Nombre: La mentira original
Categorías: Comedia, Fantasía, Romance
Director: Ricky Gervais
País: Estados Unidos
Año: 2009

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José Fernando Flórez * * *

La mentira original (2009)

Un invento extraordinario

Imagine un mundo donde las personas están genéticamente diseñadas para decir la verdad: son físicamente incapaces de mentir. Tanto que ni siquiera este verbo ni el sustantivo que lo inspira, existen. Un mundo sin eufemismos ni ambages: cruda y cruelmente veraz. Un mundo donde los médicos les dicen a sus pacientes sin reparos que ese mismo día morirán; donde a un ancianato lo llaman “sad place for hopeless people”; donde la Coca-Cola se promociona como un delicioso veneno; donde los casinos advierten a sus clientes que apostar es prestarse a una estafa; donde los policías de tránsito, para ahorrar tiempo con los conductores de autos baratos, los multan jactándose de su obvia imposibilidad para cubrir el monto del soborno; donde en la primera cita la mujer le dice con naturalidad que no lo encuentra atractivo, que usted se viste de lo peor, que su material genético en líneas generales apesta y por lo tanto una relación a largo plazo resulta inviable porque no quiere condenarse a tener hijos feos, chatos y con gafas, mientras lo llama “loser” a intervalos aleatorios sin inmutarse, sencillamente porque es la palabra que usted le inspira con mayor espontaneidad:  loser loserloser

La profesión de Mark Bellison es screenwriter. En este mundo insoportablemente cierto, el cine sólo puede consistir en algo patético: la lectura en voz alta frente a una cámara de episodios históricos fidedignos. Fuera de a ser un pésimo guionista —como todos—, Mark está condenado por la horripilante sinceridad del mundo en que vive a morir como un perdedor. Nació gordo y bajito, y ninguno de sus esfuerzos por mejorarlo (¿cómo puede ser alguien carismático sin mentir?) podrá funcionar. Es vox populi que su jefe está a punto de despedirlo desde hace meses, pero aún no lo hace por lástima. Ambos lo saben, sólo esperan a afrontar… la verdad. 

Como si tanta verdad no fuera suficiente, Mark está locamente enamorado de Anna (Jeniffer Garner, la mamacita de la serie Alias), una mujer que nunca podrá tener porque necesita ofrecerle algo… cierto. Sabe que no podrá seducirla salvo que… le mienta.

Es así como Mark inventa la mentira. Primero para conquistar a Anna. Luego, para consolar a su mamá moribunda diciéndole que existe el cielo, un rumor que se difunde convirtiéndolo en profeta, el único en el mundo que puede describir en detalle cómo funciona el más allá. Gracias a su nuevo talento, Mark se hace rico y famoso cuando escribe el primer screenplay ficticio, es decir, crea el cine.

Desde el primer momento los personajes de esta película chocan porque parecen robots, resultan artificiales. Pronto, lo que parecía un defecto en la actuación se revela como el mayor acierto de la película: los seres humanos, sin la posibilidad de mentir, seríamos sencillamente… ¡inverosímiles!

“No mentirás”, ordena el octavo mandamiento, pero, sin mentiras, ni siquiera la Biblia podría existir.

Aquí la mentira no se aborda como un signo de decadencia (Liar liar, 1997) sino de prosperidad y, sobre todo, de humanidad (como en La vita è bella, 1997) ¿Quién se atrevería a cuestionar el bien fondé de este tipo de mentiras? Desde esta perspectiva, la mentira es bondad, es la salvación del hombre.

Esta historia se me antoja un homenaje cinematográfico al mejor ensayo de Wilde, The decay of lying. La verdad no es el primer problema cultural del hombre, como sí el declive de la mentira: la falta de creatividad en quienes más la cultivan, es decir, fundamentalmente los artistas. (Algunos reclamarán que los políticos también, pero no, los políticos la envilecen).

La mentira es uno de los inventos más extraordinarios del hombre. Sin ella, las sociedades no podrían funcionar. La política, por ejemplo, es esencialmente el arte de administrar las grandes mentiras sociales: las ficciones ideadas para legitimar el hecho de que unos pocos mandan sobre el resto (al pasquín de moda durante los últimos dos siglos le dicen “democracia”). 

Sin la mentira el arte carecería de sentido. Sería como las insufribles “películas ciertas” que hacía Mark, una triste copia de la realidad. El arte, la principal cura estética contra la incertidumbre esencial del ser humano, se nutre fundamentalmente de su capacidad de mentir, que es el verdadero motor de la creatividad.

Imposible no evocar la cuarta doctrina del esteticismo defendido por Wilde: “Lying, the telling of beautiful untrue things, is the proper aim of Art”.

Una pregunta al aire para terminar: ¿acaso alguien sabe en este mundo, con certeza, algo?

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Twitter: florezjose

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