Nombre: Vicky Cristina Barcelona
Categorías: Drama, Comedia, Erótico, Fantasía, Basado en hechos reales, Comedia romántica, Romance, Comedia dramática, Biográfica
Director: Woody Allen
País: Espa
Año: 2008

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Jorge Mario Sánchez * * * *

Vicky Cristina Barcelona (2008)

Vicky Cristina Cartagena

No soy el primero que se sorprende con esto: ¡cuánto erotismo en una película de Woody Allen! Y es un erotismo fresco, sin represiones, sin que los actores parezcan incómodos (como sí ha pasado en otras obras de Woody). Y si tenemos en cuenta que las protagonistas de Vicky Cristina Barcelona son las despampanantes Rebeca Hall, Scarlett Johansson, Penélope Cruz y, claro, una idealizada Barcelona, sabemos que estamos ante todo un festín visual.

Dije que la Barcelona de la película es idealizada. Al parecer lo es en extremo, tanto que no he encontrado el primer crítico español que no diga que el último film de Woody Allen es un desastre. Han llegado a afirmar que es la peor película de su filmografía, y una de las mayores decepciones del año que pasó. No conozco Barcelona, pero imagino que Woody hizo con la ciudad lo mismo que acá en Colombia hacemos con la Cartagena turística –las calles de la ciudad vieja, los hoteles de lujo, los restaurantes carísimos, las playas– durante la época de fin de año: la limpió de fealdades (léase indigentes, mendigos, “gentuza”, etc.), la convirtió en un lugar de ensueño, romántico hasta la náusea. Puso a los protagonistas a escuchar guitarra flamenca, lo cual rebasó la copa de los españoles, pero creo que es lo mismo que si unos turistas en Cartagena escucharan un conjunto vallenato en una playa privada, al anochecer. Lo que a los ultranacionalistas españoles les pareció una aberración con su amada-odiada Barcelona, a nosotros, los ultranacionalistas colombianos, nos habría parecido muy acertado con nuestra Cartagena, y habríamos alabado al viejito de gafas y el gobierno lo habría condecorado con la Cruz de Boyacá. Y en ese caso lo habrían odiado, claro, los mamertos.

Pero aquí vinimos a hablar de cine. En Vicky Cristina Barcelona, como en todas las obras de Allen, el sexo es un motor muy poderoso. Siempre había estado ahí, pero nunca de forma tan explícita, aunque acá no hayan desnudos. Y a pesar de tanta pasión desbordada, la película no deja de ser, ante todo, reflexiva, y esto queda enfatizado con la voz en off de ese narrador literario que nos cuenta las vidas de las protagonistas, las norteamericanas Vicky y Cristina.

Los cuatro personajes principales, y aun los secundarios, son hasta cierto punto clichés, lo que no es un defecto si nos percatamos de que todos, en la vida real, nos estamos convirtiendo cada vez más en estereotipos, parodias de nuestros supuestos roles sociales. En el caso de la película, los estereotipos (o arquetipos) facilitan la reflexión. Así, tenemos a Vicky (Rebeca Hall), cuyos miedos la hacen aferrarse a una vida segura y monótona; a Cristina (Scarlett Johansson), siempre en busca de algo, siempre inconforme, tanto con lo que hace como en sus relaciones; a Juan Antonio (Javier Bardem), el artista vitalista y bohemio, una especie de Henry Miller adinerado y adicto a las mujeres; a María Elena (Penélope Cruz), la exesposa de Juan Antonio, mezcla caótica de Eros y Tánatos; y a Doug (Chris Messina), el prometido de Vicky, el típico hombre de éxito norteamericano, con una concepción cerrada de la vida y lleno de prejuicios. Tanto Vicky como Cristina sienten una fuerte atracción por Juan Antonio, pero mientras en Cristina es algo natural y no opone resistencia, en Vicky genera tantos conflictos que hace que toda su vida (todo en lo que cree, lo que ella es) se estremezca. El azar la define mucho más de lo que desearía, y ésta es uno de las reflexiones más interesantes de la película: cómo ciertas conjunciones de eventos y lugares, en apariencia triviales, pueden cambiar completamente lo que somos y deseamos, así intentemos edificar sobre terrenos sólidos  y nos enclaustremos en nuestro rol social. La otra cara de la moneda la vemos en María Elena, entregada totalmente al caos de la vida, lo que la desestabiliza mental y emocionalmente y la hace desear el suicidio o el asesinato. “¡Me quiero morir! ¡Mi cabeza va a explotar!”, grita en español en una de las escenas clave del filme.

Y en Vicky Cristina Barcelona encontramos también las clásicas obsesiones del director: el arte, el amor, el sexo y la forma cómo estos tres elementos se entrelazan y repelen, además de la tremenda influencia que una persona puede ejercer en otra, como es el caso de Juan Antonio, quien copia el estilo caótico de las pinturas de María Elena y quien, en cierta forma, se ha convertido en un pálido reflejo de la abrumadora personalidad de ella.

El problema con Woody Allen es que siempre compararemos sus películas recientes con las “mejores” de su filmografía, con el propio pedestal en el que lo hemos instalado. Tal vez eso nos impide ver que en sus obras de vejez busca, ante todo, una sencillez formal y una sutileza de la que antes carecía, sobre todo en los diálogos. Ya no hay en éstos sentencias filosóficas, una tras otra, sino conversaciones sencillas que nos van revelando quiénes son en verdad estos personajes, qué es lo que los aleja, justamente, del estereotipo en el que han transformado sus vidas. Y los giros narrativos de sus últimos filmes, que para muchos resultan absurdos, son su forma de subrayar que el azar gobierna nuestro mundo.

 

(De El Persa, blog de literatura y cine).

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