Nombre: La pasión de Gabriel
Categorías: Drama
Director: Luis Alberto Restrepo
Año: 2009

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Luis Fernando Afanador Perez * * ½

La pasión de Gabriel (2009)

Pasiones que matan

Alguien definía la novela como un cruce de caminos entre los destinos individuales y los destinos colectivos. Creo que esta definición puede hacerse extensiva al cine y a cualquier arte que pretenda contar una historia. Se trata, sin duda, de un difícil equilibrio. Los personajes y la trama no deben opacar el contexto histórico pero tampoco debe ocurrir lo contrario porque empieza a prevalecer el discurso -las ideas, las tesis- sobre las emociones y las imágenes. Vale decir, el contenido sobre la forma.
Esto último es lo que, a mi juicio,  ocurre en la cinta colombiana La pasión de Gabriel de Luis Alberto Restrepo y voy a explicarlo con una comparación que es inevitable. ¿De qué va el asunto? De la sociedad civil atrapada en la guerra entre el ejército y la guerrilla. De eso mismo trata la novela Los ejércitos de Evelio José Rosero, que acaba de ganar en Londres un importante premio. La diferencia es que en la novela de Rosero ese conflicto nos llega a través del drama individual del profesor Ismael Pasos. Pensamos en él con su amor por Otilia, su voyerismo, sus amigos y sus dolores de rodilla. Primero los detalles que lo hacen existir y sus búsquedas –la trama- y luego sí la sociedad en la que vive. Lo difícil, claro, es ver al personaje moviéndose en su entorno como un pez en el agua. ¿Qué culpas tiene Gabriel en su amor prohibido por Silvia? ¿Qué siente cuando sabe que va a tener un hijo? ¿Qué piensa de la muerte? ¿Qué piensan los otros personajes? Por ejemplo, el  padre de Silvia cuando descubre los amores ilícitos del cura con su hija. Tanta flema merece una explicación.
El padre Gabriel, como lo héroes de la mitología, no tiene dudas. Es básicamente bueno y valiente. Y la buena actuación de Andrés Parra nos convence todavía más de que lo es. ¿Y su libido desatada? Ningún problema, él es así, un cura chévere, uno más de la comunidad  en la que trabaja.  Gabriel lucha por su gente, trata de sacarla del conflicto entre los dos bandos y por lo tanto se convierte en enemigo de ambos. Lo van a matar, lástima. Como a tantos colombianos que han quedado atrapados en medio del fuego cruzado. Pero un momento, ¡esa es la realidad! ¿Se trata entonces de un mensaje político que busca concientizarnos y denunciar al mundo lo que le ocurre en Colombia a la población civil? Sí, en esencia sí. Con un pequeño agregado bastante obvio: que asociemos el sacrificio del padre Gabriel con el de Cristo.
Esta película, de una manera casi literal, copia la realidad sin proponer unos personajes y una trama autónomos. Falla en ese punto delicado del cruce de los destinos individuales con los destinos colectivos. Tampoco hay una propuesta visual que sorprenda: es como ver televisión colombiana un poco mejor de lo acostumbrado. En esta muerte anunciada,  a diferencia de la de Santiago Nasar, poco nos importa saber cómo va a ocurrir. Creo que el problema es de guión. El cine colombiano, que ha avanzado en tantos aspectos, se ha olvidado de los guiones. ¿O es que no hay buenos guionistas?

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