Nombre: Déjame entrar
Categorías: Terror, Suspenso, Fantasía, Romance, Basado en una novela, Horror
Director: Tomas Alfredson
País: Suecia
Año: 2008

Otras reseñas para esta película

Samuel Castro * * * ½
Diego Guerra * * * *

Déjame entrar (2008)

Basado en una historia real (sic)

A comienzos de los ochenta se populariza el cubo de rubik, un divertido rompecabezas tridimensional que se volvió un reto para los niños y adultos, la serie animada de Hanna-Barbera The Smurfs (Los pitufos), que adaptaba el cómic del belga Pierre Culiford (Peyo), hizo famosos en el mundo entero a los populares duendecillos azules, al punto de que en cada hogar de clase media era fácil encontrar uno o varios muñecos de los pitufos a escala natural (unos 6 cm). A comienzos de los ochenta, hacía mucho frío en Blackeberg, un barrio obrero de  Estocolmo, Oskar tenía doce años y ningún amigo, y en cambio, era sometido a constantes burlas y malos tratos por sus crueles compañeros. Hasta la noche en que Oskar conoció a Eli, quien sabía armar el cubo de rubik a una velocidad asombrosa, y es que Eli tenía los mismos 12 años de Oskar, lo que pasa es que ella los tenía desde hace mucho más tiempo. Y entonces las cosas cambiaron para Oskar, ya sus compañeros dejaron de ser un problema (o acaso se convirtieron en uno mucho más serio), ya no importaba que su padre divorciado y alcohólico prefiriera emborracharse con sus amigotes que pasar el fin de semana con su único hijo, o que su madre estuviera siempre de tan mal humor, porque ahora estaba Eli con él, y Eli sabía cosas que nadie más sabía, y ocultaba secretos que nadie habría entendido. A comienzos de los años ochenta, Oskar conoció el amor, conoció también el significado de la muerte, del horror, del sacrificio…
Finalmente, en este año 2008 que termina, se estrenó la que acaso sea la mejor película de vampiros desde Martin de Romero, o el Nosferatu de Herzog y la que, definitivamente, es una de las mejores películas de horror contemporáneas, Låt den rätte komma in (traducida al español como “Déjame entrar“), del sueco Tomas Alfredson.


Basada en un libro que pretende ser autobiográfico (qué tal que realmente lo fuera) Déjame Entrar es mucho más que una película de genero, más bien es un retrato generacional, una historia nostálgica, y profundamente melancólica, que encuentra en el viejo mito del vampirismo una elegante y poética forma de hablar de esa edad difícil del inicio de la pubertad. El clima de la película es frío como la nieve que aparece como telón a lo largo de todo el metraje, crímenes despiadados, vampiros trepando las paredes, chupando sangre o ardiendo espontáneamente al contacto con la luz del sol son mostrados sin aspavientos, sin escándalo, se trata de tópicos del universo vampírico que, metidos en una película realista, se convierten en otra cosa, en una metáfora conmovedora y emocionante, como dijera un escritor “A veces, la imaginación y la fantasía te comunican lo que, de otro modo, te seria imposible soportar, incluso acerca de ti mismo“. En un tono muy europeo, muy nórdico, pero absolutamente moderno y universal, en Déjame entrar se nos cuenta, en clave de fantasía, una historia sobre la soledad, el desamparo y la crueldad.

A quienes estén hastiados del panorama actual de las ficciones sobre vampiros, que parecían haber exprimido el tema hasta dejarle las venas secas, y a quiénes quieran ver cine europeo del que no aburre

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