrado en mi cuarto alguno de mis libros infantiles recurrentes. Tenía no más de cinco. No sé bien de qué me escondía, pero estoy seguro que esas historias me mantenían (y me siguen manteniendo) a salvo.

Los libros son puertas de salida. En eso coincido con Ofelia, la protagonista del Laberinto del Fauno.

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Las películas de Guillermo del Toro siempre parten de premisas interesantes. Este mexicano gordito y jovial tiene una imaginación inmensa y por eso es, tal vez, uno de los mejores directores de cine fantástico contemporaneo. Sin embargo, descontando El espinazo del diablo, que me encanta, nunca he logrado terminar ninguna de sus películas completamente satisfecho. Técnicamente, incluso las primeras, como Cronos, no tienen nada qué reprochar. Actoralmente tampoco. La fotografía es por lo general lindísima. Mi problema con las películas de Del Toro es que siempre siento que pudieron haber sido mucho mejores si las hubieran pensado con más calma. Siempre hay personajes desperdiciados, siempre hay situaciones tontas y/o predecibles que hubieran podido ser evitadas, siempre hay misterios de resolución obvia a la Código da Vinci, siempre hay algo que me sabe a exceso innecesario.

Afortunadamente, estos detalles son fácilmente pasados por alto si uno va a verlas de buen ánimo. A la larga lo bueno ahoga lo malo sin problema y las historias de realismo fantástico-macabro de Del Toro ganan la partida limpiamente, sin trampas.

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El laberinto del fauno parece por instantes una película infantil. Una película infantil, hágase The Dark Crystal, que de vez en cuando se transforma en una película de Cronenberg, digamos A History of Violence, ambientada en los años finales de la guerra civil española, cuando ya no había nada qué hacer.

¿Cuál es el público pensado para esta película?

¿Cada película crea su público?

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"Unfortunately, the anfractuosity of some labyrinths my actualy prohibit a permanent solution. More confounding still, its complexity may exceed the imagination or even the designer. Therefore anyone lost within must recognize that no one, nor even a god or an Other, comprehends the entire maze and so therefore can never offer a definitive answer."

-- Zampanò, The Navidson record

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A ese señor lo he vuelto a ver muchas veces. En Bogotá, cuando estudiaba de la universidad, me lo encontraba con regularidad caminando por la calle cuarenta y cinco, a la altura de la carrera veinte. Pedía dinero.

En Urbana lo vi, qué importa que no sea el mismo, sentado en el café de la calle Green trabajando con especial ahinco en lo que parecía ser el cierre de su trabajo. Trabajaba sentado en el sofá mientras veía reportajes de Al-Jazeera. Decía, cuando alguien le preguntaba, que era profesor del departamento de matemáticas. Mentía: sólo vivía debajo de una escalera en Altgeld Hall. Un día lo descubrieron y lo expulsaron del campus. Semanas más tarde dejó Urbana para siempre. Yo lo seguí, pero lo perdí de vista al llegar a Cairo.

En París, por lo que primero creí casualidad y luego tuve que aceptar como irremediable destino, me volvió a encontrar. Estaba el tren hacia Charles de Gaulle. Olía mal. Tenía varios cuadernos en una bolsa del Monoprix; buscaba algo en uno de ellos con desespero.

Hoy lo vi caminando por la ronda Sant Antoni. Cantaba "There is a starman waiting in the sky...". Se reía. Le contaba un chiste a una prostituta quinceañera. Acordaban un precio.

Conjetura: Asistirá a mi funeral.

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