Nombre: Smart people
Categorías: Drama, Romance, Comedia dramática
Director: Noam Murro
País: Estados Unidos
Año: 2008

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Javier Moreno

Smart people (2008)

Como la belleza

La inteligencia es como la belleza: No dice nada, no garantiza nada. A veces es incluso un limitante para vivir bien. Hay gente que se mata de tanto ver y saber y pensar; o que vive recluida en su inteligencia supuestamente prodigiosa, única, incapaz de mantener relaciones significativas con nadie; o simplemente infeliz, descontenta de coexistir con tanto payaso insignificante y vacío, con tanta gente normal.

Como la belleza, también, la inteligencia es una trampa: crea seguridades falsas, que ceden y se quiebran con la edad. Todos caen. Todos descubren tarde que temprano su nivel de incompetencia. Es una historia agridulce porque con la revelación amarga de la propia falibilidad llega el descubrimiento dulce de reconocerse por fin igual a alguien o a muchos. El mundo se expande, se libera. Ciertas cosas jamás contempladas resultan difíciles o muy difíciles, emocionantes. Las calles se llenan de gente digna de admirar.

Pero eso toma tiempo.

De todos los medios sociales, el medio académico es probablemente el nido más propicio —por razones obvias— para albergar e impulsar las inteligencias más despreciables. Y si el medio académico es bueno abrigándolas, la familia académica es diseñada para engendrarlas. El secreto del éxito es una mezcla de presión, pasión por la competencia, incapacidad de expresar afecto, falta de tiempo, y múltiples frustraciones contenidas a todos los niveles. La familia de The Squid and The Whale, de Noam Baumbach, es un ejemplo extremo. La familia de Smart People, dirigida por Noam —¿coincidencia?- Murro, es otro: padre profesor de literatura consumido en partes iguales por su carrera, su ego y la culpa de matar a su mujer; madre muerta en accidente de tránsito; hijo mayor despreciado por su padre por no cumplir con las expectativas habituales; hija menor sobreestimulada y -por ende- andróidica y solitaria. Uno diría que estos tres no tienen salvación, pero esto es cine, y si el cine no nos deja alguna esperanza no nos deja nada, así que Smart People es la historia de su redención, de su necesaria (y agridulce) revelación colectiva.

Entrar en detalles no tiene sentido. Para eso está la película. Sólo diré que me gusta que Smart People logre tratar el tema sin ser excesivamente ácida, sin caer en el sarcasmo corrosivo que a veces es tan sabroso pero que satura por completo "el género". Smart People es, en últimas, una película buena onda con final feliz. Las producciones independientes le tienen miedo a estos finales felices porque Hollywood los monopoliza (lo mismo pasa con las historias de amor "clásicas"), así que es siempre bueno encontrar una que se atreve a dar el salto optimista y sale bien librada. ¿Pecados? Pocos. Uno —grande—: contratar a Sarah Jessica Parker y hacerme sentir por momentos que asisto a un episodio surreal de Sex and the City (serie que adoro, por lo demás, casi tanto como odio a la boba Carrie.) Por fortuna ahí están Dennis Quaid, Thomas Haden Church y Ellen "Hard Candy" Page para compensar. Qué grandes y lindos personajes nos regalan.

La inteligencia pierde importancia con los años. Es bueno (y natural) que sea así. Es bueno que valoremos más la virtud de escuchar, o la empatía, o la tolerancia, o la capacidad de decir lo que sentimos, lo que nos hace feliz o nos duele. Sin embargo, vivimos en un mundo en el que señalar esas cosas es considerado despreciable, basura inspiracional, que llaman. Se supone que debemos ser cínicos y huir de cualquier discurso esperanzador. Tal vez la mayor virtud de Smart People consiste en no dejarse llevar por eso, en su valentía de señalar caminos obvios y seguirlos aunque sean inciertos, y mostrarnos que hay verdades al fondo, que el panorama no siempre es tan negro.

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