Nombre: La pasión de Gabriel
Categorías: Drama
Director: Luis Alberto Restrepo
Año: 2009

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María José Roldán Pardo * * ½

La pasión de Gabriel (2009)

Otra menos

La pasión de Gabriel no produce emociones ni sentimientos, extraña sensación si se tiene en cuenta que está abordando “los temas” candentes de la realidad colombiana y que el protagonista es un cura que no precisamente acata las normas de la iglesia católica. Se queda en esbozos, en meras intenciones, en proponer los conflictos, en contar puras y simples anécdotas, pero no pasa a profundizar, de manera cinematográfica nada. Lo mismo ocurre con los personajes, que son apenas bosquejados. Incluso Gabriel cuya virtud es, quizás, la naturalidad pero en ningún caso la profundidad. De los demás personajes hay que decir que además de la superficialidad se echó mano para construirlos de lugares comunes, para muestra uno: el Arzobispo interpretado por Valdiri…

La puesta en escena parece armada para facilitar el trabajo de la cámara, para que todo suceda frente a ella, no está al servicio de las actuaciones ni de las situaciones. Hay escenas gratuitas, forzadas y de una pobreza absoluta. Escenas que de suyo eran de un dramatismo enorme se suceden sin pena ni gloria, recitadas, frente a una cámara perezosa. Se desperdicia el entorno, la arquitectura, la geografía, todo. La fotografía no traduce atmósferas, no hace parte de una dramaturgia cinematográfica articulada con el cuento que se está narrando. Los diálogos son tantos, tan irrelevantes, tan descriptivos de lo que sucede y no de lo que están viviendo los personajes, que la historia casi se puede seguir con los ojos cerrados, como una radionovela.

Al revisar estos aspectos de la película, pienso más en televisión que en cine. Parece hecha como un material efímero, para una sola mirada, para verla en la casa y no para el ritual del cine que espera la oscuridad propicia y las imágenes inmensas frente a la mirada asombrada del espectador.

A su favor cuenta que se adentra –sin éxito, eso sí- en terrenos que no se suelen tocar en nuestra televisión: guerrilla y ejército amedrentando un pueblo, el asunto del celibato o no de los sacerdotes, etc. que sin duda son temas enormes para el cine.

Cada película colombiana que se hace es una oportunidad para contar, del modo, en el género y en el tono que se quiera, la realidad del país, una oportunidad de contarnos. Y en este caso, es una más que se perdió. O mejor: es una oportunidad menos.

Tal vez para hacer cine sea sano dejar de hacer televisión un buen rato... y encontrar otro tono, otros diálogos, otra cámara, otra luz, otra dirección de actores, otra vaina.

 

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