Nombre: Llevados por el deseo
Categorías: Drama, Erótico
Director: Mike Nichols
País: Estados Unidos
Año: 2004

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Maria del Rosario Acosta Lopez * * *

Llevados por el deseo (2004)

Closer  no es una película fácil de ver. Es dura, violenta, agotadora. Es imposible no salir del teatro profundamente conmovido, sacudido por la inclemencia de los diálogos, confundido por la sutil rudeza de las imágenes. Ni Marber, a través de un guión brillantemente construido, ni Nichols, en su manera brutal de narrar la historia, nos previenen siquiera por un segundo de la crudeza que está por venir. Porque Closer, como toda buena película, consigue, a través de una puesta en escena cuidadosa, que deja de lado toda pretensión de erigirse en discurso universal –la historia es la historia de cuatro personajes concretos, no un tratado sobre lo difícil que son las relaciones de pareja– hacernos vivir en carne propia el dolor que representa.

Es cierto que a veces el cinismo parece exagerado, que los diálogos son demasiado elaborados y los personajes excesivamente astutos para las circunstancias. Pero también es cierto que nada de esto importa, porque lo verosímil, en esta película, más allá de las palabras, se aloja en los gestos, en las emociones, en las acciones que, como un rompecabezas, van adquiriendo sentido en la medida en que las fichas van siendo destapadas ante nuestros ojos.

Nichols se acerca, por medio de esta última entrega, a las películas de sus mejores años. La teatralidad de la puesta en escena, encarnada, sobre todo, en los diálogos entre los personajes –no hay que olvidar que el guión es una adaptación del libreto para teatro– nos recuerda los mejores momentos entre Elizabeth Taylor y Richard Burton en Whose afraid of Virginia Woolf (1966). Las imágenes, cuidadosas y cargadas de símbolos, reviven los encuadres geniales de El graduado (1967). Y los protagonistas, sus mundos internos, sus obsesiones, nos trasladan nuevamente a los escenarios de Carnal Knowledge (1971). Como en todas estas películas, Closer recorre también la suerte dolorosa de sus personajes, los acompaña en ese difícil proceso de la pérdida de la inocencia, en el que se descubre que el engaño es siempre el mejor método para conservar lo que se quiere, aunque esto implique, claro, perderlo a la vez para siempre. No hay redención ni perdón posibles, toda reconciliación está perdida: el pecado, una vez cometido, se lleva siempre consigo, bajo la piel.

Mejor escena: las escenas mejor logradas se llevan a cabo entre Natalie Portman y Clive Owen. No es de extrañar que ambos hayan conseguido la nominación al Óscar. Lo peor: salir del teatro con la sensación de que hará falta vérsela una vez más para entenderla. Vale la pena: la inteligencia con la que cada detalle es introducido, la simbología representada por la profesión de cada uno de los protagonistas, la sugerencia, en los personajes de Anna y Alice, de que la mujeres son siempre extranjeras en el mundo de los hombres. No hay que dejar de mencionar aquí, además, la canción con la que abre la película: "The blower’s daughter" de Damen Rice. Véala si: puede soportar una película que, en lugar de redimirlo de los demonios, logre recordárselos uno por uno.

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