Nombre: Nick & Norah: una noche de música y amor
Categorías: Comedia, Comedia romántica, Musical, Road movie, Basado en una novela
Director: Peter Sollet
País: Estados Unidos
Año: 2008

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Samuel Castro * * *

Nick & Norah: una noche de música y amor (2008)

Gente feliz e indocumentada

Sólo se es adolescente una vez en la vida. Por suerte. Sería terrible si tuviéramos que volver a vivir aquellos años de acné, de tontería e ingenuidad, de obsesión con el sexo y la popularidad. Aunque si somos justos, en esos años también teníamos cierta pureza que con el tiempo se pierde, o se agota.

Es difícil encontrar buenas películas de adolescentes. Aunque para la industria de Hollywood los preadultos además de ser un público agradecido y lleno de dinero (el que hay en la billetera de sus padres, por supuesto) sean también los habitantes de escenarios particulares (colegios, equipos deportivos, barrios de inmigrantes) ideales para crear tramas repetitivas o para darle un contexto de actualidad a las mismas historias de siempre, generalmente parece que los guiones los escribieran tipos que a duras penas saben deletrear su nombre. O claro, publicistas que quieren que nos traguemos la mentira de que el mundo se parece a High school musical, donde todos quieren llegar vírgenes al matrimonio y hacen fiestas intercambiando zumos de frutas y tarjetas hechas a mano.

Para los que están cansados de ver mundos construidos con azúcar y decorados con masmelo, pero que tampoco desean enterrarse en la crudeza (no necesariamente real) de Larry Clark (el director de Kids y de Bully); para aquellos que todavía extrañan la sensación de conocer a alguien en medio de un concierto o de una fiesta; para los que miran con nostalgia las fotos de aquel carro de segunda que fue su primer vehículo. Para todos ellos (¿para todos nosotros?) valdrá la pena ver Nick & Norah’s infinite playlist, una bella y entretenida película adolescente, que nos lleva a recorrer junto a un grupo de muchachitos la noche neoyorquina mientras buscamos con ellos a una amiga que tomó demasiado y un concierto de un grupo de rock que acostumbra a dejar pistas de sus presentaciones regadas en las calles, para que sus fans los descubran.

La película es bella por varias razones. Uno, porque nos muestra a una New York trasnochadora, fotografiada con gracia y originalidad (se le da mucha importancia al brillo de las luces y no tanta a la arquitectura, más a las esquinas y a las aceras que a los interiores de los lugares) que se ve siempre juvenil. Dos, porque la parte femenina de la pareja protagonista, la joven actriz Kat Dennings tiene una rara belleza que se antoja irresistible y una boca que compite en atractivo con la de Angelina Jolie. Tres, porque apela a una dirección de cámaras clásica, sin muchos aspavientos ni encuadres complicados, dejando que en la pantalla veamos los rostros de los personajes, quedándose junto a ellos en sus momentos importantes y acercándolos al espectador en los instantes emocionantes.

Y es entretenida especialmente por una razón: por su historia, sencilla y simple. Conocida y al mismo tiempo fresca. Nick es el bajista de una banda joven que ha sido abandonado por su novia Tris, que no se cansa de burlarse de los CD’s de canciones escogidas que él le regala (por eso el playlist del título original) en medio de su despecho. Norah es compañera de colegio de la ex de Nick y adora precisamente la música que hay en esos discos que recupera de la basura cuando Tris los bota. Una noche de fiesta en que todos buscan al grupo de rock misterioso, Norah se cansa de las burlas de Tris acerca de su soltería y le dice que ha ido a la fiesta con su novio. Ante la insistencia, va donde ese muchacho que acaba de tocar el bajo en la tarima del bar y besa a Nick frente a todo el mundo sin saber quién es.

Por supuesto que no tiene lógica que Norah no conociera a Nick si éste era novio de Tris. Pero por favor. Esto es una película adolescente. No le pidamos lógica. Ya es suficiente con que los diálogos tengan sentido y que la historia vaya para algún lado. Y ese lado es precisamente el viaje de conocimiento mutuo que Nick y Norah van a emprender esa noche, animados por los respectivos amigos de cada uno, y con las amenazas que representan Tris (todas las ex novias del mundo sienten de repente que quieren volver con el tipo que abandonaron cuando ven que le gusta a otra mujer) y Tal, el estirado “amigo con derechos” de Norah, que quiere usar la influencia de ella (hija de un productor musical famosísimo) para sacar adelante el disco de su propio grupo idiota.

El resto de la noche lo pasarán acercándose y separándose, contándose nimiedades (¿o alguien a esa edad decía cosas importantes?) y disfrutando de cosas tan sencillas como tomar un café de madrugada o escuchar un concierto en la azotea de un edificio. Al lado de los protagonistas veremos un mundo adolescente menos conservador que de costumbre y miraremos sin falsos escándalos lo que ya sabemos: que el licor y el sexo hacen parte de la vida de los muchachos de hoy, que la orientación sexual (los compañeros de Nick en el grupo son dos muchachos gays que alguna vez fueron novios y hoy son los más amigos) en la actualidad y en algunos países es realmente libre y que a pesar de todo, algunos han encontrado maneras creativas de cumplir con los mandatos sociales sin tener que ser los más irresponsables (el sexo de Nick y Norah es una masturbación mutua)

Pero además de esa mirada sensible al mundo juvenil, seremos testigos de un romance “chévere”, que nace entre dos protagonistas que no son los más lindos ni los más listos; pero que tampoco son los más estúpidos ni los más superficiales. Casi como recordamos la mayoría que éramos en aquel entonces. Porque claro, la película habla de los adolescentes del siglo XXI pero las cosas no cambian tan rápido ni tan bruscamente. Y como espectadores sentimos de repente una nostalgia por esas noches que pasábamos con el mismo chicle en la boca, o en que nos quedábamos sin batería o sin gasolina, dependiendo de la caridad de algún compañero.

Casi al final de la película, Nick decide cambiar la decisión que había tomado y enciende el parabrisas de su carro para borrar con él la marca de pintalabios que dejó su ex en el vidrio. Es increíble que un momento tan simple pueda ser al mismo tiempo tan emocionante. Pero eso era lo que nos pasaba a todos en aquellos años. Sólo se es adolescente una vez en la vida. Por desgracia.

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