Nombre: Election
Categorías: Drama, Acción, Policiaca, Crimen
Director: Johnnie To
País: Hong Kong
Año: 2005

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Samuel Castro * * ½

Election (2005)

Elecciones mafiosas

En las elecciones no gana el mejor. Gana el que sea capaz de convencer a los demás de que él es el indicado. Esa es la terrible virtud de la democracia. Y para convencerlos se vale todo: desde sobornar con fajos de billetes hasta mandar a callar a los opositores. No estoy hablando de la realidad colombiana (aunque podría usar las mismas palabras) sino de la historia que nos cuenta esta cinta, nominada a la Palma de Oro en Cannes en 2005 y ganadora al premio a Mejor Película de Hong-Kong en 2006: Hak se wui (Election) Gracias a ella nos enteramos de que las triadas, los clanes mafiosos de la excolonia británica hacen honor a la expresión “crimen organizado”: cada cierto tiempo escogen a su líder a través de una votación de los capos de más edad (a quienes todos llaman “tíos”), en una especie de consejo de ancianos, que otorgan el mando a un representante de las nuevas generaciones que sepa guiarlos bien por la senda del mal.

En esta ocasión hay dos candidatos: Big D, un criminal gritón y ostentoso a quien vemos al comienzo de la cinta haciendo varios pagos para comprar votos; y Lok, un hombre de mediana edad, padre soltero, que tiene una visión mucho más “ejecutiva” de su oficio y que ha ofrecido, como promesa principal de su campaña, acrecentar el territorio del clan que está en elecciones, el Wo Shing. La votación se define por el segundo y Big D, como buen mal perdedor, secuestra a dos de los “tíos” para castigarlos por su voto, y hace huir a China a un tercero, aquel que está encargado de cuidar el símbolo que distingue al jefe de la triada: un bastón de mando tallado en madera, de más de 100 años de antigüedad. Lo que veremos a continuación es la serie de trampas y engaños que deberán hacer uno y otro bando de secuaces para recuperar el bastón.

Para evitar el caos y ganar las elecciones a veces hay que aliarse con el enemigo, aunque éste no comparta con uno ningún tipo de principios, ni esté de acuerdo con nuestros planes, pues de lo contrario sólo habría caos, guerra y un nuevo orden de las cosas que quién sabe qué males podría traer, o al menos eso es lo que piensa el líder implicado. No estoy hablando de la realidad colombiana (aunque podría usar las mismas palabras) sino de lo que hace Lok, el mafioso vencedor para que haya paz en el clan. Una vez recuperado el bastón, preferirá convencer a Big D de que juntos pueden hacer más por las finanzas de su cofradía que si se dedican a intentar matarse; hasta se animan a ocupar el territorio de un clan vecino, a cuyo jefe engañan en una de las varias escenas de Election que guarda alguna similitud con Casino (es como si Tony Leung, que hace el papel de Big D, imitara en su forma de patear a su adversario, de reaccionar ante las contrariedades y de burlarse de quienes le rodean, a Joe Pesci) No importa si hay que traicionar a quienes antes fueron aliados. Lo que importa es mantener el poder y evitar inquietudes.

La historia se nos cuenta sin demasiados estilismos estéticos. No es fea, por supuesto, pero algo más de dirección de arte (y de ambición dramática en los diálogos) le falta a Election para poder compararla con El padrino, como hicieron algunos críticos norteamericanos, lo que no es tan raro como uno podría creer, pues los fanáticos de los festivales y de las películas “raras” suelen confundir exotismo con interés. Si esta película estuviera protagonizada por actores occidentales y fuera filmada en Los Angeles tal vez ni siquiera llegaría a estrenarse en las salas e iría directamente al mercado del DVD. Pero como está hablada en cantonés, como hay escenas en las que nos muestran a los delincuentes compartiendo un té que sirven ceremoniosamente y como solemos maravillarnos con aquello que nos es extraño (igual que cuando viajamos a otros países) entonces hay quien se atreve a elevar a Election a alturas que no alcanza. Sí, tiene un humor muy oriental en ciertos momentos (en una escena tanto el golpeador como el golpeado interrumpen una paliza cuando los llaman al celular), su reparto es supremamente competente (cada actor secundario le da un toque memorable a su papel) y cuenta una historia con un planteamiento original, pero carece del cuidado por los detalles que los grandes títulos de mafia (Caracortada, Los intocables, Buenos muchachos) poseen. Algo tiene que ver el hecho de que Johnnie To, su director, un profesional respetado en todo el mundo,  se distinga también por su rapidez al filmar. To es capaz de estrenar 3 películas un mismo año y es bueno tener en cuenta que apenas 6 meses después de proyectarse Election comercialmente en Hong-Kong, se estrenó su continuación. Tal vez haya que verlas juntas para apreciar mejor los méritos de este título, pues en la segunda parte nos cuentan cómo sigue la vida de Lok después de su ascenso a capo de capos y dos personajes secundarios que ya se habían destacado en la historia adquieren mayor relevancia.

A pesar de todo, la película es interesante y agradable porque con una narración muy ágil, que no abusa de los movimientos bruscos de cámara, como otras películas de acción, es capaz de mostrarnos, entre persecuciones y peleas, la cotidianidad de la mafia: el trato afable que se brindan entre todos sus integrantes, como de compañeros de curso en el colegio; sus pequeñas miserias, como la del “tío” que hace saltar a una prostituta frente a él sólo para ver cómo se bambolean sus tetas; sus tradiciones, como cuando comparan la ceremonia actual con la celebrada por los fundadores de la mafia muchos años atrás, a través de una alternación de los tiempos que muestra el buen oficio de To.

Lo que hace que Election gane muchos puntos en su evaluación, después de temas tan decepcionantes como la extrema simplicidad de su fotografía, es su final. En él, por fin se nos revela completamente la figura de Lok, quien durante toda la historia se ha comportado como un ejecutivo bursátil que casi llega a convencernos con sus buenas maneras y su apariencia de notario, que simplemente es un hombre de negocios en el lugar equivocado. En la última secuencia lo vemos acumulando rabia, fraguando en su mente el castigo de quien se ha atrevido a retarlo, para mostrarse finalmente como el animal salvaje que es, ciego de ira, incapaz de la clemencia, asestando golpes furiosos para sacar a su adversario del juego y conservar el lugar de supremacía al que ha accedido, ansioso por poseer el poder absoluto. Y no estoy hablando de la realidad colombiana. Aunque debería usar las mismas palabras.

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