Nombre: El origen
Categorías: Drama, Acción, Ciencia Ficción, Misterio
Director: Christopher Nolan
País: Estados Unidos
Año: 2010

Otras reseñas para esta película

Samuel Castro * * * ½
Pedro Felipe * * * ½

El origen (2010)

Buscando al Ciudadano Kane

Christopher Nolan sabe cómo lograr que una imagen se quede en nuestros sueños: ahí está el payaso deforme que se burla del superhéroe robándole una frase a Jerry Maguire; el hombre teñido de rubio que se mira al espejo y no recuerda a qué hora se hizo esos tatuajes que parecen avisos; el policía al borde del suicidio, luchando contra la luz que no lo deja dormir. Como un mago que busca acrecentar su prestigio a toda costa, Nolan va por el mundo desde hace un par de años intentando que cada nueva historia que filma sea más asombrosa que la anterior. Y como el éxito lo ha acompañado, los estudios dejan que sus presupuestos crezcan con desmesura, porque hasta ahora el mago no ha fallado nunca con el truco que más les interesa: la multiplicación de los billetes.

Por supuesto que Inception es grandiosa. Y que Nolan es un muy buen director. Basta con acompañar a Dom Cobb, el ladrón que es capaz de robar ideas ocultas en las mentes de importantes ejecutivos, metiéndose en sus sueños como un James Bond onírico, en su caminata por las calles de París con Ariadne, la brillante alumna de arquitectura que le ha recomendado su suegro, para ver levantarse de repente una calle entera que se ubica en el cielo y como en aquel poema/cuento de Borges, “Del rigor en la ciencia”, convertirse en un mapa que comprende las dimensiones exactas de la París que queda abajo. Ya esa imagen es suficiente para que soñemos con Inception días después de ver la película. Si a eso le sumamos palacios que se destruyen por terremotos cerebrales, playas inmensas llenas de ruinas que alguna vez fueron un imperio para dos amantes, secuencias de acción hipnóticas, donde se lucha mientras se flota en el aire, Nolan cumple con su cometido: llena nuestras pupilas con momentos que se quedarán en la memoria cuando cerremos los ojos.

Esa caminata no es sólo una escena fantástica desde lo audiovisual (como curiosidad, las explosiones, que son reales y no digitales, se filmaron a 1000 cuadros por segundo, para que viéramos cada detalle de las partículas que vuelan por todos lados) sino estratégica desde la concepción del guión: como Ariadne es la única del grupo que no tiene ni idea de qué significa trabajar en el mundo de los sueños, al explicarle a ella, Cobb nos explica a los espectadores sin que se vea todo muy forzado. Mientras pasean y algunas escenas después, en el entrenamiento de la arquitecta, nos enteramos de que el escuadrón al que va a pertenecer puede hurtar ideas que los cerebros de sus objetivos ocultan como si fueran joyas dentro de cajas fuertes, que el trabajo que le ha encargado Saito (un Ken Watanabe nuevamente desperdiciado en un rol anodino) es hacer el proceso contrario: insertar una idea desconocida para que modifique el pensamiento de alguien. Además, nos cuentan contándole a ella, que los sueños, como el mundo en el que se inspiran, pueden compartirse y tienen sus propias reglas.

Cuando Ariadne descubra más adelante que Cobb no está contándole toda la verdad al equipo y que la aparición de su esposa fallecida puede dinamitar toda la misión, ya estaremos inmersos en una trama que fluye sin problemas. La supuesta complejidad de la película es más un mito para que los adolescentes que la ven sientan que son más inteligentes. Si uno entiende que se puede tener un sueño dentro de un sueño y que en cada nivel la duración del tiempo frente al “mundo real” se expande un poco más, sólo necesita poner atención y contar con los dedos para saber quién sueña a quién y en qué nivel se encuentran todos. Pero como Nolan se ha ganado el título de ser el hombre que “complejizo” a Batman, pareciera que a sus admiradores les da pena aceptar que el tipo es, igual que otros directores importantes como Hitchcock o Spielberg, un hacedor de entretenimiento de alta calidad.

Igual que ellos, Nolan ha conseguido que en su cine haya elementos comunes que en muy poco tiempo configurarán un estilo: la nieve como decorado favorito de acciones importantes, los protagonistas que arrastran un sufrimiento interno, una desazón que comprenden mejor de lo que dicen, la ausencia casi permanente del humor. Que el nombre de su personaje principal sea el mismo que tenía otro ladrón en su primer largometraje, Following, nos habla de un director-guionista cuyas obsesiones alimentan su trabajo desde el comienzo y de la conexión emocional que mantiene con lo que hace. Esa misma conexión que quiere producir en el público al permitirnos comprender cuál es la razón de que Cobb haya aceptado el desafío de Saito: todos nos conmovemos con un padre que quiere volver a ver a sus hijos. Sobre todo si el padre tiene el rostro de Leonardo DiCaprio, que por desgracia se está repitiendo en el rol del hombre cuyas preocupaciones no lo dejan vivir en paz.

Pero de lo grandioso a lo grandilocuente hay un pequeño paso, que a veces el director inglés está a punto de cruzar. ¿Para qué filmar en Tánger una secuencia que se resuelve en un callejón y que de resto se desarrolla en interiores? ¿Por qué en vez de gastar menos tiempo en describir paisajes y ciudades, no se tomó más minutos el guión en contarnos las motivaciones del resto del equipo? Es como si Nolan fuera a hacer un cómic sobre Inception en el futuro y la película fuera el prólogo a la serie dibujada, porque todos los personajes son reconocibles a primera vista, incluso étnicamente, pero al final no sabemos nada importante de ellos. Ni siquiera se toman la molestia de contarnos cuáles son los tótems que los salvan de perderse en la ilusión.

Y aunque el guión es muy interesante, como casi siempre ocurre con las historias complejas, el final decepciona. Todo ese esfuerzo, esos personajes, esas peleas, ¿para que el asunto de la idea que se inserta parezca un Rosebud al revés? Puede que Christopher Nolan esté intentando ser un nuevo Orson Welles, pero en el futuro, cuando el olvido y el tiempo hayan dejado a Inception en el lugar que se merece (incluso más abajo en calidad que The dark knight) nos daremos cuenta de que todavía faltan algunos años (y algo más de originalidad) para que Nolan cree su propio Citizen Kane.

Comentarios

26/08/2014:

Rosebud: https://www.youtube.com/watch?v=Q3hfQ2IOc8s

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