Nombre: Bastardos sin gloria
Categorías: Drama, Acción, Comedia, Suspenso, Policiaca, Aventura, Western, Política, Misterio, Guerra, Histórica, Crimen
Director: Quentin Tarantino
País: Estados Unidos
Año: 2009

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Diego Guerra * * * *

Bastardos sin gloria (2009)

Opera magna de un bastardo sin gloria

Inglorious Basterds comienza como The Good, the Bad and the Ugly (El bueno, el malo y el feo), con la llegada de un cazador de recompensas a la cabaña de un campesino, lo cual termina en muerte. En Inglorious Basterds, el que llega es un cazador de judíos, un oficial nazi, a la casa de un campesino francés buscando a una familia judía que sabe se esconde en el sótano, se trata del coronel Landa, interpretado por Christopher Lanz, un personaje memorable desde su entrada, tanto como lo pudo ser Lee Van Cliff en la suya. Pero esa escena inicial no es el único paralelismo con la western opera de Leone, película de vaqueros de gran presupuesto y gran fotografía, que no buscaba ser una reconstrucción histórica fidedigna y rigurosa, solo ser un western mas sofisticado que el común con cierto aire épico, con humor y emoción por igual, pero es que había una escena de The Good, the Bad… en la que los protagonistas Clint Eastwood y Eli Wallach se cruzaban un convoy del ejército que volvía de la guerra de secesión, y la escena era tremendamente dramática, y podíamos sentir, que detrás de los estereotipados pistoleros del lejano oeste, había una epopeya trágica y épica, y que el director Sergio Leone, sabía muy bien de lo que estaba hablando. En la película más reciente de Quentin Tarantino nos encontramos con algo similar, una película que parece una comedia, en la que un pelotón de soldados judíos americanos se convierten en la mayor amenaza de los Nazis y que desafían todo el rigor histórico al ejecutar una operación comando que los libros de historia no registran. Una historia con esa premisa, estrenada en los años 60 hubiera sido necia evasión, pero en el siglo XXI, los Basterds de Tarantino son más bien una forma original de enfocar la reconstrucción histórica, que oscila entre los imposibles basterds (así con “e”, basterdos) y el aun más imposible magnicidio de Hitler mismo, con la tragedia de la ocupación francesa, contada con dramatismo y poesía. Es una película que a los fans acérrimos del director de Pulp Fiction les exigirá un poco más que en sus obras anteriores, porque el uso de referencias cinéfilas en planos y encuadres, de referencias pop, o la narración accidentada, fragmentada en capítulos y usando extraños flashbacks, es siempre un poco más sutil, pero asimismo, la película es más espectacular también, finalmente, el aparatoso ejercicio de estilo que propone Tarantino es más que válido, valioso.


Inglorious Basterds está libérrimamente inspirada en la vida y obra de los Filthy thirteen, apodo de una unidad de paracaidistas que participaron en el desembarco de Normandía, comandados por el soldado Jake McNiece, que tenía algo de sangre apache, y que convenció a sus hombres de hacerse peinados mohawk (décadas antes que los punks) y de no bañarse ni afeitarse antes de cada misión. Los trece sucios se convirtieron en estrellas, protagonizaron escándalos de insubordinación y  aparecían en todos los noticieros cinematográficos de la época, creando el mito del soldado rebelde pero heroico, que no se ceñía a las reglas pero cumplía a cabalidad con las misiones más arriesgadas (la mayoría de los 13 murieron en combate), lo cual dio pie a una serie de películas más bien malas entre los años sesenta y setenta, Dirty dozen (los doce del patíbulo), Quel maledetto treno Blindato (que en inglés se llamó Inglorious Bastards, con “A”) o The secret Invasion (Invasión secreta de Roger corman, la menos recordada) . Tarantino toma como referencia al comando real de los Filthy Thirteen, ya que el comandante de los basterds, Aldo Apache Rayne (interpretado por Brad Pitt), también tiene sangre india, y hay en su contrapartida un oficial alemán que protagoniza películas macábramente heroicas, pero asimismo Tarantino parodia y homenajea a las ingenuas, torpes y vulgares películas que sobre la segunda guerra mundial hicieran Enzo Castelari, Robert Aldrich o Roger Corman, y las mezcla un poco con los spaghetti Western, (la cinematografía de Leone, la música de Morricone reciclada), y pone la guinda al pastel usando anacrónica y magistralmente una canción de David Bowie para uno de los momentos más emocionantes. Inglorious Basterds podría definirse como una serie B de altísimo presupuesto (70 millones de dolares que habrían podido ser 35 blaxploitations, 70 spaghetti Westerns, o 140 películas de kungfu), ya que, en un tono completamente autoindulgente, se burla de la realidad histórica y de la solemnidad de películas aburridas y malas, como El soldado Ryan de Spielberg o la más reciente Defiance, de Edward Zwick.

Pero no hay que pensar que por no ser solemne es vacua, Inglorious Basterds parece ligera pero no lo es, ni en su irregularidad histórica, ni en la irrealidad de sus increíbles personajes, con la excepción de Kill Bill y pese a lo que piensen algunos, el cine de Tarantino no es ligero, sino irónico, no es cierto que dé más importancia al estilo que a la sustancia (repitamos, con la excepción de Kill Bill), no es tan sencillo como decir que homenajea y parodia géneros, es más bien que los toma como punto de partida para crear algo nuevo, y aparte de las referencias cinéfilas, en la obra del realizador hay valiosas constantes, como los desencuentros amorosos que dejan la sensación de lo que pudo ser y no fue, la incómoda historia de amor amistad que viven el matón y el policía de Reservoir Dogs, el guardaespaldas mafioso y la mujer del capo de Pulp Fiction, la azafata y el abogado ladrones de Jackie Brown, la chica tonta del pueblo y el psychokiller de Death Proof, y finalmente, la pareja de amantes de la resistencia del Paris ocupado que en Inglorious Basterds se despiden con un tímido beso, antes de causar un final de la Segunda Guerra Mundial paralelo, en el que, parafraseando al propio Tarantino, el Tercer Reich es derrotado literalmente por el cine. Los personajes de Tarantino, en medio de las balaceras, de las persecuciones, de los juegos narrativos posmodernos, son extremadamente vitales, tienen largas y cálidas conversaciones que nunca aportan mucho a la trama, pero sí a que podamos creernos, mientras vemos las películas, que quienes hablan son seres reales y no personajes de ficción.


Y hay otro plus además en Inglorious Basterds, y es que es la primera película de Tarantino que no ocurre en la actualidad, en la época en que fue hecha, no obstante, el estilo del director es el mismo, pero el manejo de las referencias de la cultura popular adquiere otro valor, acá están cuidadosamente llevadas a la época, y los personajes, tan tarantinescos como siempre, no dejan de parecer de su tiempo y lugar, las situaciones absurdas y fuera de tono, como un comando de soldados judíos sanguinarios que le arrancan el cuero cabelludo a los nazis (con escenas gore incluidas), están contrapuestos a unos personajes mucho más dramáticos y serios, la secuencia inicial que mencionamos al comienzo, es tan o más dramática que La lista de Schindler, o El pianista, y quizá no sea una arbitrariedad decir que está también mejor actuada, mejor fotografiada y que logra ser más emotiva.  En suma, en tono de chanza, de chiste, pero en el fondo y sin descuidar el tema, si no estamos ante una de las mejores películas de guerra jamás filmadas (y tal vez sí) en cualquier caso estamos ante una de las más originales y divertidas.

Publicado originalmente en 68 revoluciones  

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