Nombre: Vals con Bashir
Categorías: Drama, Acción, Comedia, Ciencia Ficción, Animación, Terror, Política, Artes marciales, Documental, Basado en hechos reales, Guerra, Musical, Biográfica, Cómics
Director: Ari Folman
País: Israel
Año: 2008

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Diego Guerra * * * *
María José Roldán Pardo * * * *

Vals con Bashir (2008)

Holocausto

Si se quiere nombrar el horror y la maldad con una sola palabra que logre consenso y que no deje la más mínima duda sobre su significado se dice Holocausto y es más que suficiente. Todo aquel que la oiga sabe que se habla del exterminio de millones de personas entre judíos, homosexuales, comunistas, extranjeros, discapacitados y prisioneros, planeado y ejecutado sistemáticamente en Alemania por el régimen nazi durante la segunda guerra mundial. Y es claro porque de esa atrocidad que parecía innombrable, que podría pensarse que era mejor olvidarla, se ha hablado de manera reiterada y exhaustiva desde el fin de la guerra hasta hoy.

El cine ha sido uno de los mejores aliados del pueblo judío para que el Holocausto no se olvide, para que la memoria sea la regla y no la excepción. Se han hecho miles de películas de unas y de otras, excepcionales y ridículas que muestran los campos de concentración, la crueldad sin límites del ejército nazi y la locura del Hitler y sus áulicos. La inversión ha sido recuperada con creces, en la memoria colectiva vive el Holocausto como el símbolo por excelencia de la barbarie.

Pero se sabe que la historia de la humanidad está plagada de holocaustos y matanzas que se han olvidado o que sencillamente nunca se han contado. Una es la masacre de Sabra y Chatila ocurrida en 1982 durante la guerra del Líbano. Milicianos falangistas libaneses apoyados por el ejército de Israel y por Ariel Sharon asesinaron 3000 palestinos indefensos. Veintiséis años después, la película Vals con Bashir del israelí Ari Folman cuenta descarnadamente lo ocurrido desde una perspectiva autobiográfica y en formato animación – documental.

Ari a los 19 años era soldado y participó en esa operación. Él es el personaje que emprende la dolorosa tarea de recuperar la memoria, la suya propia que estaba dormida, silenciada: “Es mi historia personal. La película empieza el día que descubrí que algunas partes de mi vida se habían borrado de mi memoria (…)”. El espectador es el testigo de excepción que observa hermosamente dibujada la minuciosa reconstrucción de los hechos… Y hacia el final, cuando la historia ha sido revelada y se conocen los detalles y el contexto, aparecen las  imágenes documentales devastadoras de los cuerpos mutilados y aplastados entre los escombros, esas que son incontrovertibles, insoportables y, que en su momento generaron  enormes protestas en el mundo entero contra Ariel Sharon y que específicamente en Israel convocaron una protesta a la que asistieron más de 400.000 personas horrorizadas.  Vals con Bashir, tiene la dimensión adicional de ser contada por un israelí, es el testimonio, la catarsis de un ex soldado del ejército victimario.

En este país nuestro, de masacres y de horrores, de genocidas extraditados  y victimas ignoradas, campea la idea de que el cine no debe mostrar más violencia, que hay que contar historias alegres, optimistas, amables distractores porque la verdad genera mala imagen y no es taquillera, se recomienda olvidarla. Otros países, tal vez más lúcidos, han optado por preservarla y recrearla de manera reiterada y compulsiva.

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