Nombre: 2 días en París
Categorías: Comedia, Comedia romántica, Romance, Comedia dramática
Director: Julie Delpy
País: Francia
Año: 2007

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Alejandro Martin Maldonado * * * ½

2 días en París (2007)

Julie Delpy se arriesgó mucho al tomar como trama de 2 días en París un esquema muy similar al de Antes del atardecer la película de Linklater que protagonizó hace algunos años y que ya muchos consideramos un clásico (quizás junto con su primera parte, “nuestro” clásico romántico para una cierta generación). En esa segunda película, en la que Delpy y Hawke se reencontraban en París nueve años después de su cita en Viena, la actriz francesa había escrito sus propias líneas y había pervertido un poco el personaje de la primera parte con algo de su propia rabia. Pero de todos modos, ella no dejaba de ser esa rubia adorable inaccesible francesa.
 
En esta, Julie Delpy quiere cogerlo todo por su lado, hacerlo a su manera, y le resultó una película buenísima. Está cargada de toda su mala leche francesa que le sirve para escupir en todo lo que detesta. Pero de alguna manera también para mostrar como allí hay mucho que adora. Y a la vez mostrarse a sí misma tan fuerte y tan frágil y tan pero tan difícil. Tan y pero tan jodida.

Todas las mujeres que yo amo tienen una furia por dentro (y son infinitamente jodidas). Las que he amado en la vida real y las que amo por lo que cantan: Fiona Apple, Regina Spektor, Neko Case ... Y Julie Deply hace aquí una película con un corazón de furia. Ella dice que se inspiró en Raging Bull para hacer su personaje, que vio varias veces Tiburón (y su novio en la película la compara con Mike Tyson). Putea a todos los taxistas que parecen representar lo peor de lo francés de estos tiempos y casi acaba a golpes con un exnovio que detesta con el que se cruza en un restaurante (después de haber presumido de saber llevar muy bien a los exnovios). 

Hay como un desajuste, es la más consentida, pero a la vez presume de ser la más independiente, y sí que es independiente, pero luego no, y quiere un amor de su vida para toda la vida, pero siempre cada amor en algún momento la aburre. Las contradicciones que enmarcan su vida (y la película) están muy bien resumidas tanto en la voz en off que inicia como la que termina la película (especialmente ese hermoso final). 

Algunos reseñistas ven esta película como una película de terror. Y es verdad que parece estar pensada como para meter a los hombres en su peor pesadilla. En alguna entrevista, Delpy dice que la película es la suma de todos sus peores miedos de llevar un novio a visitar su familia en Francia. Al novio le toca chocarse con todos los exnovios con los que ella no puede evitar coquetear, regados por su apartamento encuentra pistas de todas las mentiras que ella le ha dicho, él papá de ella lo hace comer conejo y se relame con la cabeza del animal a la vez le hace un test de literatura francesa y exhibe toda su desinhibición sexual. Con la madre de ella la cosa es más o menos igual.

Delpy consigue muy bien que estos personajes franceses sean unos monstruos. Pero a la vez unos monstruos adorables. Sobre todo porque se ve lo bien que se lo están pasando riéndose de sí mismos. Y lo mucho que se quieren. Y es que ella utiliza su propia familia, su padre y su madre en la vida real, para representar su padre y su madre en la película. Y es evidente que ellos se divierten de lo lindo haciendo una caricatura de los franceses. Riéndose del gringo. Explícitamente sexuales y brutos. Infinitamente mamones y gocetas. 

En el momento en que todo en la pareja entra en crisis, ella estalla. Justo cuando se hacen evidentes sus mentiras y sus dudas. Ella llora, se encierra, hace un papelón. Siempre me ha intrigado al ver películas sobre mujeres duras, por qué siempre en algún momento lloran. En este caso todo parece hacer parte de esa rabia y ese desconcierto femenino (tan de mi generación). Y ese papel, ese rol que juegan todo el tiempo. Cuando su teatro se hace evidente lloran, y eso también hace parte de su teatro. Y los hombres no entendemos nada. Y a la vez las dejamos actuar. Allí estamos para ver sus escenas, adorarlas y odiarlas, e intentar jugar nuestro propio papel lo mejor que podemos. 

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