Nombre: Capote
Categorías: Drama
Director: Bennett Miller
Año: 2005

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Maria del Rosario Acosta Lopez * * * *
Mauricio Reina * * * ½

Capote (2005)

Capote **** (2005). Dirección: Bennett Miller Guión: Dan Futterman, basado en el libro de Gerald Clark Reparto: Philip Seymour Hoffman, Catherine Keener, Clifton Collins Jr., Chris Cooper, Bruce Greenwood, Bob Balaban, Amy Ryan, Mark Pellegrino.

Si Capote fuera simplemente la historia de cómo uno de los más grandes escritores norteamericanos del siglo XX llegó a escribir el libro que lo hizo famoso, sería una buena película. Si solamente contara cómo lo que inicialmente había empezado como una crónica de cuatro crímenes en Kansas se convertiría en la novela que arruinó para siempre la vida de su escritor, sería además muy interesante. Si a esto le sumamos, además, la admirable actuación de Phillip Seymour Hoffman (el mejor papel de su vida, afirma el actor), quien no sólo imita a su personaje, sino que logra ponerlo brillantemente en escena, hasta el punto de conmovernos a pesar de todas sus perversiones (el personaje de Truman Capote en la película podría llegar a ser uno de los protagonistas más despreciables de la historia del cine), podríamos decir que verla, sin duda, es imprescindible. Pero es sobre todo, y mas allá de todo ello, porque su director y guionista lograron convertirla en una puesta en escena cuidadosa, en un análisis profundo y brillante de la mente perversa de un escritor, en un paralelo sutilmente conseguido entre la obra del artista y la del criminal –la conversación entre Truman y el jefe de policía (Chris Cooper) acerca del título del libro parece ser la clave para entender lo que está de fondo tras dicha comparación–, que  Capote tendría que ser reconocida como una de las mejores películas del año pasado, y, probablemente, como uno de esos clásicos que sólo a fuerza de ser vistos una y otra vez, logran ser apreciados en su justa medida.

Capote no es pues, al menos no solamente, la historia de cómo llegó a ser escrita A sangre fría. Cuenta más bien el proceso lento y tormentoso de la decadencia psicológica de su autor: de pasar de reconocerse como la cara del espejo opuesta a la de los asesinos ((“es como si hubiéramos crecido juntos –dice Capote en la película-, y un día yo hubiera salido por la puerta del frente y ellos por la puerta de atrás”), a convertirse, con ellos, en sólo otro posible reflejo del mismo crimen. Al final, por ello, la pena de muerte, no es sentencia exclusiva de los asesinos: es, a la vez, como muestra la película, el comienzo de la muerte lenta del mismo Capote, quien nunca más sería capaz de terminar un libro, y quien, veinte años después, sería encontrado muerto por sobredosis. El artista es, en la película, el verdadero criminal, y quien merece, por tanto, el castigo más doloroso: cargar con la culpa de todas las muertes que hicieron posible su éxito.

Mejor escena: si no es la mejor, al menos es la más dura: Capote reza al borde de su cama para que la pena de muerta sea finalmente llevada a cabo. Lo peor: es probable que algunos personajes secundarios hayan sido dejados demasiado de lado. Vale la pena: la fotografía –los paisajes sombríos de Kansas, con los árboles sin hojas del fondo; las carreteras vacías; las fiestas concurridas atravesadas por el humo de los asistentes–; las actuaciones (no es fácil hacerle contrapeso a Hoffman, pero todos los actores se sostienen en el intento); el guión (que convierte un libro bien escrito en una brillante puesta en escena).

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