Nombre: Desde mi cielo
Categorías: Drama, Policiaca, Fantasía, Misterio, Basado en una novela, Crimen
Director: Peter Jackson
País: Estados Unidos
Año: 2009

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Samuel Castro * *

Desde mi cielo (2009)

Lejos del cielo

Cuando uno pierde a alguien que ama, la vida se detiene. Por unos días (o semanas, o meses) se camina con el pecho rebosado, a punto de estallar, como si nos pesara el aire. Y muchas veces nos preguntamos: ¿qué sentirá aquel a quien amamos?, ¿sabrá que estamos sufriendo por él?, ¿pensará en nosotros donde quiera que esté?

Con ese tipo de respuestas nos encontrábamos al leer “The lovely bones”, el hermoso libro de Alice Sebold que se convirtió en un best seller en el 2002 y que describía los días y años que siguieron a la violación y muerte de Susie Salmon, la hija mayor de una familia como cualquier otra en los Estados Unidos de los años setenta. Y el gran acierto de la novela, lo que la volvería famosa, es que quien nos contaba la historia era la misma Susie, desde el cielo. Su cielo: un lugar especial donde podía ser la narradora omnisciente de todo lo que le pasaba a su familia, a sus vecinos y por supuesto, a su asesino.

Lo mejor del libro era su tono. Con impresionante verosimilitud, uno sentía que la voz que narraba de verdad tenía 14 años, porque pasaba sin mucho esfuerzo de burlarse un poco de las cosas que ocurrían con su abuela alcohólica cuando los visitaba, a recordar con algo de melancolía las conversaciones que había tenido con sus padres años antes, para saltar a la experiencia dramática de verse a sí misma siendo violada por el vecino que la mató. Todo con la despreocupación y desfachatez de la adolescencia. Aunque se hacía hincapié en que ese cielo era perfecto para ella, porque estaba hecho a la medida de sus deseos y sus sueños, lo más importante era lo que sucedía entre los vivos: el sufrimiento de quienes la amaron, los cambios que esa muerte generaría en ellos, cambiándoles también su destino.

El mayor problema con las adaptaciones literarias es que hay sensaciones propias de la literatura que el cine es incapaz de adaptar. ¿Cómo recrear un monólogo interior larguísimo de un personaje sin recurrir a la voz en off o al flashback? ¿Qué hacer para resumir páginas vitales de diálogo que hasta el más ágil tarda en leer diez minutos, en una secuencia de 40 segundos? Irremediablemente muchas cosas se pierden en el traslado pero la única cosa por la que un cineasta debe preocuparse es que esa abstracción que llamamos “el espíritu” de una obra, llegue a sentirse en el nuevo formato. Y por desgracia, en este caso, todo lo que era memorable en el libro ha desaparecido en la película o ha sido tratado como si fuera un aditamento prescindible.

La tarea era complicada. Susie Salmon en el libro nos habla desde un presente donde su asesinato ocurrió hace un tiempo, y durante el resto del texto ella puede irse al pasado o al futuro para darnos detalles de algún personaje específico o de una parte de la historia que había olvidado. La película, que buscaba una recepción masiva entre personas que no hubieran leído la novela, se narra de forma convencional, en una línea temporal cronológica. Y uno podría decir que eso no tiene por qué afectar el resultado… pero lo hace. Porque ese tipo de estructura, en zig-zag, yendo de aquí a allá, es la que logra sorprendernos a lo largo de la lectura. La que nos pone de su lado cuando recuerda algún momento especial vivido con sus padres o una anécdota que parece no venir al caso pero que se revela imprescindible dos renglones después.

Pero además de los desaciertos del guión el enfoque de la película falla estrepitosamente porque Jackson decidió centrar demasiado su atención en el cielo de Susie. Sí, en el libro nos convencen de que es maravilloso y que es como un premio por todo lo que perdió al morir. Pero si la responsabilidad era optimizar el tiempo para contar lo más importante, la parte del cielo era secundaria. El problema es que Jackson, engolosinado consigo mismo (tanto que hay un homenaje a El señor de los anillos, que aparece como libro de gran formato en la vitrina de una librería) y con su talento para componer imágenes bellas, olvida que éstas valen la pena cuando sirven para desarrollar las tramas de los personajes. Si no, como en este caso, son sólo juegos pirotécnicos que se lanzan de día.

La despreocupación por el destino de sus personajes puede explicar los evidentes errores de casting con los que carga The lovely bones, a pesar de que la elección de Saoirse Ronan como Susie era perfecta. Por ejemplo, con todo lo que ha mejorado en los últimos años, Mark Wahlberg sigue siendo un actor limitado, especialmente para un drama como éste, donde su personaje tiene que transformarse emocionalmente a lo largo de la película y teniendo que ser la contraparte de una intérprete destacada, como Rachel Weisz. Uno simplemente no le cree, cuando se supone que está viviendo la tragedia de la desaparición de su hija. Y Susan Sarandon como la abuela es un verdadero desperdicio, pues toda la carga emocional que tiene su personaje en la novela se ve reducida acá a unas viñetas “graciosas” que ni le quitan ni le ponen a lo que se ve.

Porque ese es otro problema: el tono de The lovely bones no se define nunca. Lo que en el libro es el vaivén de pensamiento normal en un adolescente, aquí es un péndulo que nos confunde como espectadores: ¿estamos viendo un drama familia para enternecernos?, ¿o es una comedia costumbrista? ¿O como creemos al final, estamos ante una mezcla de horror con película de fantasía?

Lo peor de todo es que en lo que podó Jackson del libro se fueron algunos de los momentos más estremecedores de la historia, como los golpes que la vida le da a los padres de Susie, el resto de la existencia del asesino (un magnífico Stanley Tucci, por cierto) o lo que de verdad pasa cuando trata de acercarse al joven del que estaba enamorada. El único consuelo es que la película a lo mejor anime a muchas personas a leer el libro

En una escena, como ya es costumbre, Peter Jackson hace un cameo. En este caso está sosteniendo una cámara, distraído de lo que pasa a su alrededor. No hay mejor metáfora para señalar lo que pasó en The lovely bones. Mientras la historia se le deshacía frente a su nariz, Jackson decidió concentrarse sólo en lo visual. Y olvidó que por mucho que creamos en el cielo, es lo que pasa acá, junto a los vivos que extrañan a quienes aman, lo que más debe importarnos.

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