Nombre: Up
Categorías: Drama, Comedia, Animación, Aventura, Religiosa, Fantasía, Basado en hechos reales, Comedia dramática, Road movie, Biográfica
Director: Pete Docter
Año: 2009

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Javier Moreno

Up (2009)

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Conozco hombres que dedican toda su vida a cultivar la infelicidad. No es algo que hagan intencionalmente, claro. La vida se presta. Este no es un mundo (conjeturo que ninguno sensato lo es) donde sea sencillo ser feliz. La felicidad requiere esfuerzo, requiere escalar, sostenerse, sacrificar, dar, trabajar, confiar, apreciar, disfrutar, compartir, querer, mientras que el camino opuesto es en caída, lo que puede ser incómodo por momentos, especialmente ante la vista del concreto al fondo, pero al menos no exige nada de nosotros más allá de una mansa resignación.

Estos hombres, los conozco bien, a fondo, dedican horas de su vida a enumerar las derrotas adquiridas y frustraciones acumuladas. Las coleccionan como trofeos, como muestras fehacientes de que no están equivocados, de que tienen razón y todos somos unos desgraciados abocados a la putrefacción y la desesperanza. Rumian, como si fuera un chicle viejo, sus insatisfacciones; sus no fui, no pude, no estuve, no fui capaz. Eso los congela. Se encierran en el miedo a la muerte que no los deja hacer nada más que esperar aterrorizados el momento cuando dejen de respirar. Dedican horas a imaginarlo a detalle, sus versiones, sus opciones, los últimos segundos. Dedican horas a imaginar también la muerte de todos los que los rodean, la que presenciarán impotentes. Imaginan el dolor y la soledad que llegarán, y en ese dolor y esa soledad futura viven. Por eso parece que nada vale ni importa.

Y no es que no hagan nada estos hombres. No es que se encierren en sus casas y nunca salgan ni que lleguen todavía jóvenes a estados de catatonia irreparables que los dejen postrados en una esquina de un cuarto acolchado por el resto de sus vidas. Estos hombres, la mayoría, viven vidas que no son muy distintas de las del resto. A veces, incluso, son exactamente iguales (en términos de eventos y experiencias) que las de muchos otros que sí logran encontrar ahí, en todo eso que pasa, un sentido y un valor.

Yo sé que parece que esto fuera un discurso inspiracional. Tal vez sí lo es. No creo que hablar de la felicidad, o de la posibilidad de alcanzar la felicidad (y dar felicidad), tenga que ser algo que nos deba avergonzar, o algo de lo que tengamos que abstenernos para no ser tachados de idiotas/ingenuos incapaces de entender/acoger la realidad innegable del horror. Creo que de hecho tenemos la responsabilidad moral de pensar en ello e incluso actuar y contraponernos porque el cinismo cunde. Nos estamos convirtiendo en una especie triste y egoísta y esto es algo —¡esto sí!— que debería preocuparnos de verdad. Algo a lo que deberíamos dedicarle tiempo y trabajo porque es urgente: nos estamos quedando solos. Ningún esfuerzo sobra para impedirlo. No sé cuál sea la solución o si exista alguna universal, lo dudo, pero no creo que ese tenga que ser nuestro destino. Todos, sospecho, tenemos algo que aportar.

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