Nombre: JCVD
Categorías: Drama, Policiaca, Política, Artes marciales, Documental, Fantasía, Basado en hechos reales, Comedia dramática
Director: Mabrouk El Mechri
Año: 2008

Otras reseñas para esta película

Javier Moreno

JCVD (2008)

Todo Van Damme
"L'être humain a tellement l'habitude de parler et de regarder, temps en temps les gens qui sont aveugles sont plus awares que les gens qui voillent, parce qu'ils sont obligés de sentir les sensations, les gens qu'ils aiment pas, qu'ils aiment bien, et les objets qui sont, et on est aware." — Jean Claude Van Damme

En mi adolescencia vi todo Van Damme. El Van Damme clásico. Crecí con eso. Fue una buena escuela. Es mi tipo de cine, el mío, el que no era herencia de nadie ni una imposición comercial sino descubrimiento propio. Es sencillo (casi artesanal) pero enseña buenas cosas. Habla de sacrificio, de esfuerzo, de amistad, de perseverancia, de humanidad, de hombres buenos que se equivocan y torneos clandestinos donde todo se decide. Van Damme es el Buster Keaton de nuestra época. El Keaton más dramático, si se quiere. La diferencia es que donde Keaton cae aparatosamente y luego se levanta sin un rasguño y con cara de incomprensión, este belga bajito y grueso salta y se sostiene en el aire, da un giro súbito y suelta la patada más grabada y perfecta de la historia. Van Damme es el hombre que encarna el prodigio de que esas cosas pasen. Para eso está él ahí.

Descubrí ayer que Contacto Sangriento es basada en una historia de la vida real. Tal vez ya lo sabía pero no lo recordaba. Cuando pasan cosas como esas me pregunto si no estamos forzando la realidad demasiado. Digo, como especie. El ser humano es un transformador de su espacio, lo sabemos, ¿por qué no de los límites de lo posible, de lo admisible? De cierta manera ocurre: Volar en cosas metálicas no es algo que hayamos podido hacer desde siempre. Y los records de cien metros planos se acumulan unos sobre otros y a veces a uno le gustaría decir NO MÁS, BASTA, esto ya no es sensato, esto no es un record sino una violación a lo que el universo permite. Miren a Rafa Nadal. Miren a Michael Jordan. Miren a Arnie S. en la Gobernación de California. Miren a Jean Claude Van Damme, solitario y cansado, llegando al aeropuerto de Bruselas y tomando un taxi para visitar a sus papás. No pudo dormir en el vuelo desde Los Angeles. Los años pasan. Este es un tipo de cuarenta y siete años. No es el mismo, no, que alguna vez viajó a Hollywood a convertir su Karate en cine. En Francia dicen que la historia de Van Damme es la de cómo hasta un completo imbécil puede triunfar en L'Amerique, ¿pero es realmente esa la historia? ¿De dónde sale Van Damme? ¿Cómo llega a ser lo que es? ¿No hay esfuerzo en su transformación? ¿No hay mérito?

"Des tas de choses! On appelle ça le «cycle de la vie». Attention! Il y a deux sortes de vies... J'espère que c'est pas trop fort, mais c'est très profond ce que je vais dire: il y a deux vies. La première vie, c'est la nôtre: entre toi et moi, le téléphone, la conversation, le magazine Première, le film La Légion étrangère - qui est très beau, je respecte, mais c'est une réalité qu'on a créée, on vit dans une réalité qu'on a créée et que j'appelle «illusion». Et puis, il y a la mort; et la mort n'existe pas. La mort, c'est la seconde dimension; la vraie dimension de la vie, c'est l'univers! Et c'est là où on revient, soit dans la même enveloppe, soit dans quelque chose d'autre dans laquelle on a envie de revenir et [soudain adouci]... on progresse. Le progrès sur la Vérité. Et je sais que même si tu comprends pas ce que je dis, tu le comprends." — Jean Claude Van Damme

Dicen que al llegar a Los Angeles sin saber ni jota de inglés Chuck Norris lo ayudó. Norris lo conocía porque Van Damme logró algunas cosas en el circuito internacional de Kick Boxing. No era malo. Norris, que es reconocido por su nobleza y su colección de botas texanas, le consiguió un trabajo como bouncer en un bar. Van Damme logró algunos papeles como extra, investigó, mejoró su inglés viendo Los Picapiedra, se aprendió los nombres de las personas que importaban y también sus caras y cuando tuvo al primero a distancia de patada le enseñó lo que podía hacer. Así, en la calle, sin calentamiento. Le dijo: Mire, yo soy Jean Claude Van Damme (un apellido falso) y sé hacer esto y lo hago bien, soy el mejor haciéndolo, por eso usted me necesita y así fue. Contacto Sangriento (una de las primeras películas con Forrest Whitaker, por cierto) fue el producto de esa entrevista callejera. Quienes llegamos temprano a su carrera sabemos que ese fue el momento donde se hizo evidente que Van Damme tenía madera para cosas grandes. John Woo también lo sabía y fue gracias a Van Damme que Woo logró la visibilidad que hoy tiene y que lo ha convertido en el parámetro para medir el buen cine de acción.

Pero volvamos a Bruselas, al vuelo insoportable desde Los Angeles pensando en el juicio de custodia de su hija. A su hija la avergüenzan las películas de su papá. Por eso prefiere vivir con su mamá. El abogado pregunta al aire qué tipo de ejemplo sienta un padre que vive de hacer eso. De propugnar la violencia. Este hombre tiene cuarenta y siete años y sólo consigue papeles para hacer siempre la misma película. La del veterano que debe tomar la justicia por sus manos, la del hombre bueno e ingenuo que, forzado por las circunstancias, se sumerge en una cadena de combates y venganzas para salvar o salvarse. Pagan bien pero no es lo que querría hacer. Él ya ha demostrado que puede hacer más pero eso no es suficiente. Ha escrito guiones, ha dirigido, ha producido. ¿Qué ha ganado a cambio? Se ha convertido en el hazmereir del mundo francófono que no se pierde sus participaciones surreales en programas de variedad. ¿Lo han visto?  Van Damme sin guión es un gurú del absurdo o un maestro zen, dependiendo del filtro. "Uno más uno podría ser uno," nos dice, "o tal vez once." Es una dimensión de Jean Claude Van Damme de la que se sabe poco afuera, la del pensador. Una dimensión que aumenta ostensiblemente su complejidad como personaje. Que lo presenta a ojos míos como alguien con una preocupación genuina por trascender, por enseñar que no es sólo "el músculo de Bruselas", que existe más allá de sus patadas y sus splits legendarios, que quiere ser admirado y apreciado, que tiene algo para dar.

"Les gens voient Van Damme en tant monsieur muscles, tout ça, c'est super, le karate, les arts martiaux, mais y'a aussi une force intérieure, que j'ai acquis avec les années." — Jean Claude Van Damme

Me pregunto quiénes somos nosotros para juzgar y reirnos de lo que es Jean Claude Van Damme. Despreciamos por principio su trabajo. Decimos que es basura. Nos burlamos de sus declaraciones a la prensa. Pero la verdad es que ahí está y ha llegado lejos. Es un tipo sin pretenciones, humilde, tranquilo, con problemas, como todos. Le gusta decir lo que piensa y hacer lo que le gusta. De eso vive y vive bien en medio de todo. ¿Eso está mal? ¿Tenemos derecho a ser tan duros con él? ¿Quiénes somos acaso? ¿Qué fue lo que hicimos para ganar ese privilegio?

Ahí va Van Damme, mi héroe de infancia, en su taxi, buscando un cajero automático que le suelte dinero. La taxista lo reconoce le cuenta lo mucho que lo admira. ¿Se tomaría una foto con ella? En Bruselas lo quieren. Es el único —así dicen— que ha sido capaz de salir de ese pueblo de mierda. Su representante lo llamó para contarle que Steven Segal se había quedado con su papel de la película de otoño. ¿Y el dinero para los abogados, para que lo dejen ver a su hija? ¿De dónde saldrá el dinero? Van Damme en carne y hueso, triste, un poco desesperado, a punto de estallar.

Esta es su película. Esta es su película para nosotros. Esta es la película donde Van Damme, por fin, tiene una oportunidad para hablar.

Aquí está todo Van Damme.

" La vie c'est quelque chose de tres fort et de tres beau.... La vie appartient a tous les vivants. It's both a dream and a feeling. C'est etre ce que nous ne sommes pas sans le rester. La vie c'est mourir aussi....Et mourir c'est vraiment strong...c'est rester en vie au dela de la mort...Tous ceux qui sont morts n'ignorent pas de le savoir " — Jean Claude Van Damme

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