Nombre: El truco del manco
Categorías: Drama, Política, Musical
Director: Santiago Zannou
País: Espa
Año: 2008

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Samuel Castro * * *

El truco del manco (2008)

La justicia cojea y a veces no llega

¿Qué desgracia no seremos capaces de superar cuando la vida entera, diariamente, es una desgracia? La primera escena de El truco del manco, es una declaración de principios: durante varios angustiantes minutos espiamos, sin pudores ni vergüenzas, la intimidad de su protagonista, “Cuajo”, un joven contrahecho a quien la mitad del cuerpo no le responde. Estamos en el baño de su casa y en una secuencia que parece eterna lo vemos luchando contra sus limitaciones para ponerse debajo del chorro de la ducha, batallando contra la llave del agua caliente, sudando bajo el agua para intentar enjabonarse. “Cuajo” no se rinde. En su rostro se percibe la fuerza de una pelea cotidiana contra las circunstancias, que le ha templado el espíritu tanto como los músculos.

La España que vemos después de esta escena, a la que se enfrenta “Cuajo” con una temeridad optimista que desconcierta, es la que pocas veces se nos muestra en el cine español que llega a Colombia, la de la depresión económica y la drogadicción. Tal vez recordemos con sus imágenes las películas de Fernando León de Aranoa, como Barrio o Los lunes al sol, pero en este caso, tal vez porque los diálogos son menos sofisticados y líricos, se respira un aire de realismo mayor. En ese contexto de una Barcelona inhóspita y sucia, “Cuajo” le planta la cara a la vida con su música, puras rimas fuertes y bien pensadas, en un estudio de grabación que le cobra demasiado por unas cuantas horas de micrófono y consolas. Así que decide, sin que nadie le preste mucha atención o le dé esperanzas, crear su propio estudio. Para hacerlo cuenta con la ayuda de Adolfo, un ingeniero de sonido que siendo más alto y más acuerpado que “Cuajo” es en realidad el escudero de nuestro héroe.

Alrededor de estos dos personajes gira la fauna de la selva urbana que sólo sale a cazar de noche: los matoncitos estúpidos que se aprovechan de los débiles descuidados, los “mafiosos” secundarios, que saben usar el poder en su pequeño reino, los dealers cobardes que le venden droga incluso a sus amigos. Y aunque la realidad, cruel y sucia, es verosímil, lo más memorable de esta película pesimista es el lado luminoso de la luna: la cantante de copla urbana que confía en el dúo de conocidos y se apunta a grabar en su estudio aunque todavía sea una fantasía, la solidaridad de los obreros ilegales, que esperan todo lo que pueden para reclamar su paga, el cortejo nupcial  de vecinos que acompaña a “Chacho” (el amigo que gustosamente le sirve de chofer a “Cuajo”), con una alegría y una dignidad que no tienen las fiestas fastuosas, en su boda callejera.

No hay trabajo de actuación con el cuerpo en la figura del personaje principal. El actor que lo encarna, Juan Manuel Montilla, “El Langui” sufre realmente de la discapacidad que vemos en pantalla. Juan Manuel es el cantante principal del grupo español La excepción, y probablemente su voz se nos haga familiar cuando escuchemos su intervención en “Te extraño”, una de las últimas canciones de Andrés Calamaro. Tal vez por esto, algún sector de la crítica peninsular descalificó la “credibilidad” de la película, diciendo que no era muy convincente que un cantante de barrio utilizara palabras como “diáfano” en sus conversaciones. ¿No refleja un prejuicio como éste, venido de la élite cultural española, el tipo de doble moral y de desigualdad contra los que precisamente se opone esta cinta? ¿Será que los críticos están tan desconectados de la realidad que olvidan que existen artistas populares como “La mala” Rodríguez o Calle 13, que con un lenguaje rico y variado, analizan a la sociedad contemporánea mientras la ponen a bailar? Además, parece que estos personajes hubieran visto sólo el trailer de la película, pues las reacciones de “Cuajo” (contracción más digna del apodo que le pusieron en el barrio, “Renacuajo”) son tan creíbles que inevitablemente emocionan. Ver su gesto mientras  camina por la cuerda floja para conseguir el dinero que requiere la puesta en marcha del estudio, o escucharlo decir que a él, a él sobre todo, nadie venga a decirle que la vida no puede enfrentarse, son dignas del premio Goya que recibió como mejor nuevo actor.

Si su intención era destacar las falencias de la cinta, los críticos debieron fijarse en su resolución algo apresurada, o en lo gratuitas que se antojan algunas de las subtramas (como la historia de la mesera que se enreda con Adolfo y de repente deja de aparecer). Si querían criticar, les convenía decir que uno como espectador no se explica que el “Cuajo” que nos muestran, inteligente y decidido, haya soportado media vida con esa familia de mentecatos que tiene a su lado. Pero meterse con la supuesta “falta de apego a la realidad” en una cinta como El truco del manco, que desborda credibilidad en cada imagen y muestra el talento de Santiago Zannou (quien también sabe de superar barreras sociales, pues tal vez es el único director negro de importancia en el cine español) demuestra que a veces algunos críticos encuentran los insultos y olvidan los argumentos.

El segundo Goya que se llevó la cinta es precisamente para su director. Trabajando con una gran cantidad de actores naturales o de figuras que llegaban por primera vez al cine, triunfa en su orientación y nos regala momentos muy emocionantes, como los que siguen a la finalización de la construcción del estudio de grabación. Da lástima que tal vez por quererlo contar todo, por desear describir con amplitud el universo de su película, haya caído en la tentación de regodearse con la tragedia y la desesperanza, como Paul Haggis en Crash. Mucho mejor le va cuando logra combinar el humor crudísimo de sus personajes con las situaciones que viven. En esos momentos, la película encuentra el tono que mejor le sienta.

El tercer Goya que El truco del manco recibió de la Academia de Cine española, fue para su canción original, “A tientas”, escrita por el protagonista junto con el hermano del director. Y si uno ve el video entiende que funciona como una resolución onírica de la cinta. Un final donde respondemos que sí, que cualquier desgracia puede enfrentarse si la vida es una desgracia, que el héroe es aquel que su comunidad eleva en hombros y que, como dice la letra, “te puedes ahorrar, esas putas compasiones que no me hacen mal”.

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