Nombre: La propuesta
Categorías: Comedia romántica
Director: Anne Fletcher
País: Estados Unidos
Año: 2009

Otras reseñas para esta película

Samuel Castro * * ½

La propuesta (2009)

Una película para ver a Sandra

Si no estuviéramos terminando la primera década del siglo XXI, un siglo que ha convertido el cine en un espectáculo de robots parlantes y explosiones hechas con bits (que no tendrían nada de malo si no fueran lo único que quieren hacer los grandes estudios); si no contáramos con los dedos de una mano las buenas comedias románticas que han llegado a nuestras pantallas en los últimos diez añoso si existiera alguna actriz que pudiera reclamar el trono de Julia Roberts como la reina de la comedia romántica. En fin, si viviéramos tiempos menos mediocres, The proposal no pasaría de ser un título para ver en DVD (y tal vez no original) un lunes de puente después de llegar de la finca. Pero como estos son los tiempos que nos tocaron, la última película de Sandra Bullock se convierte no sólo en una opción atractiva para ver en la penumbra de una sala, sino también en la reivindicación de una actriz maltratada por la crítica muchas veces, pero que es una profesional más que competente a la hora de actuar la comedia. Y actuar la comedia es más difícil que actuar el drama, porque en general la vida nos permite a todos tener una gran práctica para lo segundo.

Hay muchas razones para no apreciar The proposal: una dirección sin marcas de estilo ni algún tipo de atrevimiento o imaginación visual por parte de Anne Fletcher, bailarina y coreógrafa convertida en directora; escenas que no vienen al caso y que parecen embutidas para intentar encontrar un gag efectivo (basta con contar la de un águila que intenta comerse a un perro y luego se lleva como consuelo un celular que le arrebata al personaje de Bullock, que se pone a correr gritando tras el águila, que asombrosamente vuela lo suficientemente bajito para no salirse del plano) que nunca llega; la presencia siempre intrascendente, siempre inocua de Ryan Reynolds en un papel que ni sentándole perfecto —pues es un pelele sin voluntad, manejado a su antojo por quienes le rodean— es capaz de aprovechar. Pero es la actuación de Sandra Bullock, la estrella femenina que alcanzó su celebridad por parecer “la mujer de al lado”, la que levanta esta película y le da sus mejores momentos. Sólo por verla a ella como Margaret Tate, la jefe de departamento decidida de una poderosa editorial neoyorquina a quien todos sus subalternos llaman “bruja”, que ante el problema de que su visa de trabajo no va a ser renovada por incumplir sus requerimientos decide casarse con el pobre imbécil que es su asistente personal hace tres años, sólo por eso, la boleta se paga con gusto.

Como toda comedia romántica que se respete, las cosas no salen como están previstas, y el oficial a cargo de la visa les da un fin de semana que los protagonistas de esta historia deben aprovechar para conocerse bien y conocer a la familia del “novio”. Fin de semana en el que cumple años la abuelita de Andrew Paxton, el asistente, y que usarán para anunciar el “compromiso” de boda. Esta comedia, que debería ser la delicia de las feministas (las que dicen señoras y señores, niños y niñas, jóvenes y jóvenas) pues su personaje principal es una mujer poderosa que tiene bien agarradas las riendas de su vida, no las deja muy bien paradas como seres humanos: la visión de Margaret sobre su novio empieza a cambiar junto cuando se da cuenta de que en el pueblo de Alaska al que han ido, su suegro es una especie de potentado local. Lo que quiere decir que es el dinero en la cuenta la razón para cambiar los ojos con que lo mira normalmente. Sí, una visión optimista de las cosas dirá que no es cierto, que el efecto de conocer los millones de Andrew es la curiosidad que le genera entender por qué un tipo con ese perfil ha aceptado humillarse para ella tanto tiempo. Pero entonces la conclusión sería que el tipo no tiene espíritu ni dignidad, lo que supuestamente no debería gustarle a una profesional exitosa e independiente. Un callejón sin salida que el guión no sabe evadir.

Pero como a las comedias románticas nunca hay que buscarles lógica ni credibilidad, porque son en esencia cuentos de hadas que creen en su propia fantasía, lo importante acá es que con el cambio de actitud hacia su asistente, la todopoderosa Margaret comenzará a mostrar un lado sensible, a preocuparse por la familia de él (caracterizada con los prejuicios que los norteamericanos siempre muestran por los canadienses) e incluso a pensar que a lo mejor esa propuesta que le hizo a Andrew no es tan respetable ni tan correcta. Y como a una comedia romántica tampoco hay que pedirle que se salga de sus esquemas, vendrá la consabida posibilidad de desastre que termina bien para todos, menos para Sandra Bullock que terminará al lado de un insípido novio incapaz incluso de detener la avioneta donde va su amada para ser deportada. Una calamidad.

Como vemos, la película es la historia de ella pero nunca es la historia de él y menos la historia de ambos. Si algo se extraña en esta propuesta que es The proposal son las secuencias en que los personajes principales se conocen y se enamoran (hay que recordar por ejemplo, esa maravillosa fiesta de cumpleaños a la que asisten Julia Roberts y Hugh Grant en Notting Hill y la caminata nocturna por Londres que le sigue a la cena) porque no aparecen. Salvo una escena en que ambos personajes dicen un par de cosas personales mientras comparten una habitación sin compartir una cama, no hay mucho de dónde agarrarse para entender el amor que nace en él. ¿O era un masoquista y los años de tortura fueron en realidad de placer? El guión, por lo tanto, falla en el romance, que es donde no debería fallar una comedia romántica. Pero ahí está Bullock con su capacidad de hacernos reír cargando una maleta, con su ternura convincente cuando se arrepiente de su decisión, con su crueldad casi distraída del comienzo que llena de gestos divertidos y de miradas graciosas. Sin ella, esta película sería insufrible. Con ella, es tal vez la mejor propuesta comercial en cartelera hasta que llegue Public enemies.

Sandra Bullock es una mujer muy inteligente. Ha sabido manejar su carrera con éxito, reinventarse en el momento indicado (como hacker metida en problemas, como agente del FBI metida en reinados de belleza) y mantenerse como protagonista romántica, con un atractivo que aún mantiene intacto, cuando muchas de sus colegas ya están relegadas a ser amas de casa desesperadas en series televisivas. Tal vez sea tan inteligente que por eso escogió a Ryan Reynolds como su coprotagonista en The proposal: necesitaba a un tipo que se viera bien sin camisa pero del que nadie recordara su nombre cuando las luces se enciendan. Para recordarnos que sólo necesitamos una estrella cercana que ilumine nuestro cielo.

Comentarios

Para comentar usted debe estar estar registrado, ingresar ó registrarse.