Nombre: The Host
Categorías: Acción, Ciencia Ficción, Animación, Aventura, Política, Basado en hechos reales, Guerra, Comedia dramática
Director: Joon-ho Bong
Año: 2007

Otras reseñas para esta película

Javier Moreno * * * *
Jorge Mario Sánchez * * * *

The Host (2007)

Un canto a los fracasados

¿Qué es lo que tienen esas películas que logran dejar una huella profunda en nosotros, que se instalan, aun desde la primera vez que las vemos, en nuestro ranking de favoritas? Creo que, más allá del tema que traten o de sus logros técnicos, lo que las hace inolvidables es una cierta atmósfera, un espíritu, una conexión emocional profunda (en estos casos, como dice Borges, “la poesía está en el comercio del poema con el lector”, y aquí “poema” es lo mismo que “película”). O, para usar un término empresarial, una sinergia: para nosotros el resultado es mucho mejor que la suma de sus partes.

En el caso de la película coreana Gwoemul (traducida como The Host o El huésped), de Joon-ho Bong, hay dos palabras que se me vienen a la cabeza cada vez que pienso en ella: sensibilidad y elegancia. Esta puede ser la película de su género (¿horror?, ¿ciencia ficción?, ¿monstruos?) más elegante que recuerdo. Y esa elegancia es fruto del cuidado en todos sus detalles, desde el diseño del monstruo y los efectos especiales hasta las motivaciones y reacciones de sus personajes. Son detalles que revelan, sobre todo, una planeación meticulosa y que hacen innecesarias las explicaciones.

En un acto de negligencia que más bien parece maldad y estupidez, un médico estadounidense de una base militar ordena a su subordinado coreano que arroje por el desagüe, que desemboca en el río Han de Seul, decenas de botellas de formaldehído. Tiempo después, unos pescadores del río Han descubren un pez rarísimo (nosotros no lo vemos), y lo dejan escapar. Pasan los años. Un suicida se arroja al río, sin importarle que haya algo gigantesco en el fondo que sólo él alcanza a ver (los espectadores tampoco lo vemos). Y a los doce minutos de iniciado el filme contemplamos por fin a la bestia en todo su esplendor, a plena luz del día. Y es un monstruo extrañísimo, tan repugnante como hermoso (¿Qué hacen esos peces vivos enterrados en su cuerpo? ¿Son parásitos o hacen parte de él?). Lo vemos correr en medio de la turba, al parecer desorientado, pero rápidamente descubrimos que está cazando. Todo indica que el monstruo es una mutación producida por el derrame de los químicos en el río, y después de años sin molestar a nadie ha descubierto, gracias al suicida, que su plato predilecto son los seres humanos. Pero –y esto es importante–, nadie nos ha dicho nada de esto: las imágenes hablan por sí solas. Y digo que es importante porque la película asume que los espectadores somos personas inteligentes y por lo tanto no necesita enfatizar ni explicar nada, como sí lo hacen las grandes producciones de Hollywood, generalmente con pésimos resultados.

Pero el monstruo es lo de menos. Lo mejor de Gwoemul es la familia Park. El protagonista, Gang-Du, hombre distraído, perezoso y sucio, maneja junto a su padre un negocio de comidas rápidas al lado del río Han. Gang-Du tiene una hija pequeña, Hyun-seo, un hermano borracho y una hermana que practica tiro al blanco pero sólo gana medallas de bronce. Y todos son, de una u otra forma, perdedores sin remedio, desadaptados que a duras penas sobreviven el día a día, incapaces de soportarse mutuamente. Personas comunes y corrientes y, por eso mismo, humanos hasta el tuétano. Tal vez la más inteligente de la familia sea la pequeña Hyun-seo, el gran amor de todos y lo único que los mantiene juntos. Pero Hyun-seo es secuestrada por el monstruo en su primer ataque y llevada a alguna de las profundas alcantarillas que quedan cerca al río Han: la bestia la tragó y luego la vomitó para comérsela “más tarde” y ella ha sobrevivido (los niños siguen con vida después de haber estado en el interior del monstruo; los adultos no). Y la familia Park hará lo imposible por rescatarla y por asesinar a la bestia, y a pesar del humor de ciertas escenas del filme su búsqueda es angustiante, desesperada, trágica. Están solos contra el mundo: el gobierno los tiene confinados porque son portadores de un supuesto virus contagiado por la bestia, y a los militares y científicos coreanos y estadounidenses les importa un pito la suerte de Hyun-seo. Los Park pronto descubren que sólo se tienen a sí mismos, y a pesar de su deseo irrefrenable de encontrar a la pequeña son tan incompetentes que sólo un milagro podría salvarla.

En una de las escenas más bellas que he visto últimamente, los Park comen juntos y en silencio después de una búsqueda infructuosa por las alcantarillas. De repente, casi sin darnos cuenta, la pequeña Hyun-seo aparece en el centro del cuadro, en medio de sus familiares, y ellos, sin decir palabra, la acarician y le dan de comer. Luego vemos a Hyun-seo de nuevo en la cloaca, sola y desamparada, hambrienta (¿cuántos días lleva sin probar bocado?), sucia, rodeada por los cadáveres de las otras víctimas de la bestia. En ese momento sabemos que estamos ante una de las películas de monstruos más humanas que podamos recordar, sólo comparable a algunos obras de Spielberg como Tiburón o La guerra de los mundos, pero sin el optimismo forzado de este director norteamericano. En Gwoemul todo es desesperación, tristeza, dolor por la pérdida. “Cuando el corazón de un padre se rompe el sonido puede viajar millas”, dice el padre de Gang-Du a sus hijos. Y toda la familia Park tiene el corazón roto, y nos sentimos tan cercanos a ellos, a su indefensión y fragilidad, que odiamos también al monstruo y al gobierno, y deseamos que Hyun-seo vuelva a casa cuanto antes. ¿Pero lo logrará?

He leído en varios blogs de cine que Gore Verbinski, director de El aro y Piratas del Caribe, está planeando producir el remake norteamericano de Gwoemul, y que para ello ha contratado a un director novato que ha trabajado, sobre todo, en comerciales de televisión. Generalmente, no me parece tan malo que Hollywood interprete a su manera películas exitosas de otros lados del planeta (al parecer, los norteamericanos le tienen fobia a los subtítulos), con tal de que el producto final sea por lo menos aceptable. Pero lo de Gwoemul me parece un sacrilegio. Gwoemul es una obra de arte: es una película de monstruos hecha con una sensibilidad atípica en el género; el diseño del monstruo, como lo han dicho ya varios críticos, es el mejor desde el Alien de HR Giger y Ridley Scott, tanto en su complexión como en sus movimientos; los efectos especiales no tienen nada que envidiarle a las megaproducciones de Hollywood de hoy; la música de violines y tambores de Byung-woo Lee (que me recuerda un poco a Philip Glass) le da una luz distinta a ciertas escenas trepidantes y asfixiantes; las actuaciones de los cinco protagonistas, sobre todo de Kang-ho Son (Gang-Du) y de la niña Ah-sung Ko (Hyun-seo), son tan inspiradas como desgarradoras… ¿Qué necesidad tienen, entonces, de meterse con esta joya? ¿Creen acaso que van a lograr superar el original? ¿Les interesa, por lo menos, superar el original? ¿O en este caso, como en muchos otros, sólo están pensando en el billete, y si en el camino deshumanizan una película tan buena les tiene sin cuidado?

Así que mi consejo es este: vean Gwoemul antes de que Hollywood, antes de que Estados Unidos, intervenga. No les había dicho, pero la película coreana, aparte de ser a la vez un filme de horror, un intenso drama familiar y una tragedia, es desde donde se le mire una dura crítica al intervencionismo norteamericano. Vean Gwoemul (alquílenla, descárguenla, piratéenla), y olviden para siempre esos adefesios gringos como Godzilla o Día de la independencia (y muchos otros), con todo ese sentimentalismo falso, su patriotismo de cuarta y sus personajes planos, sin pizca de humanidad.

 

De El Persa, blog de cine y literatura.

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