Nombre: Los viajes del viento
Categorías: Drama, Musical, Road movie, Cine colombiano
Director: Ciro Guerra
País: Colombia
Año: 2009

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María José Roldán Pardo * * * ½

Los viajes del viento (2009)

Duelos

Ciro Guerra hizo un pacto con gentes de verdad de las sabanas de Sucre, Córdoba  y Cesar, la Cienaga Grande, la Sierra Nevada y la Alta Guajira para que le ayudaran a contar la historia de Ignacio Carrillo, ese hombre juglar de pocas palabras que cumple a cualquier precio su palabra.

Y en ese recorrido se encontró con los marimberos de la Guajira, los tambores de Palenque, las gaitas de los aruhacos, música toda de ángeles con significados profundos que a veces cuesta creer que existe.  Cada vez que Ignacio Carrillo toca el acordeón y canta, la piel se pone de gallina, el mundo se para, no pasa nada más… cómo debe ser.

La cámara se regodea en una geografía esplendida, sabana sin fin, nieves perpetuas,  alturas de un verdor innombrable, desierto que reverbera y unos atardeceres que uno puede creer que ha visto, pero, no, son otros también irrepetibles.

Y decía que son gentes de verdad, que de la mano de la historia se transforman en los personajes que Ciro Guerra quería recrear, sin remedar posturas, voces o acentos. Sorprende oírlos hablar en sus lenguas wayunaiky, ikn-arhuaco y bantú que no se subtitulan porque eso que parece que están diciendo es lo que están diciendo.

Una historia es verosímil solamente si  el espectador la cree y para que ello ocurra la mezcla de ingredientes debe ser perfecta y soportar una que otra especie adicional. Los viajes del viento por momentos es una construcción que tiene goteras, humedades, podría afirmarse que privilegia la fotografía y la música sobre la historia, es posible, pero, yo lo paso por alto, no me importa, lo asumo, me gusta.

Dirán algunos, también a favor de la película, incluso su director, que no recrea nuevamente la violencia y que solo aborda la cara amable de Colombia, no me uno a esas generosas voces, no me parece un atributo a destacar. Esa labor de embajadora de buena voluntad ante el mundo es chocante, no la necesita, su virtud mayor es otra: tiene fuerza, toca fibras, conmueve y emociona, sin más, independientemente de intensiones mediáticas que se le quieran adjudicar. Ojala gane premios claro, pero, si no, seguirá siendo la hermosa interpretación que Ciro Guerra hace de lo caribe, de su caribe, como la que hizo Ignacio Carrillo de "Caballito" en el Primer Festival de la Leyenda Vallenata.

Hago un acto de fe, me ilusiono: ojala esa Colombia exista todavía, da un susto horrible pensar  que no.

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