Nombre: Appaloosa
Categorías: Drama, Acción, Western, Basado en una novela
Director: Ed Harris
País: Estados Unidos
Año: 2009

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Samuel Castro * * *

Appaloosa (2009)

Tiros con gracia

Se pintan en el horizonte las siluetas de tres jinetes que llegan a un rancho ganadero. Uno es el sheriff del cercano pueblo de Appaloosa que busca a dos asesinos y violadores entre los trabajadores del lugar. Cruzan un par de frases nada amistosas y Randall Bragg (Jeremy Irons), el dueño de la hacienda, dispara contra los recién llegados. Da la espalda y deja que sus trabajadores se encarguen de los cuerpos. A lo sumo todo duró dos minutos. No hay ángulos de cámara rebuscados, ni complicadas secuencias de acción. Tres tiros, tres muertos.

La economía de recursos fue siempre una de las características que distinguían al western como género cinematográfico. Bastaba con volver a pintar algunas paredes, cambiar los letreros y ocultar algunas marcas de disparos para que en el mismo pueblo fantasma de mentiras se filmaran decenas de películas, una tras otra, como si estuvieran en una cadena de producción de juguetes navideños Made in China. Era la ventaja que daba el hecho de que todas las historias de vaqueros necesitaran siempre las mismas locaciones: un hotel de mala muerte, una cantina, la oficina del alguacil (que también era calabozo), la calle principal para el infaltable duelo a muerte y alguna estación de tren. Pero lo que parecía una carencia era también la principal riqueza del western, pues su potencial de éxito y diferenciación dependía de los personajes y las historias. Y Appaloosa, la segunda incursión en la dirección del actor Ed Harris es, sobre todas las cosas, un western que sigue las reglas, una película que si no tuviera color y no contara con una banda sonora reconociblemente moderna, pasaría con facilidad por un antiguo título perdido del género.

Son precisamente los personajes de esta película los que consiguen que sea, más que una cinta de vaqueros, un drama sobre dos amigos que han llegado al punto de su vida en que las decisiones que se toman pueden ser de verdad definitivas. Los habitantes de Appaloosa han llamado para solucionar sus problemas a Virgil Cole (Ed Harris) y a su fiel compañero Everett Hitch (Viggo Mortensen), quienes llevan doce años recorriendo los pueblos polvorientos de la frontera con México alquilando sus armas al servicio de la justicia. Con su arribo la situación del pueblo cambia, pues ambos tienen la puntería y la presencia de ánimo suficientes para que los secuaces de Bragg respeten sus reglas. Pero nada es tan sencillo como parece en un western y la aparición de la viuda Allison French (Renée Zellweger), una mujer de educación refinada y mejillas sonrosadas complica las cosas para todos, pues le crea a Virgil — que se enamora de ella—, algo que nunca había tenido en su carrera como comisario a sueldo: un punto débil. Un punto débil que sus enemigos sabrán aprovechar.

Hay algo en los diálogos entre los dos compañeros que como espectadores agradecemos: sentido del humor. El guión hace un acercamiento humano a estos personajes, obligándonos a recordar que aunque cambien las vestimentas los hombres nos preocuparemos siempre por las mismas cosas: cómo complacer a la mujer que nos gusta, cuándo suspender la búsqueda de una vida ideal, de qué color han de ser las cortinas de la sala. Pero como son vaqueros y machos y rudos, ni Virgil ni Everett saben muy bien cómo comportarse cuando no tienen un arma en sus manos y eso es lo que nos obliga a sonreír cuando los vemos juntos. Por ejemplo, cada vez que Cole comienza a tartamudear porque no recuerda cuál es la palabra que debe pronunciar y Hitch la dice sin inmutarse ni burlarse, sabemos que son verdaderos amigos. Cuando el alguacil pierde los estribos y su ayudante debe contenerlo, sujetándolo en un abrazo casi íntimo, entendemos que son un par de viejos compinches que nunca van a decirse que se quieren, pero que no saben vivir ya el uno sin el otro.

Un muchacho que trabajaba con Bragg decide acusarlo y testificar contra él por el asesinato del antiguo comisario. Virgil y Everett van hasta su rancho de madrugada y lo arrestan sin que sus cómplices se den cuenta. Lo increíble es que nunca está en sus planes llegar disparando para enfrentarse con todos en una balacera interminable. La aproximación que hace Harris al género no busca, como otros (Open range, 3:10 to Yuma) actualizarlo en lo visual o en lo fotográfico, sino pensarlo desde una lógica contemporánea: ¿podían durar durar tanto los tiroteos si todos eran tan buenos con las armas?, ¿cómo va a estar perfectamente blanca la piel de los protagonistas si el sol les pega en la cara durante años?, ¿no se comportarán estos hombres que sólo trataron con prostitutas toda su vida como adolescentes nerviosos cuando se enamoran?

Appaloosa trata de responder esas preguntas mientras desarrolla su línea argumental. Bragg escapa, deben volver a atraparlo, hay enfrentamiento frontal con otros pistoleros como ellos y al final, pareciera que todo va a terminar igual que al comienzo (que la trama suene tan conocida sólo significa que seguimos viviendo en el Viejo Oeste). Pero lo hace porque a los protagonistas debe pasarles algo, esas son las reglas. El verdadero valor de esta película no está en las acciones sino en cómo logra que entendamos las emociones de los personajes, saber que cuando asumen un duelo contra otros pistoleros no lo hacen por cumplir la ley sino por sentirse bien con ellos mismos, o como ocurre también, para darle a un amigo la oportunidad de ser feliz.

Harris logra una película que no decepciona, a pesar de que por ese mismo afán de humanizar a sus personajes algunos pierdan consistencia (Jeremy Irons pudo haber sido sustituido por su doble y nadie lo hubiera notado). La adaptación de época es creíble y el trabajo de Jeff Beal, el compositor, demuestra que todavía se pueden escribir fanfarrias memorables. La aproximación que hace el guión al personaje femenino es notable, pues muestra cómo las mujeres también tenían su método para sobrevivir en el territorio salvaje, cobijándose (a veces literalmente) bajo la sombra del gallo más poderoso del corral. Pero todos los aplausos se los lleva Mortensen, pues su composición del compañero que es más inteligente que todos pero que no habla para no herir a nadie, un héroe a pesar de sí mismo, es fantástica. Por algo es con su voz que se abre y se cierra la película. Al inicio dice que comenzó a recorrer los caminos buscando “la expansión de su alma”. Cuando todo acaba, nos convencemos de que en su alma por fin hay espacio para su soledad.

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