Nombre: Gordos
Categorías: Drama, Comedia, Erótico, Comedia dramática
Director: Daniel Sánchez Arévalo
País: Espa
Año: 2009

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Samuel Castro * * *

Gordos (2009)

Razones de peso para el optimismo

Si los grupos de apoyo son como los vemos en las películas, se parecen mucho entre sí. “Buenas tardes, soy Juan Santos y soy adicto al poder”. “Buen día, soy Noemí y soy infiel compulsiva”. Hemos visto a decenas de actores recitar parlamentos similares. Pero es difícil recordar un grupo de apoyo cinematográfico donde luego de las palabras del terapeuta los visitantes se desvistan y nos muestren las libras de carne colgante que les sobran. Con ese comienzo contundente, lleno de peso, se inicia Gordos.

Conocemos rápidamente, mientras nos cuentan sus culpas, a los personajes principales de la historia: un miembro de la policía científica que ha recordado por fin que la mitad de los hombres de su familia murieron por exceso de peso; una joven integrante de una secta católica que desea que su novio la desee más y por eso quiere rebajar el ancho de su sombra; una mujer que siempre había sido flaca hasta cuando su pareja se fue a trabajar a otro país y la soledad la impulsó a comer. Y la estrella de todos: Enrique, el presentador de un comercial de televentas que promocionaba un milagroso producto para acabar con la piel de más, el Kilo away (que se complementaba con un programa de “pasos sencillos”, como por ejemplo, “aceptar el problema”, convertidos con gracia en la estructura narrativa de la película). Con ellos tendríamos más que suficiente para que un largometraje “normal” tuviera suficientes conflictos; pero como la idea en Gordos es hablar de los excesos, parece que la película quiere dar ejemplo con su propia trama y a medida que va pasando el tiempo, más y más personajes hacen su aparición: la esposa del terapeuta, una fanática del ejercicio que no puede soportar ver su panza de embarazada; la hija gorda del policía que trata de entender por qué la desgraciada obesidad de su familia no le llega a su hermano flaco; el terapista mismo; el novio de la secta católica; el hermano flaco de la hija gorda; la esposa del socio de Enrique con el Kilo away.

¿Por qué una película desmedida y exuberante no cae en el caos al que parece predestinada entonces? Porque la primera hora de Gordos es una de las más entretenidas, arriesgadas, bien escritas y bien filmadas del cine español que haya llegado a nuestras pantallas en los últimos años. Daniel Sánchez Arévalo, el mismo escritor y director de Azuloscurocasinegro, conserva el tino para el drama mezclado con comedia (¿cómo la vida, tal vez?) de su primer largo, enriqueciéndolo con una estructura y una forma llena de detalles para resaltar: personajes que se ven repetidos en el plano hablando consigo mismos para mostrarnos lo contradictorios que podemos ser, paneos que sirven para encontrar las coincidencias entre mundos distintos e incluso para acortar el paso del tiempo; pequeños videoclips donde la música es tan importante como las imágenes que la recrean, cambios de ritmo entre una historia y otra para mostrar las particularidades de sus personajes. Esos 60 minutos iniciales se van en un suspiro y nos acercan tanto emocionalmente a la película que es inevitable comenzar a cantar una canción de Raphael que dice “Y sin saber si me quieres un poco, yo vivo para ti. Y sin saber si me gustan tus besos, los quiero para mí” usada en una escena que incluye un asesinato no premeditado, rabia y arrepentimiento, comedia y tragedia en idénticas dosis. En ese momento, con una sensibilidad que no desprecia la cursilería y deja ver algún tipo de rasgo común con el melodrama de Almodóvar, Sánchez Arévalo demuestra que no le teme al exceso y que tiene pulso para que nos interesemos en una historia que bordea el ridículo.

Por desgracia toda la cinta no tiene el nivel de esa primera hora. En su afán de mantener la atención de sus espectadores, el director y guionista madrileño cae en el recurso fácil de llenar de nuevas historias la trama, cuando lo que pedíamos los espectadores era un correcto desarrollo de las que ya conocíamos. Sólo el relato sobre Enrique, el presentador gay maravillosamente construido por Antonio de la Torre en una actuación deslumbrante, logra mantenerse hasta el final, a pesar de una vuelta de tuerca sacada de la manga de un mago. El humor negro y punzante de los diálogos del comienzo se convierte en telenovela y los conflictos que parecían profundos se resuelven gratuitamente en un par de escenas no del todo convincentes, confirmando una vez más que ese equilibrio entre popular y populachero, es muy complicado.

En defensa de Gordos como proyecto cinematográfico, hay que reconocer que el guión original no es el que vimos en la película. La historia tuvo que cambiarse en pleno proceso de rodaje, pues Raúl Arévalo (visto hace poco en Los girasoles ciegos) sufrió complicaciones médicas que impidieron el aumento de peso que se había previsto para su personaje. Tal vez por eso su historia, que comienza con audacia y que le permite componer uno de esos personajes angustiados que tanto le gustan a este actor, termina desmoronándose al final con una escena tonta y absurda que puede sacar de quicio al espectador poco condescendiente.

Sin embargo, son más las cualidades que los defectos de Gordos. En primer lugar, hay que reconocer que en estos tiempos de corrección política e hipocresía, es valiente la decisión de hablar de una problemática, la del sobrepeso, que en general no es valorada ni tratada con respeto por el cine, reino por excelencia de la buena apariencia, donde los gordos sólo tienen espacio para ser comediantes u objetos de burla. En segundo lugar, el hecho de que una comedia, normalmente filmadas sin ambición e imaginación visual, se arriesgue con una puesta en escena exigente, es ya un mérito. Y finalmente, a pesar de que al final se revela como un guión demasiado “planificado”, con personajes que funcionan como resúmenes de problemáticas más que como seres humanos creíbles, lo que vemos en Gordos es una obra de autor, de un autor que sabe lo que quiere y de quien podemos esperar en muy pocos años una película redonda, que nos cautive durante todo su metraje y no solamente en una parte.

La canción de Raphael que no se puede olvidar después de ver esta película, dice al comienzo: “Yo, tengo, casi, casi, la seguridad, que de ti, muy pronto, muy pronto, me voy a enamorar”. Gordos es CASI una muy buena cinta, y en su intento por lograrlo, revela que la estrofa de la canción también funciona como profecía de lo que pasará con el cine de Sánchez Arévalo en unos pocos años. Cuando el peso de sus argumentos sea mayor que el peso de su osadía.

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