Nombre: Recuento
Categorías: Drama, Terror, Política, Basado en hechos reales, Histórica
Director: Jay Roach
País: Estados Unidos
Año: 2008

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Samuel Castro * * * ½

Recuento (2008)

Anatomía de un crimen

Algunos hechos de la historia son sólo un titular en nuestra memoria: “Mataron a Galán”, “Derribaron las torres gemelas”, “Cayó Pablo Escobar”. Pero nunca nos enteramos del cómo: cómo ocurrieron los hechos, quiénes fueron los verdaderos protagonistas, qué personajes secundarios se han quedado en las sombras de esas noticias. Uno de los ejemplos más recientes e importantes, porque se dio en la democracia imperial que domina el mundo en que vivimos, es el de las elecciones presidenciales estadounidenses del año 2000 que ganó George W. Bush. Si nos esforzamos un poco recordaremos que hubo un lío bárbaro porque a pesar de que Al Gore ganó el voto popular, el complejo sistema electoral norteamericano hizo que fuera el delfín petrolero quien ocupara el despacho oval. Incluso puede que recordemos que durante varios días se tuvo que hacer un recuento de votos en el estado de la Florida, (cuyo gobernador en aquellos momentos era, ¡qué casualidad!, el hermano del candidato) cuyos votos electorales le dieron al final la victoria a Bush Jr.

Ocho años después, con el gobierno de Bush en su ocaso, HBO decidió que era tiempo suficiente para darle una mirada más profunda a aquel titular periodístico y con el cuidado y la calidad que han cimentado su prestigio como productora (basta recordar que fueron ellos los que hicieron series como The Sopranos, Oz o Sex and the city y que han financiado películas valiosas como Yesterday o Elephant de Gus Van Sant) produjo Recount. La expresión “película para televisión” suena despectiva, y nos hace pensar en dramas cancerígenos e historias de huérfanos que pasaban por Hallmark hace unos años. Pero en el primer mundo las películas para televisión son en muchos casos propuestas más arriesgadas y más inquietantes que las que se encuentran en el cine comercial e incluso, gracias al músculo financiero de las cadenas televisivas, pueden contar con repartos de lujo: Kevin Spacey, John Hurt, Laura Dern y Tom Wilkinson son los nombres más prestigiosos de esta película.

Se podría pensar que un episodio histórico tan particular de un país puede tener escaso interés para públicos de otras coordenadas. Pero la primera de las muchas cualidades que tiene Recount es precisamente combinar sin que se vea forzado, dosis exactas de secuencias didácticas que explican lo que estamos viendo (la que detalla por qué algunas tarjetas electorales, los famosos chad, fueron descartados como votos válidos, es maravillosa), con diálogos que nos brindan un poco más del contexto histórico del momento y de los personajes. Tres de ellos se destacan más que los otros, por las interpretaciones de los actores y por su importancia en la trama: Spacey como Ron Klain, el abogado que “cae en paracaídas” para dirigir el equipo demócrata que intentó demostrar el fraude electoral que se habría producido en el estado de la Florida; Tom Wilkinson, fantástico como siempre, interpretando al antiguo Secretario de Estado de George Bush padre, James Baker, quien llega a la Florida para ponerse al frente de lo que él sagazmente ve como una real confrontación por la presidencia; y Laura Dern, quien transforma su cuerpo menudo y su cara lavada fácilmente reconocible, para encarnar a la voluptuosa y torpe Secretaria de Estado de la Florida, la republicana Katherine Harris, quien es retratada como una incompetente que por una casualidad del destino tiene en sus manos el futuro de la elección del cargo más importante del planeta.

Un guión complicado —pero nunca confuso— en el que triunfa con mucha habilidad el debutante Danny Strong, logra que como espectadores podamos recordar casi a todos los personajes (y son muchos) de la película y definir sin esfuerzo cómo es su carácter o cuáles son sus motivaciones. Para eso se vale de recursos muy interesantes: nos muestra en una secuencia a la Secretaria Harris dedicada a pensar cómo se va a maquillar para enfrentar las ruedas de prensa en que va a hundir a la democracia; hace que Klain cuente en un bar, frente a unas cervezas, que ni siquiera está seguro de que le “guste” Al Gore pero que lo único que quiere saber es quién demonios realmente ganó esas elecciones; revela una faceta desconocida del Secretario Baker cuando le confiesa a un miembro de su equipo que él era un demócrata hasta el momento en que un amigo (el presidente Bush) lo llevó a su campaña para que olvidara el dolor de la viudez. Pequeños detalles que ennoblecen a los personajes y le dan a Recount uno de sus mayores atributos: humanizar el episodio para que no parezca una clase de historia y recordarnos que las grandes batallas las libran desde las trincheras soldados desconocidos. Tal vez por eso Gore y Bush son sólo voces y espaldas en la película: otros eran los que se la jugaban por ellos.

También hay que destacar la edición de la película que se encarga de combinar con fluidez las tomas filmadas con episodios periodísticos reales de transmisiones de CNN, para que no se nos olvide que esto fue algo que ya vimos, que sabemos cómo terminó (aunque hacemos fuerza para que el final fuera distinto) y que, aunque parezca imposible, los estadounidenses permitieron que sucediera. No hay marcas de estilo reconocibles en cuanto a dirección, pues Jay Roach hasta el momento se había destacado sólo como un profesional competente al mando de dos franquicias: Meet the parents y Austin Power; sin embargo hay que reconocer que aquí su trabajo muestra gran conocimiento de los ritmos narrativos y de cómo aprovechar la cámara para sumarle más poder a unas actuaciones notables. Detalles como hacer que “veamos” los fallos de los jueces de la Suprema Corte, diciéndolos al espectador (como lo hacía el consejero que admiraba Jerry Maguire) aportan personalidad y carácter a la película.

Contar la historia contemporánea implica dilemas complejos: si se escoge una posición moral habrá acusaciones por parte de los que no salen bien parados en el relato; si no se hace, el producto se convierte en una comida insípida que nadie quiere saborear. Es cierto que aquí nos cuentan cómo el partido republicano se robó las elecciones, pero también nos relatan que fue la falta de bravura de algunos demócratas y las inseguridades propias de un imperio que debe aparentar grandeza frente al mundo, lo que permitió que el ilícito se cometiera. HBO demuestra una vez más que se puede entretener y cuestionar al mismo tiempo. Y que ni Estados Unidos se salva de los vicios de las repúblicas bananeras. Es decir, de nuestros vicios.

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