| Nombre: | Smart people |
| Categorías: | Drama, Romance, Comedia dramática |
| Director: | Noam Murro |
| País: | Estados Unidos |
| Año: | 2008 |
Smart people (2008)
Como la belleza
La inteligencia es como la belleza: No dice nada, no garantiza nada. A veces es incluso un limitante para vivir bien. Hay gente que se mata de tanto ver y saber y pensar; o que vive recluida en su inteligencia supuestamente prodigiosa, única, incapaz de mantener relaciones significativas con nadie; o simplemente infeliz, descontenta de coexistir con tanto payaso insignificante y vacío, con tanta gente normal.
Como la belleza, también, la inteligencia es una trampa: crea seguridades falsas, que ceden y se quiebran con la edad. Todos caen. Todos descubren tarde que temprano su nivel de incompetencia. Es una historia agridulce porque con la revelación amarga de la propia falibilidad llega el descubrimiento dulce de reconocerse por fin igual a alguien o a muchos. El mundo se expande, se libera. Ciertas cosas jamás contempladas resultan difíciles o muy difíciles, emocionantes. Las calles se llenan de gente digna de admirar.
Pero eso toma tiempo.

Entrar en detalles no tiene sentido. Para eso está la película. Sólo diré que me gusta que Smart People logre tratar el tema sin ser excesivamente ácida, sin caer en el sarcasmo corrosivo que a veces es tan sabroso pero que satura por completo "el género". Smart People es, en últimas, una película buena onda con final feliz. Las producciones independientes le tienen miedo a estos finales felices porque Hollywood los monopoliza (lo mismo pasa con las historias de amor "clásicas"), así que es siempre bueno encontrar una que se atreve a dar el salto optimista y sale bien librada. ¿Pecados? Pocos. Uno —grande—: contratar a Sarah Jessica Parker y hacerme sentir por momentos que asisto a un episodio surreal de Sex and the City (serie que adoro, por lo demás, casi tanto como odio a la boba Carrie.) Por fortuna ahí están Dennis Quaid, Thomas Haden Church y Ellen "Hard Candy" Page para compensar. Qué grandes y lindos personajes nos regalan.
La inteligencia pierde importancia con los años. Es bueno (y natural) que sea así. Es bueno que valoremos más la virtud de escuchar, o la empatía, o la tolerancia, o la capacidad de decir lo que sentimos, lo que nos hace feliz o nos duele. Sin embargo, vivimos en un mundo en el que señalar esas cosas es considerado despreciable, basura inspiracional, que llaman. Se supone que debemos ser cínicos y huir de cualquier discurso esperanzador. Tal vez la mayor virtud de Smart People consiste en no dejarse llevar por eso, en su valentía de señalar caminos obvios y seguirlos aunque sean inciertos, y mostrarnos que hay verdades al fondo, que el panorama no siempre es tan negro.

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