Nombre: Viaje a las Estrellas
Categorías: Ciencia Ficción, Política, Documental, Basado en hechos reales, Guerra, Biográfica, Histórica
Director: J.J. Abrams
Año: 2009

Otras reseñas para esta película

Javier Moreno

Viaje a las Estrellas (2009)

Una aproximación axiomática

Axioma 1: Si la Federación fuera menos ella y más lo que dice ser nada nunca pasaría. Eso es algo que sabemos pero obviamos porque destruye la fantasía de que la Enterprise no es más que una inocente nave exploradora que viaja “donde ningún hombre ha llegado antes.” Propongo que por un momento dejemos de mentirnos. Aceptemos, antes de continuar, que la nave Enterprise es sobre todo un instrumento de dominación totalitarista que sirve a la estrategia bárbara de dominación antropocéntrica de la galaxia que iniciamos con avidez y cierta hambre una vez controlamos el fuego y la piedra y aprendimos a hacer hachas. La Enterpise, y esto es lo importante, no es un descendiente directo de la rueda sino de esa primera hacha ensangrentada. No por nada la serie nació durante la guerra fría y creció al lado de la guerra de Vietnam.

Axioma 2: Cuando Kirk (o posteriormente Picard, aunque Picard sea un personaje irrelevante) recita un aparte de su Bitácora de Vuelo al principio del programa, el guionista admite por medio de Kirk que lo que presenciaremos no son realmente los hechos sino una representación de los hechos adaptada de un cuaderno en formato escrito por este hombre que conocemos como Capitán Kirk. La frase es corta e inocua pero impone de inmediato una perspectiva que el espectador posteriormente adopta de manera inconsciente. Es el poder de las palabras en la práctica. La ausencia de la frase haría todo terriblemente más dificil, más falible. La frase nos sugestiona y condiciona nuestra reacción ante las imágenes. Aceptamos lo que ocurre (los ridículos trajes, los absurdos efectos especiales, las incoherencias narrativas) porque aceptamos la existencia de un sólo personaje: Kirk. Ni siquiera entramos a cuestionar su falibilidad, confiamos ciegamente en ella porque nos cuenta algo. No importa su rango de realidad. No importa nada. Importa que un hombre nos diga: Les voy a contar algo que me ocurrió, algo que registré aquí y que ofresco ahora como prueba al jurado al tiempo que juro sobre la biblia. Todo eso está implícito en la frase de Kirk y eso es lo que termina obrando el milagro. Eso es lo que nos permite creer.

Corolario al Axioma 2: Lo que vemos, entonces, es una representación libre de lo escrito por Kirk. La farsa es explícita y no tiene sentido ponerla en duda porque la verdad no está ahí. Los actores actúan a dos niveles. Actúan que actúan lo de Kirk, para una audiencia tal vez ficticia, o para goce de su propia y reconocida megalomanía, y actúan lo de los guionistas, para nosotros. Y la frase de Kirk, entonces, es la manera como las dos audiencias potenciales colapsan y todo se vuelve realista y admisible. Creemos en Kirk porque cuando lo vemos, por obra y gracia de ese colapso, somos tan ficticios como él.

Argumento adicional para la adopción del Axioma 2: Recordemos ese capítulo donde Kirk, en la holocubierta, sufre una crisis de identidad y piensa que es un hombre del siglo XX. Kirk siempre ha añorado el siglo XX, agregarán algunos, y el incidente en la holocubierta es una amplificación momentanea de una condición constante del personaje. Como sea, Kirk piensa que es un hombre del siglo XX y cuando deja la holocubierta naturalmente duda de todo lo que lo rodea: La nave, los equipos, las estrellas. Todo le parece un escenario de mala calidad para representar una teleserie de ciencia ficción. Todo es falso, incluso las orejas de Spock, y hasta ahí todo bien. Spock sabe lo que ocurre y responde, metódico, acorde, con inmensa calma, intentando llevar a Kirk al consultorio de McCoy. Pero entonces, de camino al consultorio, Kirk rompe una pared de un puño para comprobar su punto. La pared es de cartón. Fuera hay cámaras, técnicos, personas corriendo para no ser registrada por la cámara. Spock luce desconcertado. Leonard Nimoy mira hacia la cámara y luego mira de nuevo el agujero en la pared destrozada. Kirk acaba de desaparecer del otro lado, corre y grita, y un hombre de overol y gorra, con grandes audífonos, se asoma y pregunta si todo está bien adentro. Al fondo se escuchan más gritos. Pánico. Corte a comerciales. Cuando el capítulo regresa, es como si nada nunca hubiera pasado: Kirk está en el consultorio de McCoy, luce adormecido. McCoy le dice que pronto se recuperará. Que todo fue un mal sueño. La aventura continúa.

Axioma 3: Pese a lo anterior, el centro de Viaje a las Estrellas nunca fue Kirk sino Spock. El plano Kirk es sólo un catalizador, por contraposición, de la disyuntiva que encarna Spock. Su naturaleza dual sirve al propósito adoctrinatorio de idealizar al guerrero, al militar crudo y “lógico”, al estratega semidiósico, al tiempo que nos dice que nosotros, en nuestra imperfecta humanidad, también podemos ser como él.

Axioma 3 Bis: Algunos dicen que Kirk es Paul y Spock es John. Otros dicen que Kirk es Mick y Spock es Keith. Las opiniones varían. La confusión reina. La verdad es que Spock es David Bowie y Kirk, bueno, es sólo Kirk.

Argumento adicional para la adopción del Axioma 3: Por algo Kirk está muerto.

Axioma 4: En el universo de Viaje a las Estrellas el viaje en el tiempo es una cosa de rutina.

Corolario al Axioma 4: En el universo de Viaje a las Estrellas la historia es en esencia maleable. Todo puede y debe ser reescrito, revisitado y redefinido. Ningún hecho, por más transcendental, está a salvo de sufrir perversiones y variaciones. Todo es propenso a no ser o ser de una manera distinta. El universo de Viaje a las Estrellas, por tanto, resulta ser más bien multiverso compuesto por cientos de universos paralelos interrelacionados mediante canales efímeros que a veces se niegan y a veces se alimentan mutuamente, de acuerdo a la pericia de los guionistas.

Axioma 5: Viaje a las Estrellas sólo hay uno y Leonard Nimoy  es su profeta.

Corolario al Axioma 5:

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